No puedo seguir, Barney.
Capítulo III
Hemos vivido grandes borracheras que ya no recuerdo cuál de esas ha sido la mejor, para Barney he sido su acompañante en todas esas, desde esa noche en las afueras de Malavé, fue la precursora de todas las demás, unas para mantener vivas en la memoria y otras en la que era mejor olvidar, había perdido la cuenta a cuántas habíamos ido, en un lapso de año y medio, ¡sí que habían sido muchas! Había una fiesta en particular que no podré olvidar jamás, la del viaje a Cancún, ese viaje fue más que una aventura o una alocada experiencia. Nunca había viajado al México, pero fue la mejor experiencia fuera de mi país, Barney me había comentado hacer un viaje a México, más específicamente Cancún, dónde hacían las mejores fiestas en la playa, y que sería una gran experiencia para ambos, le comenté que no tendría dinero para ir, y como haríamos para eso, él muy relajado me dice que vendió a máquina para ese viaje que tiene planeado, eso me dejó atónito, no podía creer que había vendido a su amada camioneta, por ir a una fiesta, nunca lo creí capaz de hacerlo, pero era real y no procesaba, el tipo estaba dispuesto a vender su bien más preciado por ir a una fiesta, ¡sí que amaba esto!, pero no era nadie para juzgarlo, e incluso nunca le reprochaba nada de lo que hacía o dejaba de hacer, porque era su vida y él podía hacer con ella lo que se le viniese en gana, aun así me preocupa sobre su condición, y en el lapso de ese tiempo, mi saludo fue decayendo, ya mi cuerpo no era el mismo y eso me preocupaba, aunque solo había pasado año y medio, sentía que mi cuerpo no era el mismo, y debía hacer algo.
Decidí ir a un chequeo médico, para constatar mi estado de salud, y poder hacer algo. El día que tenía cita para ello, el doctor no estaba en consultorio, ese era el medico de papá, y me conocía de joven, así que me fui a casa e iría en otra ocasión, pasaron por lo menos quince días, cuando me sentó demasiado mal, al punto en el que perdí el conocimiento, y me hallaba solo en casa, no sé cuánto tiempo estuve inconsciente en el suelo, pero eso sí me hizo preocuparme bastante por mi salud, así que ese mismo día llame al consultorio del doctor Carter, para una revisión de urgencia, el doctor Carter estaba de viaje, y volvía dentro de unos días, pero sabía que no podía esperar tanto, así que me fui al hospital, y en emergencia me lograron atender, pero solo me mandaron hacer unos exámenes y unos estudios para determinar que tenía, y ver si era de gravedad. Transcurrieron una hora por lo menos, para cuando llegaron los resultados, esa hora fue la espera más eterna que había tenido en mi vida. Pero me consternaba más saber que era lo que tenía y me preocupa, mi cuerpo había cambiado, no era el mismo que de hacía un año, y estaba consciente de eso, y solo quería saber que podía hacer para salir de ese estado de decaimiento que sufría.
La enfermera me dice que mis riñones estaban trabajando a un 20% y que eso se debía a la ingesta excesiva de alcohol, y que, si no paraba de beber y me ponía en un tratamiento para recuperar mis riñones, iba hacer muy complicado reversar la situación y si no tenía un donante moría. Esas palabras retumbaron en mi mente, en mis pensamientos solo había tristeza, me sentía más cerca de la muerte más que nunca. Debía seguir un tratamiento y lo más importante aún, debía dejar de beber alcohol, y eso sería lo más complicado. Ya había adaptado a mi cuerpo a cada fin de semana a ir a fiestas a tomar, y los días entre semanas en una tasca bebiendo. Llegaba a ella a eso de las cinco de la tarde y estaba allí hasta que el cantinero cerraba, a eso de las doce o incluso hasta media noche. Si alguien me buscaba podía encontrarme más rápido en la tasca que en mi propia casa.
