Capítulo 2
Al llegar a la empresa, saludo a todos a mi paso, desde el vigilante hasta la secretaria de mi padre, la cual me abraza al verme, Amanda es una mujer de unos 38 años que lleva 15 de ellos trabajando para nuestra empresa. Luego del saludo me dirijo a la oficina de mi padre, doy un toque en la puerta y de inmediato me da acceso, al verme sonríe y es ahí donde me desarmo, la culpa por lo que siento hacia Alison se siente como si le estuviera dando una puñalada por la espalda al hombre que me ha dado todo.
— Campeón – se levanta y me abraza.
— Hola papá. – recibo el afecto paternal que él siempre demuestra hacia mí – mamá me ha dicho que necesitas hablar conmigo, ¿Qué pasa? – pregunte al separarnos y tomar asiento.
— Bueno, en resumen, acabo de hablar con Óscar y él desea tomarse unas largas vacaciones, se siente cansado y desea disfrutar de su familia.
— Ok, pero no entiendo de que va todo esto que me estás diciendo.
— Déjame terminar – asentí – Óscar, me ha dicho que vas muy bien en la universidad y aunque sé que aún te faltan dos años para terminar me gustaría que te unieras a Maximiliano en la empresa y que lo ayudes. Creo que, si vas a heredar las empresas de tu abuelo, debe empezar por conocer su manejo y funcionamiento. – ok eso no me lo esperaba.
Honestamente, he ido en algunas ocasiones a la compañía, pero solo voy de visita o cuando mi tío Óscar me pide que le ayude en algunas cosas. Me llevo muy bien con Max, quien es el jefe del área financiera y a pesar de que él es mayor que yo, congeniamos muy bien, incluso hemos salido de fiesta juntos. Pero de eso a tomar las riendas de la empresa, yo solo, considero que es mucha responsabilidad para mí, además eso no era lo que yo deseaba, aún quería seguir disfrutando de mi libertada y de mi juventud antes de meterme de lleno a las responsabilidades familiares. Aun así, si lo reflexiono por un momento, no puedo negarme, pues sé lo importante que es la empresa para la familia, fue creada a base de mucho esfuerzo por los Marchetti y para mí es un honor heredarla.
— Dante – la voz de mi padre llama mi atención.
— ¿Sí? - lo volteó a ver.
— Te has quedado muy pensativo, dime, ¿Qué opinas de lo que te he dicho?
— Lo siento.
— Mira hijo, si no quieres, sabes que no voy a obligarte a aceptar una responsabilidad tan grande.
— Tranquilo papá, la verdad no es quiera, sino que siento que aún no tengo la capacidad de tomar el cargo, considero que me falta mucha experiencia. Como lo has dicho, aún me faltan dos años para terminar la carrera y no quiero cometer ningún error.
— Vamos hijo, porque eres tan modesto — responde con ironía - si tú y yo sabemos de sobra que eres muy capaz de eso y de cualquier cosa que te propongas, no por nada heredaste la inteligencia y la habilidad de tu padre y de tu abuelo para los negocios. Las veces que me auxiliaste aquí lo hiciste muy bien, además Óscar y Max piensan lo mismo. – contesto con mucha seguridad y me halaga la confianza que deposita en mí.
— Bueno, pues si tú consideras que soy capaz para hacerlo, entonces claro que lo haré.
— Esa es la respuesta que quería escuchar, gracias hijo, sabía que podía contar contigo – se levantó feliz para nuevamente darme un abrazo.
— No tienes nada que agradecer, papá, sabes que por ti haría cualquier cosa.
— Lo sé, lo sé, sé que siempre puedo contar con el mayor de mis hijos – el orgullo le brota por los poros y eso me mata por dentro – entonces hablaré con Maximiliano lo antes posible, para que en cuanto regreses comience a enseñarte todo lo que necesitas saber para quedar al frente.
— Está bien.
Papá y yo conversamos un poco sobre mi vida en Roma, sobre cómo ha sido mi estadía allá y sobre todo hablamos sobre la salud del abuelo que no es nada buena. Últimamente, se la pasa mucho en el hospital, el abuelo tiene cirrosis y a su avanzada edad le ha generado muchas complicaciones, sobre todo porque también padece del corazón. Amanda nos sirve café para acompañar la plática, que se terminó convirtiendo en clases de economía, ya que papá no se pudo resistirse a enseñarme un poco sobre lo que haría e Italia, minutos más tarde mi teléfono comienza a timbrar, lo tomo para ver de quien se trata y era Alison. Contesto mientras papá contesta algunos correos de trabajo.
— ¿Qué pasa pequeña?
— Nada, solo te llamo para avisarte que he terminado y que ya puedes venir por mí.
— Ok, solo dame unos minutos más y salgo de inmediato para allá.
— Está bien, aquí te espero. – colgamos.
Le comento a papá que debo ir por mi hermana y que por la noche saldría con los chicos, él solo me aconseja que me cuide y no actúe de manera irresponsable. Al salir de la empresa, conduzco a toda prisa hasta la plaza, al llegar bajo del auto y me adentro en la plaza en busca de mi hermana, camino por los pasillos, pero no logro verla, así que le marco y ella me informa que está en la cafetería.
