Capítulo 4
Los siguientes días me la pasé en la oficina, aún no tenía el valor de verla, no sabría qué explicación debía a darle por haber irrumpido en su habitación de la manera en la que lo hice, mientras ella estaba en una situación caliente como las que yo he tenido a causa suya. Obviamente, debe saber que soy un pervertido promiscuo, pero una cosa es serlo con cualquier mujer y otra con tu propia hermana. Bueno que tipo de hermano era yo en ese momento, digo, otro habría pasado de largo y guardado el secreto, pero yo entre y le hice sexo oral a mi hermana y por si fuera poco, no he podido sacar esas imágenes de mi cabeza, todas las noches me tengo que m******r pensando en ella. — Por dios, soy un enfermo. — me dije a mi mismo, si mis padres se enteraran seria, hombre muerto.
Mientras trabajaba tratando de quitarme todos esos pensamientos que no me dejan concentrarme. Mi secretaria me hablo por el interfono.
— Señor, su padre esté en la línea, dice que es urgente.
— Entiendo, pásame la llamada.
— ¿Papá?
— Dante, debes venir pronto al hospital.
— ¿Qué pasa papá?
— Tu abuelo se ha puesto muy grave y quiere verte antes de… – ni siquiera puedo terminar.
— Lo entiendo papá, voy de inmediato. – colgamos y me quede en ahí por un momento intentando asimilar lo que estaba pasando.
Mi abuelo André fue un gran hombre a pesar de sus errores, desde que lo conocí ha sido formado parte muy importante de mi vida. Y perderlo me duele mucho, desde hace años sabíamos que estaba mal de salud, y que gracias a un tratamiento que recibió en suiza logro extender su vida hasta el día de hoy, pero también sabíamos que esto pasaría tarde o temprano.
Me levanté de la silla, tomé mi saco y al salir le pedí a mi secretaria y a mi asistente que cancelaran todas mis citas, también le hable a mi amigo Ulises para que se encargaran todos mis pendientes en mi ausencia y él no dudo en aceptar. Por suerte contaba con Iris, Cayetana y Ulises, entre los tres, a pesar de tener diferentes edades y áreas de especialidad, formaban un gran equipo de trabajo y eran capaces de sacar el trabajo a flote sin mí. Les comenté un poco sobre la situación para que comprendieran que no debían molestarme a menos que fuera extremadamente relevante y necesario, ellos entendieron la orden y luego me despedí.
Al llegar al hospital observé todo el lugar sin encontrar astro de Alison, ella no estaba por ningún lado, lo que se me hizo muy extraño porque adora al abuelo. Por su parte, los demás estaba con los ánimos decaídos y no era para menos, mi padre al verme me abrazo y luego me explico estado del abuelo e inmediatamente pedí verlo. Entre a la habitación y me detuve en la puerta para verlo detalladamente, sentí un dolor punzante en el pecho al verlo así, estaba muy pálido y tenía un sinfín de aparatos conectados por todos lados. Me acerqué, sujete su mano y le di un beso.
— Sono qui nonno (estoy aquí, abuelo) – hablé en italiano, aunque también habla en español, siempre le gustaba cuando todos sus nietos, conversábamos con él en su idioma natal. Mi abuelo abrió los ojos, me sonrió apretando mi mano debilmente.
— Mio piccolo campione (mi pequeño campeón) – contesto.
— ¿Sai? Voglio ringraziarti per essere sempre al mio fianco. So che è ora di andare e sono sicuro che nonna Alice e i miei genitori ti stanno aspettando. (¿Sabes?, quiero darte las gracias por estar a mi lado siempre. Sé que es hora de partir y estoy seguro de que la abuela Alice y mis padres esperan por ti) – no puede evitar que mis lágrimas salieran. – ¿Puoi dire ai miei genitori che li amo? (¿Le puedes decir a mis padres que los amo?) – él me sonrió.
— Do loro il tuo messaggio (yo les doy tu mensaje) – respondió.
— Ti amo così tanto e mi mancherai nonno (te amo mucho y te voy a extrañar abuelo)
— Abbi cura dei tuoi fratelli, specialmente di Alison (cuida de tus hermanos, pero sobre todo de Alison) – sus palabras me dejaron frío.