Ese lugar se había vuelto mi nueva casa, y el lugar más tranquilo y relajante para mí, aunque era un nido de rata, y malvivientes, pero era mi fortín. Algo que recuerdo que hice casi hasta de tomarlo de costumbre, era la de limpiarla, cuando cerraba, para poder pagarle al dueño y cantinero, por todo lo que había tomado en esa noche. Era una manera en la que él cantinero me hacía que saldara mi deuda con él. Y eso las primeras veces fue algo que lo hacía y aunque me era tedioso, era la manera más horrada de pagar, por todo lo que consumiese en ese sitio. Pero ya las siguientes ocasiones, me era más que molesto, porque el cantinero, me tenía como su empleado sin paga, con tanta responsabilidad, incluso al baño debía limpiar, para pagar por las botellas que me bebiera, y aunque disminuía el insumo de alcohol, el desgraciado me ponía más responsabilidades, y más trabajo. Incluso una vez me mandó a limpiar una mesa en plena tasca llena, y eso no era algo que aceptaría, y en ese mismo momento se lo reclame, y no sería mesero, le dije, que cada vez que la tasca cerrase, yo haría las labores de limpieza, pero en plena noche de tragos, no aceptaría estar limpiando. Para mí era una humillación la de que me tratase así en esa noche, no permitiría que me hiciera eso, así que me fui en ese mismo momento. Abrí la puerta de la tasca y salí de allí, sin pagar nada y sin dar vuelta atrás. Fue la última vez que tomé allí sin pagar, cada vez que volvía, pagaba la cuenta.
Barney también bebía muy seguido en esa tasca, aunque no tanto como lo hacía yo, ya que él vivía en una parte más alejada de la ciudad, de donde quedaba la tasca, pero iba allí para encontrarnos, y la mayoría era para invitarme a una fiesta, y yo siempre me iba con él. Aunque en ocasiones Barney, se quedaba a tomar unos tragos y a conversar de todo, de su vida, a pesar de que era un hombre que se la pasaba en fiestas y en el desorden de la vida, también era una persona con sentimientos y las pocas veces que escuchaba a un sincero Barney, era tomando.
Después de que me diesen los resultados de mis exámenes, me sentí triste, casi se podría decirse que estaba en depresión, por lo que significaba que ya mi vida no sería la misma, y que ahora debía seguir un tratamiento, además debería dejar de tomar, y esperaba que Barney entendiese eso, como mi amigo, el único que tenía, pero no fue así, el día que le dije, simplemente me dijo que no debía de que preocuparme, porque esos exámenes eran exageraciones y que nada era lo que creía, que al final podía seguir como siempre, que el cuerpo no podía dañarse en tan solo un año y tantos meses más, que todo eran patrañas de los médicos. Le reclame por su compresión y que debía entender que debía seguir un tratamiento y que era estricto y eso significaba no volver a tomar, solo se rio, y me dijo que hiciese lo que quiera, que al final me moriría. No contaba con su apoyo, así que decidí no hablarle más.
Me aislé en mi casa y no quería saber más nada de nadie, y me sentí solo en ese momento, así que volví a tomar, y hundirme en una soledad en la que solo me acompañaba el alcohol, y eso me hizo era mi vía de escape para la realidad que pasaba, que vivía y me consternaba. No tenía a nadie, ni por lo menos el apoyo de algún familiar, por supuesto que no se lo diría a mi familia, porque jure que si me moriría ellos sería los últimos en enterarse. Mis padres me odiaban, mi casa me aborrecía, y no había nada que hacer al respecto. Tenía tanto miedo a morir, pero no tenía fuerzas para vivir, esa era mi situación, y fue así por unos días solamente, hasta cuando fui al supermercado. Estaba caminado por la sección de frutas, viendo que comprar y me sentí algo mal, un decaimiento en mi cuerpo, y me detuve un momento a esperar que se me pasase ese cuadro de pesadez. Estuve viendo las peras y manzanas por unos instantes, mientras pasaba todo. No sé cuánto estuve allí, pero para mí sintió una eternidad, creí que nunca acabaría, pero al sentir algo más de alivio, seguí caminando, hasta toparme con el pasillo de licores, y mientras veía las botellas, me volví a sentir mal y ese decaimiento estaba allí otra vez, y me sentía demasiado mareado, tanto que me desplomé y caí en el piso.
