Narra Adrien La última noche del viaje siempre tiene un silencio particular. Un silencio que parece colarse entre las paredes, entre los pasos, entre los pensamientos. Y esa noche, mientras me quedaba solo en la habitación que me habían asignado, sentí ese silencio caer sobre mí como una manta pesada. Me apoyé en la puerta apenas la cerré, con la sensación extraña de que algo en mí se había desordenado durante el día y no encontraba la manera de volverlo a su sitio. No había sido la cercanía con el mar. No había sido la mirada indiferente de Eli, ni siquiera las palabras de mi padre. Había sido ella, Amara. Ese nombre que no debería tener ningún peso en mi mente. Esa joven que no debería estar ocupando el espacio que ocupa ahora, ese espacio que antes perteneció a Bianca… o a nadie, en

