— Amore, ya es hora de ir a tu casa —me dijo Giovanni con tono protector. — No, vamos a comer pizza —le retruqué firme. — Amore, estarías más segura en tu casa —insistió él. — Me importa tres carajos. Te dije que íbamos a comer pizza, y a eso vamos o voy sola. Vos te lo perdés, yo voy a ir a como dé lugar —sentencié. — Bien, vamos por la pizza —cedió él finalmente. — ¡Genial! Te va a gustar, te lo prometo —le aseguré. Salimos de la empresa y fuimos a la pizzería Papiros. Nos sentamos y enseguida se acercó una moza. — Hola, ¿qué van a querer? —nos preguntó la mujer. — Hola. Una pizzeta reforzada, otra caballito y dos porciones de figazza. Y para tomar, un jugo de naranja. Giovanni, ¿una cerveza? ¿O querés otra cosa? —le consulté. — Una Pilsen está bien, Amore —respondió él. — Ok,