Al recuperar la conciencia me hallaba en el hospital, allí una enfermera me atendía y me preguntaba que, si me encontraba bien, y si la oía, yo como podía respondía, y le decía que había sufrido una baja de tensión. La enfermera me decía que se me habían hecho unos estudios y se me determinó que una de mis riñones había colapsado, y debía ser intervenido quirúrgicamente de manera inmediata, eso me hizo sentir muy mal, sabía que no había llevado el tratamiento y que por ende esa era la razón, por la cual ahora debía ser operado, la enfermera simplemente me dijo que tuviera calma y que si tenía algún familiar al cual podría comunicarme, y que será el momento para que se lo dijese, yo le dije que realmente no tenía ningún familiar al cual contar, mis padres tampoco vendrían, en eso la enfermera me dice que me relaje y que ellos harán lo posible para salvaguardar mi salud, también me pregunta si tenía algún seguro médico y yo recuerdo que en ese momento realmente no contaba con ningún seguro médico, ya que la había cobrado para saldar deudas que tenía en la casa, para mantenerme, también para la compra de insumos, pagar impuestos y otro montón de gastos que me obligaron a cobrar ese seguro y ahora no tenía ningún seguro médico, no tenía familia, no tenía amigos, y estaba sólo, enfermo y nadie con quien contar. Eso me llenó de tristeza y aún más sabiendo que mi salud dependía del dinero y de eso no tenía, así que la enfermera al oírme, solo me dijo que me pasarían a sala de recuperación, y de allí ver cómo evoluciona mi estado de salud y ahí determinar si era de operación o no. Obviamente sabía que no me operarían por no tener el dinero para costear los gastos médicos.
Esperé durante horas para que se me diera una razón, o que se tomara una decisión, en eso llegó el doctor, y me ve en la camilla, allí moribundo casi que agonizando. El doctor dice que mi estado es de operación y que debía ser intervenido hoy mismo, a esto la enfermera que se hallaba allí, dice que no contaba con ningún seguro médico, he un incluso ningún familiar o por lo menos un donante que me diese un riñón, el doctor dice que, si no era intervenido de manera inmediata, ese mismo día moriría. Así que me pasaron a quirófano, y allí me anestesian y de allí no supe más nada, hasta que desperté a las horas, consideró que había pasado bastante tiempo para cuando volví estar consciente. Al abrir los ojos, veo que una enfermera estaba suministrando solución por vía intravenosa. Y me pregunta si me encontraba bien, yo le respondo que sí y le preguntó sobre qué es lo que habían hecho conmigo, esta enfermera me dice que había recibido un trasplante de riñón, y que ahora estaba bajo supervisión, para ver cómo mi cuerpo reacciona a al órgano recibido, y por supuesto que no lo rechazara, esperaba que todo estuviera bien.
También le pregunte, por quién había donado un riñón a mí, ella me responde de que una persona que había llegado a emergencias por parte de un accidente automovilístico, y había fallecido en la sala de emergencia, y que el doctor decidió tomar un riñón de él, para hacerle una serie de análisis, para ver la compatibilidad con mi cuerpo, y que, para mi suerte, arrojó la posibilidad del más de 80 por cierto así que si pensarlo el doctor trasplantó ese riñón a mi cuerpo. Eso me dejó anonadado, e impresionado, no tenía palabras, me había quedado perplejos, solo me medio para decir gracias. Mi situación era impresionante, cómo era posible, incluso a pensar que alguna persona que había muerto y en eso terminé yo favorecido, y nunca había de conocer al responsable de mi salud, por lo que prácticamente le debía la vida, que me ha dado parte de su cuerpo y aunque ya era muerto, y que nunca sabría que su riñón me había salvado, aunque fuese de manera indirecta.
Eso era impresionante y eso me daba la responsabilidad de agradecerle además quería saber el nombre de esa persona, para que cuando me recuperase ir por lo menos, ir a su mausoleo, para dejarle unas flores y darle las mayores gracias y mi gratitud, aunque había sido de manera indirecta, de todas formas, me había salvado la vida, y de un modo u otro lo había hecho, estaba bastante feliz.
Al mismo tiempo y apreciando cada instante que había vivido, y aunque no existía en ese momento palabras para describir la situación y la cual me encontraba, el sentimiento actual, me sobrepasaba. Y miraba el techo de la sala en la que me encontraba, y meditaba sobre lo complicado que eran la cuestión de la vida y los giros inesperados quedaba el destino. Recordaba que alguna vez un amigo me había dicho que el destino realmente no existía, y que solo era sucesión de hechos determinado por un acto que representaba el primer suceso y ahí se desencadena a otros, y que era llamado de manera más abreviada como “destino”. Pero lo que me había pasado era una cuestión en la que me hacía dudar del hecho de sucesión de hechos. Y realmente yo agradezco por haberme dado parte de sus consejos de vida y por haber forjado en mí, una manera ideológica de ver las cosas, pero lo que había vivido, lo que había pasado en tantos años, no daba justificación, quizá no el 100% tal vez sólo en parte, era contradictorio a todo lo que él decía y era complicado determinar un momento en que se quebró esa frágil línea y la cual dividida el concepto de destino y hecho provocado.