— Hola Dante – una de sus sosas amigas me saluda con coquetería.
— Michelle, ¿Cómo estás?
— No, también como tú. – ruedo los ojos con disimulo, no cabe duda que las niñas de ahora son cada vez más precoces.
— Basta Michelle, deja de ser tan zorra – me sorprende la reacción de mi hermana, que me ve con molestia, cualquiera diría que está celosa de su amiga.
Sus otras dos amigas, Doris, quien es su mejor, mejor amiga desde el jardín de niños y quien además pone cara de fastidio ante la actitud de Michelle, la más loca de las tres, y Sandy la más tímida de ellas, me saludan con una sonrisa.
— Hola chicas, ¿cómo han estado?, que gusto verlas de nuevo.
— Hola Dante, estamos bien, es lindo verte después de tanto tiempo - responde Doris, dándome un beso y un abrazo.
— Cuéntanos Dante, como es Roma, ¿cuándo nos invitas a visitarte? - Michelle siguió coqueteando.
— Bueno, cuando quieran y sus papás les den permiso.
— En serio, para mí sería todo un sueño conocer Roma y sobre todo que tú me muestres las maravillas que hay allá. — respondió con insinuación, sonreí.
— Basta, Michelle deja de ser tan encajosa. — respondió Alison con irritación en sus palabras.
— Hay amiga, no te enojes, ni que me fuera a comer a tu hermano... aunque ganas no faltan - respondió la descarada, mi hermana solo la ignoro.
— Bueno, chicas nos vemos luego. — me voltea a ver — ¿nos vamos ya? – asiento, se despide Doris y Sandy, pero no de Michelle, la ignora completamente a pesar de que ella se le acercó para despedirse. Paso de largo y comenzó a caminar dejándome atrás, así que apresuré el paso hasta qué logré alcanzarla.
— ¿Te pasa algo? – pregunto confundido por su reacción.
— No, no me pasa nada… solo estoy cansada y me quiero ir a casa.
Todo el camino a casa nos fuimos en un silencio un poco incómodo, Alison parecía molesta por algo, pero no sabía por qué y ella no me decía nada, después de llegar a casa subió a su habitación y yo a la mía. Más tarde mamá nos llamó para cenar juntos en familia como siempre, la cena estuvo llena de risas y platica, mis queridos hermanos son un caso peculiar. Ander el de en medio, es muy inteligente y sigue los pasos de mamá en la arquitectura. Mi madre es una de las mejores arquitectas de la ciudad, ella y la tía Yara son muy solicitadas por sus atractivos proyectos sustentables, como lo fue el resort de isla bonita, un lugar que le pertenece a mi familia y el cual es muy hermoso. Por otro lado, Raíza es la artista de la familia, pues heredo los dotes, talentos y la pasión por la pintura de mi padre, yo por mi parte, me gustan los negocios y soy muy bueno en ellos.
En cuanto terminamos la cena, me despedí de todos para subir a mi habitación y cambiarme de ropa, al terminar salí dispuesto a irme, cuando de repente me tope con Alison en el corredor. La observé detenidamente sin poderlo evitar, pues traía un pijama de dos piezas, short corto el cual me mostraba sus torneadas piernas y una blusa de tirante simple con un toque de encaje en el escote. Algo sencillo, pero a la vez muy sexy, todo estaba bien, solo había un pequeño detalle que este sátiro lujurio, si noto. No traía sostén y podía ver a la perfección que sus pezones estaban erectos, listos para entrar en mi boca – maldición – me grite a mí mismo ante mis sucios pensamientos y la palpitación que se hizo presente en mí entre pierna.
- ¿Vas a salir? – pregunto acercándose a mí.
- Sí, iré un rato con los chicos al club. – respondí controlando mis emociones.
- No sabes cómo me gustaría tener la edad necesaria para ir contigo. – dijo un poco triste.
- Bueno, pequeña, pronto la tendrás y podrás ir con tus amigas, aunque no dudes que iré con ustedes para cuidar que ningún idiota se propase contigo. – ella sonríe.
- ¿En serio?, lo prometes.
- Claro que sí – me abrazó y pude sentir sus pechos muy cerca de mí, adicionado con su exquisito aroma… la bestia en mi interior quería despertar, pero no se lo permití. – es tu hermana Dante, contrólate. – me reprendí mentalmente.
- Dante, ¿me quieres? – me separé un poco de ella para verla a los ojos.
- Te adoro y lo sabes hermanita. – mi respuesta pareció no gustarle porque se separó de mí de manera brusca, dejándome un poco confundido.
- ¿Todo bien?
- Si – hizo un bostezo fingido – estoy cansada, me voy a descansar.
- En ese caso que tengas dulces sueños – le di un beso en la frente.
- Que te diviertas. – dicho eso se dio la vuelta y camino hacia su habitación, con una cara de decepción que no lograba comprender.
Al llegar al club busqué con la mirada a mis amigos, luego de un par de minutos buscarlos con la mirada, logré visualizarlos en nuestro lugar favorito, cabe mencionar que el lugar le pertenece a mi padre. Me acerqué a ellos para saludarlos, teníamos dos años sin vernos y la verdad es que se sentía genial estar de nuevo con ellos, aunque Roma también tengo buenos amigos, ellos son más que mis amigos y lo saben.
