La Guardia Mortal y la Corte de Cristal Cap 21

1064 Words
El regreso a Silvantis fue una victoria total. Seraphina y Aelion se materializaron directamente en la Sala del Trono, en un estallido de luz dorada que subrayó su poder conjunto. El reducido Consejo de Ancianos, que esperaba la rendición del Rey, se encontró con una Reina victoriosa. Lyra, la antigua Sacerdotisa, estaba visiblemente ausente, ya inmersa en su forzosa tarea como Bibliotecaria del Fuego. "Hemos regresado, y hemos asegurado la frontera," declaró Aelion, con su voz resonando con una autoridad inquebrantable, la de un rey que había tomado decisiones mortales. "El caballero Kaelan y su ejército fueron derrotados y desmoralizados por la estrategia de mi Consorte. El peligro humano ha sido contenido por una fuerza humana." Los Ancianos se miraron con consternación, el terror de la derrota humana se mezclaba con su desprecio arraigado. El Anciano Lysander, el segundo más influyente después de Garlan, finalmente habló, sus palabras cargadas de resentimiento contenido. "Majestad, el Bosque Susurrante ha detectado la presencia de cientos de almas mortales sucias acampando en la frontera. Vuestra Reina ha traído la 'suciedad' de las Tierras Intermedias a nuestras puertas. ¿Cómo puede conciliar esto con la Pureza Adaptativa? El Bosque está de luto." "La concilio con la necesidad y el realismo," respondió Seraphina, dando un paso adelante, su figura esbelta frente a los inmensos elfos. Ya no era solo Seraphina; era la Reina, vestida con la armadura de la convicción. "El Consejo teme la corrupción demoníaca, un enemigo que se burla de nuestra pureza. Los caballeros de Lord Torin son guerreros curtidos que saben qué aspecto tiene esa corrupción. Ellos lucharán con la b********d y la astucia que vuestros Guardias de Ébano consideran indigna." Seraphina continuó, sin ceder un centímetro. "Los Guardias de Ébano se quedarán en el corazón de Silvantis para defender la Pureza Interna. Los Caballeros de la Espada Rota, ahora la Guardia de la Llama, protegerán la adaptación en la frontera. Ellos serán el escudo mortal para vuestra eternidad." Aelion sonrió, aprobando la audacia estratégica de su Reina. "La Guardia de la Llama reportará directamente a la Reina Seraphina," decretó Aelion. "Seraphina es ahora la única intermediaria entre Silvantis y el mundo mortal. El Consejo se dedicará a la filosofía, la Reina a la supervivencia. Su ley es mi ley. El debate ha terminado." La vida en la corte se convirtió en una guerra fría y silenciosa. Seraphina tuvo que equilibrar la supervisión de Torin y sus hombres con las intrigas diarias del palacio. Los elfos no se atrevían a atacarla directamente, pero su vida se convirtió en un campo de minas sociales: su comida era inspeccionada, sus órdenes ignoradas sutilmente y su presencia era un recordatorio constante de la caída de la antigua ley. En su tiempo libre, Seraphina buscó a Lyra en la inmensa biblioteca del palacio. La antigua Sacerdotisa estaba rodeada de pergaminos y tablillas mortales, su rostro cubierto de una mezcla de disgusto y obsesión. "Estás buscando la manera de deshacer mi vínculo, ¿verdad, Lyra?" preguntó Seraphina, entrando en la biblioteca. Lyra levantó la vista, sus ojos de hielo inmutables, iluminados por el resplandor de los textos. "Estoy buscando la verdad, Reina. Y la verdad es que vuestra magia mortal es caótica. El Fuego Vital es poderoso, sí, pero tiene un precio. Está conectado a la fugacidad. Está diseñado para extinguirse. Vuestra magia es un remedio temporal; no es una solución eterna, sino un consumo." Lyra señaló una tablilla de cristal que catalogaba los síntomas de Seraphina: fatiga inusual para su edad, el brillo dorado de sus ojos fluctuando. "El Bosque no os odia, Reina. El Bosque os está consumiendo. El Éter os acepta porque os está usando para estabilizar la herida de Aelion. El brazalete os vincula, sí, pero también es un canal de drenaje. Cada vez que usáis vuestra magia o vuestro Fuego Vital para curar o luchar, estáis acortando vuestro tiempo. No es la muerte natural lo que os espera; es la extinción acelerada. El Bosque es paciente; simplemente os está usando." El diagnóstico de Lyra era terrible. Seraphina había ganado la batalla por la vida de Aelion y por el trono, pero el costo era su propia duración. La magia élfica no podía destruir lo mortal, pero sí podía agotar su esencia vital a un ritmo acelerado, como una vela que arde demasiado rápido. Esa noche, Seraphina se acostó al lado de Aelion en el gigantesco lecho de seda. El miedo mortal la oprimía por primera vez desde que había entrado en el Bosque. "Lyra me dijo que mi magia me está consumiendo. Que no viviré tanto como si me hubiera quedado en Oakhaven," susurró Seraphina, trazando la cicatriz en el hombro de Aelion, la causa de todo. Aelion la atrajo hacia él, su toque firme. "Lo sé," respondió Aelion, su voz suave, desprovista de política. "Mi vida es eterna. La tuya es fugaz. Pero yo no te traje aquí para la eternidad vacía, Lethanen. Te traje aquí para la intensidad. La vida élfica es larga, pero plana. La tuya es corta, pero llena de fuego. El Bosque está extrayendo vuestra vitalidad para adaptarse, sí. Pero la Ley de la Adaptación tiene dos caminos: la extinción o la fusión." Aelion cerró los ojos y se concentró. Seraphina sintió el pulso de su magia, no como un ataque frío, sino como un vasto océano tranquilo. Aelion no intentó curarla con Pureza. En su lugar, proyectó algo de su propia vida eterna hacia el brazalete de plata que ella llevaba. Seraphina sintió una oleada de frío que no era doloroso, sino estabilizador, anclando su esencia. El brazalete se calentó, como si el metal estuviera absorbiendo la energía vital. "Yo soy el Rey y soy el Guardián de la Pureza," le dijo Aelion. "Si el Bosque intenta consumir el fuego de su Reina, yo infundiré el fuego con mi eternidad. No puedo hacerte inmortal, pero puedo compartir mi esencia contigo. Esta fusión no prolongará tu vida infinitamente, pero te dará la fuerza para ser la Reina que eres. Haremos que esta vida sea intensa, y cuando termine, será un sacrificio glorioso que cambiará para siempre el destino de mi raza." El amor del Rey era posesivo y peligroso. Seraphina ya no era solo la curandera; era un experimento, la pieza central de la supervivencia élfica, una Reina con una cuenta regresiva vital, sostenida por el pacto secreto de su Rey.
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