Todo era al final, un acto de irracionalidad de la cual era más sencillo omitir que darle o buscarle un sentido lógico. En mi cabeza solo giraba el hecho de que aún seguía vivo y que había sobrevivido y eso me hacía feliz, no pude contener las lágrimas y solo me quebré, lloraba como un niño pequeño al cual se le arrebata del seno de su madre, era satisfacción, era alegría, era felicidad, lo era todo y al mismo sin tener nada, tenía lo más importante de estar vivo, que era la vida misma. ¡vaya que afortunado había sido!
Ahora debía recuperarme y eso prometía ser un proceso largo y tedioso, pero era la única manera de poder asegurar mi bienestar y así pasaron días, unos 8 estuve en el hospital, y recuerdo anécdotas de esos días, que conservo en mi memoria, tanto graciosas como tristes y dolorosas.
Una que me llena de mucha risa al recordar, fue cuando ya podía ir al baño por mi cuenta, claro asistido por el tubo, donde colgaban las bolsas de solución, ni recuerdo el nombre del maldiciente aparato, pero ese era el cual me ayudaba para caminar, ya que estaba como mujer después de una cesárea, que a duras penas daba pasos, y así me dirigía al baño, y no hallaba la manera de poder sentarme en el retrete, y si me sentaba se me haría imposible levantarme después. Así que abrí las piernas hasta lo suficiente de estar parado con el retrete debajo de mí, y defeque de pie, me cague las piernas y ahora no sabía cómo limpiar ese mierdero, como pude me limpiaba con el papel higiénico, pero era una tortura encorvarme, y decidí solo limpiarme hasta donde podía, y salí de allí oliendo a mierda y cagado hasta los tobillos, me recosté en mi camilla y una enfermera vino para suministrarme la solución que me mantenía, y el olor la hizo que la enfermera, levantase la sabana que me cubría, al verme así, me regaña y que debía decir que le ayudarán a ir al baño, y que no debía volver a la camilla en esas condiciones, ya que ensuciaba las sabanas y la camilla. Me mando a que fuese al baño para bañarme mientras limpiaba la habitación. Yo estando en el baño, un enfermero se iba a encargar de bañarme y yo le digo que esperara un momento, y le consulte si no había una enfermera disponible para esa labor, es que se me hacía incómodo que un hombre fuese en que se encargase de bañarme, el enfermero me miró y solo dijo un tajante ¡no! Así que me tocó dejarme bañar, con la mayor incomodidad, el sujeto pasaba un cepillo por mis piernas y por mi trasero, y le quería morir ahí mismo, que incomodidad tan grande. Ya cuando terminó, el enfermero me pregunta si lo había disfrutado, y yo me sentía abusado, pero así fue como para las próximas veces, pedí asistencia para ir al baño, hasta que no tuvo que ser necesario.
Aun me rio de eso, y recuerdo apenado eso, de como una manera bastante vergonzosa de no querer resolver mi mierda por mí solo, cuando esta me sobrepase.
Aunque todo no momentos de risa y vergüenza, sino que también tuve que pasar por un momento muy triste, yo en los primeros días entre en un cuadro de depresión que no me daba para seguir peleando, algunas noches lloraba de dolor y de tristeza por todo lo que estaba pasando, además los gastos que estaba representando la hospitalización, se estaban acumulando y debía pagarlos a lo que saliera de allí, y eso sería un gasto bastante elevado.
Cuando por fin pude dado de alta, me fui a casa y allí descansaba de todo lo que había pasado, y me preocupa la deuda que tenía con el hospital, la cual ascendía a unos veinticinco mil dólares, y yo no tenía el dinero para pagar tanto, no sabía de donde sacaría tanto dinero, ni estaba trabajando para ese momento, y sin nadie, a más quien llamar, llama al maldito de Barney, para ver si me podía ayudar. Cuando me contesto le dije que acababa de salir del hospital, él respondió que ya lo sabía, en eso le pregunto por qué no fue a visitarme en esos días que estuve internado en el hospital, y solo me dice que para evitar molestar. Cuando más necesite de alguien, no estuvo nadie y Barney sabiendo que estaba en esa situación, no fue capaz de ir a verme.
