Narra Amara Desde que llegué a este lugar no supe lo que era dormir con tranquilidad. En Madrid, en su ruido y caos, podía hacerlo. Pero aquí, que es un espacio “tranquilo” he perdido mi propia paz. Hace mucho no me la pasaba así, escuchando mis propios pensamientos golpearse contra las paredes de mi cabeza. Cada vez que cerraba los ojos, recordaba todo lo que me había traído aquí, no solo a la casa de los Hale, sino también esta situación compleja con Eli. Richard caminaba de un lado a otro frente a la ventana de la sala de estar como si cada vuelta pudiera traer de regreso a Eli. Tenía el ceño tan fruncido que parecía una sombra marcada de preocupación y molestia también. La luz del mediodía entraba por los ventanales altos, pero ni eso lograba disipar la tensión que llenaba el aire.

