Llegamos a la casa de Nico. Vaya que fue interesante la experiencia. Pero a la vez fue como un balde de agua fría, creo que el consejo para la chica iba más para mí que para ella. Creo que llegó el momento de tomar medidas y empezar a sacar a Rodrigo de mi vida para siempre. — Peti, ¿en qué estás pensando? —me preguntó Nicolás. — Nada importante, voy a limpiar el cuarto. — Dejá, que yo después lo hago —me dijo él. — No, yo lo usé. Yo fui al cuarto y lo limpié a fondo. Cuando terminé salí a la sala de estar. Nunca entendí por qué tiene guitarras si ni siquira sabe tocar dos acordes. — ¿Mejor? —quiso saber Nico. — Sí, ¿cómo te diste cuenta? — Ni que fuera estúpido, no hablaste en todo el camino y luego te vas a limpiar. Es evidente que el ir al liceo te afectó —analizó él. — No fue