Le dije sin muchos rodeos a Barney que debía veinticinco mil dólares, en el hospital por los gastos médicos y la hospitalización, y a esto me dice que lo dejara ver que podía hacer, por mí y tumbo la llamada al terminar de decir eso. Y a esto pensé que solamente no haría caso a mi situación y no haría absolutamente nada por mí, y que dependería de solamente yo para poder salir de esta situación y esto me preocupa, ya que no sabía cómo haría para generar el dinero de la hospitalización. Salí a buscar si me daban algún trabajo que por lo menos hacer algo del dinero que debía pagar, parecía imposible que con un trabajo común haría la cantidad que necesitaba, incluso en un año.
Fui a la tasca a la cual alguna vez salí para no volver más, para saber si el sujeto que atendía, el mismo que alguna vez me considero su empleado sin paga y marginado, y le pedí disculpas antes de nada para que me dejase entrar a su establecimiento, el sujeto me dijo que entrase y que me sentase que de todas maneras a pesar de todo, yo era bienvenido y que incluso me regalaría un trago, yo debí rechazarlo por el trasplante y porque no quería volver a sufrir algo parecido a lo que me había tocado lidiar, y que me llevó al borde de la muerte, así que aunque nunca le rechazaría un trago, debí hacerlo por mi salud. Aprovecho y le digo que necesitaba trabajo, para poder los gastos médicos, o embargarán mi casa, el hombre solo me dice que él no necesita a nadie en su local, y además las ventas han bajado considerablemente, tanto que incluso no vende nada, y que no tendría como pagarme y que mejor era que buscase en otro lugar. Así que salí de allí, y me fui a preguntar en otro lugar, y llegué hasta un sitio donde se encontraba una anciana y le pregunto si, no necesitaba personal para trabajar, la señora me responde que solo necesita alguien joven que le sirviese de ayudante para cargar mercancía pesada a un almacén, y que yo ya estaba muy viejo para eso, eso me hizo sentirme mal y caer en cuenta que realmente yo no estaba en las condiciones físicas, por mi edad y por mi estado de salud para trabajar de algo así, debía haber algo más, algo en lo que si pudiese trabajar, pero no sabía en qué o en donde buscar eso.
Todo ese día fue tan agotador, así que me fui a casa, y mientras abría la puerta de la casa veo que han dejado papeles en mi puerta, con esfuerzo me agacho y tomo esos papeles para ver de qué se trata, al leerlos y ver a detalle de que se trataban, me di cuenta que eran facturas del hospital, donde se constataba que se habían pagado todos los gastos del hospital, y que no debía más nada. No sabía quién había pagado esto, hasta que vi por la parte de atrás de la factura general, donde decía: “de nada riñón prestado. Por parte de Barney”. No podía creerlo, el desgraciado por alguna vez en la vida hacía algo bueno por mí, así que lo llamé para vernos y agradecerle, él me contesta y me dice que se lo debía pagar pero que no había apuro, y que nos reuniríamos en la tasca de siempre.
Llegué lo más pronto que pude y allí estaba sentado en una de las mesas, esperándome, y en eso me dice que yo era su amigo y que no podía dejarme solo después de ni siquiera visitarme en el hospital, pero quería compensar eso, ayudándome a pagar, aunque le debía pagar esos dólares, pero que no debía preocuparme que no debía pagarle de manera inmediata ya que entendía que no estaba trabajando y que no estaba en condiciones para trabajar y así, pagarme. Me reconfortaba que Barney, consideraba mi situación. Le estaba muy agradecido con él, a pesar de que me había metido en tanto problemas, deudas e incluso una hospitalización para trasplantarme un órgano, era una acción muy considerable de su parte y le agradecía.