- Vaya, hasta que llegas – dijo Ezra quien estaba acompañado de dos bonitas chicas, una rubia y una pelirroja.
- Debo cumplir con los deberes familiares antes de venir, lo sabes bien – él me levanta un pulgar, se separa de las chicas y me da un fuerte abrazo.
- Te extrañé, hermano.
- Y yo a ti, tonto.
- Bueno, ya suéltense que parecen un par de maricas – gritó Gina con diversión.
- Es mi amado y lo extrañaba mucho más que tu envidiosa – le respondió Ezra actuando como gay para luego darme un beso en la mejilla, el cual le regresé siguiéndole el juego.
- Hay si, mucho amor, mucho amor… par de gays - dijo Gina de manera burlesca - Mejor salúdame porque no estoy pintada y yo también soy tu amiga. – dijo separándonos para obtener mi atención.
- Claro que si… estás hermosa como siempre.
- Y tu más guapo, se ve que las italianas te tratan muy bien – bromea.
- Muy bien. – reímos, nos separamos y noto que nos falta alguien. – y, ¿Dónde está Aldo?
- Allá – señala Gina hacia la pista y lo veo bien acompañado. – sabes que ese no pierde el tiempo.
- No cambia.
- Ni cambiará - contestan los dos al mismo tiempo, Aldo es un mujeriego sin remedio, es capaz a de follarse a una escoba con falda si anda de urgido.
Me siento en el sofá a lado de Ezra y las dos chicas a su lado, Gina me sirve un trago de la botella que tienen en la mesa y comenzamos a conversar un poco sobre cómo nos ha ido en los últimos dos años. Gina estudia Psicología, Aldo Periodismo y Era lo mismo que yo, negocios internaciones. Minutos más tarde, un chico se acerca a nuestra amiga para invitarla a bailar, a amiga parece gustarle el chico porque no duda en aceptar la invitación y abandonarnos.
Me quedo a solas con Ezra y las compañías, después de una hora de haber llegado me presenta a sus amigas, Evelin y Valentina, mi amigo se enfoca en la rubia mientras que la pelirroja comienza a coquetear conmigo. Y quien soy para ser grosero con ella. No pongo objeción, puesto que necesito sacarme de la cabeza a una hermosa castaña que me ha estado atormentando desde que llegue. Lo peor es que está prohibida para mí. Comparto algunos besos con la chica que parece insaciable, nos separamos por falta de aire, luego me pide permiso para ir al sanitario, le hace señas a su amiga y se van dejándonos solos. Le doy un sorbo a mi trago y de la nada me quedo fijo hacia la gente que baila en la pista, visualizo a una hermosa castaña que se parece a ella y me quedo hipnotizado imaginado que es ella quien se mueve de manera sensual para mí.
- ¿Te pasa algo? – la voz de Ezra me saca de mi sueño.
- ¿Qué?
- Te has quedo ido, en donde tienes la cabeza o más bien, ¿en quién?
- Creo que eso no se pregunta, si lo sabes muy bien…
- Esa hermana tuya te tiene con las pelotas hinchadas, ¿no es así?
Lo volteo a ver con una expresión de rendición, mi amigo es el único que sabe sobre mi oscuro secreto. Una vez me cacho pajeándome mientras observaba una foto suya. Claramente, se burló de mí por más de un mes, pero nunca le dijo a nadie, solo me dijo que a veces no podemos evitar sentirnos atraídos por lo prohibido. Como él, que le gustan las mujeres mayores, pero eso no lo limita a divertirse con las más jóvenes.
- No te imaginas cuanto… pensé que al irme estas putas ganas de tenerla se me pasarían, pero…
- Pero, conforme la pequeña princesa va creciendo, las cosas empeoran – termina la frase por mí, asiento frustrado – eso lo sé perfectamente, la he visto y no te culpo, Alison es toda una Diosa a pesar de tener 16 años.
- Me pican las manos por tocarla, luego mi padre me dice que se siente orgulloso de mí y la maldita culpabilidad me mata por dentro.
- La verdad, amigo… Es no quisiera estar en tus zapatos, qué difícil situación la que tienes, sobre todo porque tienes que vivir bajo el mismo techo que ella. Pero, para eso están los amigos y Valentina está más que dispuesta para ti, por lo menos bájate la calentura que te provoca tu pequeña obsesión.
Y así lo hago, luego de una hora de convivir con ellos, me voy con la hermosa pelirroja a un hotel, necesitaba apagar el fuego dentro de mí y lo hice.
(…)
Antes de regresar a Italia pasamos un fin de semana familiar, en el resort de nuestra familia, invite a los chicos para no sentirme solo y mantenerme lejos de ella. Mis vacaciones al fin llegaron a su fin y pude regresar a mi realidad, mis días en NY fueron una tortura y un completo infierno lleno de tentaciones que logre contener. Tenerla cerca me estaba matando y solo podía rogar porque mi estadía allá terminara pronto.