Ya de noche, varias horas después de un día extenuante, salí de Knight Enterprises arrastrando los pies. Lo único que quería era llegar a mi apartamento, quitarme estos tacones infernales y sumergirme en un baño caliente. El estacionamiento estaba casi vacío, solo unas pocas luces tenues iluminaban el camino hacia mi coche. Me acerqué a mi auto, buscando las llaves en mi bolso, pero una sensación extraña me detuvo. Algo no estaba bien. La oscuridad no me dejaba ver con claridad, así que encendí la linterna de mi celular. La luz reveló el desastre: mi llanta delantera derecha estaba completamente desinflada, reventada, seguramente por el calor infernal de todo el día. Un suspiro de frustración escapó de mis labios. Esto era lo último que necesitaba. Recordé que la empresa ofrecía un servici