Paso un tiempo y estaba siguiendo una recuperación al pie de letra, y el tratamiento me estaba haciendo efecto, me hallaba mucho mejor, más recuperado y con muchas ganas de vivir y trabajar para poder surgir, así que me di la tarea de hallar algo digno en que laborar, y que me aceptasen por mi condición y edad, yo había estudio un postgrado en administración, así que me dirigí a las oficinas contables a ver si tenía suerte y hallaba alguna vacante. Entre en una cerca de donde está mi casa, y pregunto por si había un puesto dentro de la oficina, le presento una copia del título de postgrado en administración, la señora que me estaba atendiendo, me dice que por ahora estaba llenos, pero sabía de un lugar al cual se le había llegado el rumor de que estaba necesitando personal administrativo, le pido el nombre de la oficina y la dirección de esta misma, para poder ese mismo día a esa oficina, la cual por lo que me estuvo diciendo la señora, aquella oficina administrativa era muy reconocida en la ciudad, y quería constatar que realmente si estaba solicitando, por el rumor de la señora la cual me dijo. Llegue a esa oficina y al portero le digo que yo andaba solicitando empleo y se me dijo que en esta oficina estaban buscando personal administrativo, yo iba con una ropa adecuada para la situación, una corbata de franjas azules con blanco que la consideraba una especie de amuleto de la buena suerte, y la llevaba para poder llamar a la buena fortuna y así poder conseguir el empleo, fue así como el portero me invito a pasar y dirigirme al departamento de recursos humanos, para poder ser atendido, al subir la escalera y doblar a mano izquierda, allí se encontraba el departamento, y me percate que se habían personas sentadas a fuera de esta oficina, también esperaban ser atendidas, me di cuenta en ese momento que debía demostrar estar mejor calificado que las otras personas que estaban allí. Espero por lo menos unos cuarenta minutos, hasta cuando fue mi turno de pasar, al entrar veo que se trataba de una joven chica la cual me haría la entrevista, eso me daba una especie de confianza, al poder impresionarla y dar con el trabajo. La chica me pide que tome asiento, hago lo que me indica, y le presento mi documentación, ella al revisarla, me pregunta si yo era familia de Joe Powell, yo al oír esto, bajo mi mirada, y le confieso que ese sujeto ya no era mi familia y yo a igual medida no era m*****o de su familia, le digo que ya hacía años atrás, me había desligado de esa casa y de esas personas. La chica me dice que esperaba que por lo menos se conservasen parte de los dotes de Joe Powell, ya que era de los mejores empresarios que había, alcé de nuevo la mirada y le aproveche ese momento para decirle que mi padre, siempre fue muy estricto con la educación que me daba a mí y mis hermanos, siempre nos había inculcado desde la infancia, al estar bien instruido y poder administrar sus negocios cuando fuésemos mayores, al oír esto la señorita, me dice que de algo sirvió ese estricto trato, porque ellos quería darme unos días de prueba para ver si quedaba contratado, y que todo dependería de mí mismo para quedarme con el trabajo.
Salí de allí eufórico y con mis mayores ánimos y con ansias de que ya fuera el día siguiente para ir y demostrar a ese monto de oficinistas que era un gran administrador, de camino a casa me topé con Barney, que me dijo que si ya me hallaba mucho mejor, y que debíamos celebrar, claro sin alcohol para no provocar nada malo en mi organismo, además que se dirigiría a la tasca, así que lo acompañase, no sabía si se molestaría si lo rechazaba y me iba a mi casa, así que le dije que solo sería un momento, porque el día siguiente me toca llegar puntual a mi prueba de trabajo, al escuchar esto me felicita y me dice que no me preocupara que solo sería un momento. Me fui entonces con él a la tasca, al llegar noto que esta se hallaba impecable y muy bien arreglada, me acerco a mi amigo el cantinero, y le pregunto qué a que se debía tal cambio en la tasca, el me responde que gracias a Barney que venía muy seguido y recomendando el lugar, fue como más personas vinieron y hubo más dinero, que mientras me recuperaba me había perdido de todo esto y que incluso necesitó alguien que le ayudase, así que concreto y una chica para esto. Barney interviene y dice que tal chica es muy hermosa, y que debería verla, y le pregunto al cantinero por la muchacha, que donde se encontraba, él me responde que la chica llegaba más tarde, pero todos los días sin falta estaba allí.
Barney como siempre compraba dos botellas y se sentaba en una de las mesas a beber hasta dar con la última gota de las botellas, yo esta vez sólo lo acompañaba mientras bebía. La tasca empezó a llenarse, poco a poco llegaban más, todos cantaban, bebían y maldecían a todo y cualquier cosa sin ninguna razón. Pasaron unas dos horas, para cuando veo que una chica salía del mostrador de las bebidas, arreglándose el delantal, y tomando unas botellas y llevándolas a la mesa de hasta el fondo, la observaba mientras caminaba, Barney me seguía hablando, pero lo oía ya no prestaba atención a lo que decía. Solo miraba como la chica iba de un lado a otro llevando y trayendo las botellas. Barney se percató que no le estaba prestando atención así que gritó mi nombre y yo reaccione y volteo, lo veo y le pregunto qué carajos quería, él me dice que estaba distraído, que me preguntó algo y ni siquiera le respondí, entonces el miró a su alrededor y se dio cuenta cuál era mi distracción, así que sonrió y dio un grito, ¡Alice, ven acá! en mi mente retumbó ese nombre y lo repetía una y otra vez... ¡Alice!