Me despierto temprano. Llegó el momento de volver a trabajar. Todavía estoy adolorida. Sigo tomando analgésicos. Los relajantes musculares solo los tomo de noche. Ayer, en la tarde, Mati y Caro me llevaron a firmar la denuncia. Me baño. Me apronto. Salgo; ya están todos despiertos. — Buen día, chicos. La barra de profesionales al ataque, ja, ja, ja. — Buen día —respondieron todos. Voy a la cocina. Me apronté el mate. — ¿Cómo te sentís hoy? —preguntó Matías. — Aparte del dolor y de lo horrible que suena mi voz, bien. — Es normal por un tiempo. Tu voz sonará así —dijo Diego. — Gracias por el aliento. — Ja, ja, ja, ja, ja, te entiendo. Estás frustrada —se rió Pablo. — Es que mi cuerpo ya no es mío. Primero ando dopada y ahora con voz ronca, además de rasposa. — Solo será por un tiem

