Narra Amara Fuimos recibidos en casa con una deliciosa comida, mi madre había sido tan amable. Esa idea de reunirnos todos en familia y degustar de un rico desayuno era tan… tan difícil para mí en un día como hoy. El comedor de la mansión estaba bañado por la luz opaca de la mañana, aun había nubes grises, se podía ver gotas en los cristales por esa pequeña lluvia que sigue afuera. Me senté en silencio, con las manos sobre el regazo, intentando que mi respiración no delatara la mezcla de nervios y culpabilidad que sentía. Habíamos regresado de aquel viaje al pueblo, y aunque Adrien se mostraba tan sereno y seguro como siempre, yo no podía dejar de sentirme expuesta, como si todo lo que había pasado la noche anterior todavía flotara sobre mí, invisible pero pesada. Mi madre ocupaba s