— Por qué lo dices abuelo – pregunté un poco confundido.
— So cosa provi per tua sorella, dai tempo figliolo. (Se lo que sientes por tu hermana, solo dale tiempo al tiempo hijo). – sentí que se me caía la cara de vergüenza.
— Nonno, mi dispiace no... (Abuelo, yo lo siento... no) – ni siquiera puede continuar.
— Dante, l'amore non comprende età, parentela, razza, religione, sei il benvenuto, solo il cuore sente. Devi essere paziente che tutto arrivi a tempo debito. (Dante, el amor no entiende de edades, parentesco, r**a, religión, de nada, el corazón solo siente. Debes ser paciente que todo llega en su debido momento)
— Lo siento abuelo, no debí fijarme en ella, pero no lo puede evitar – dije cayendo de rodillas, desahogué mi culpa con él y él solo me repitió que tuviera paciencia.
Luego de unos minutos salí de la habitación, mi abuela Irina se me acerco y me abrazo para consolarme. Ya más tranquilo, ella entró para quedarse alado del abuelo y yo me senté a lado de mi madre y mi hermanita Raíza, mi padre y Ander estaba haciendo algunas diligencias en el hospital. Pero, Alison aún estaba ausente y no pude evitar preguntar por ella.
— Y ¿Dónde está Alison?
— Se sintió un poco mal después de ver al abuelo y salió a caminar – contesto Raíza.
— Sí, pero ya se demoró mucho, ¿hijo, puedes ir por ella? – me pregunto mi madre. Y me puse un poco nervioso porque no podía negarme.
— Claro, ¿hermanita quieres ir conmigo? – necesitaba un tercio para evitar tocar ese tema.
— No, me quedaré con mamá, papá y Ander aún no vuelven y no quiero dejar sola a mamá. – contesto.
— Ok, entonces las veo en un rato – me despedí de ellas.
Camine hacia la salida con los latidos del corazón al mil, saque mi teléfono y le marque a Alison, pero no me contestaba, sabía que estaba molesta porque la estaba evitando y no quería hablar conmigo y si a eso le agregamos que no cumplí mi promesa de llevarla a pasear, bueno que más podía esperar. Llegue hasta el estacionamiento, me subí al auto y entonces, le mande un mensaje, esperando que me contestara por lo menos y que no quería hablar.
¿Dónde estás? – el mensaje le llego, fue leído, pero ella tardó en contestar.
¿Acaso te importa?
Alison, por favor, no es momento de hacer estas escenas.
Me ignoras toda la jodida semana y ahora te preocupas por mí.
Siempre me preocupo por ti.
Mientes, tú no sabes ni te imaginas cómo me siento.
No creo que sea peor de cómo me siento yo – me dejo en visto por unos minutos.
Tú no entiendes nada, Dante.
Por favor Alison, dime, ¿dónde estás?
¿Vas a hablar conmigo?
Está bien, lo haré.
Alison me envió su ubicación y partí de inmediato hacia allá, al llegar vi que estaba en un café cerca del parque principal, a unos cuantos minutos del hospital, al menos no estaba muy lejos. Estacione mi auto, baje y entre en al local, ella estaba en el área de fumadores, con un cigarro en la mano, la observe y estaba pensativa. – Vaya, si han cambiado, ¿dónde ha quedado la pequeña e inocente Alison?, pensé mientras caminaba hasta llegar a ella.
— ¿Ahora fumas?, eso es lo que has aprendido en tus giras como modelo.
— ¿Acaso te importa?
— Alison, por favor.
— No, Dante, por favor nada – sus lágrimas comenzaron a salir, verla así me partía el corazón, yo era el culpable, no debí ser débil. Me acerqué a ella y limpié sus lágrimas con mis dedos dejando una suave caricia, ella cerro los ojos y puso su mano sobre la mía, luego me soltó y me senté frente a ella, sin decir nada.
— Yo, lo siento… no… – dije agachando la cabeza, no podía mirarla a los ojos, no aún.
— Por favor no lo hagas Dante. — me callo en seco — no me digas que lo sientes, porque sabes que es mentira, sé que lo deseas tanto como yo. Solo admítelos como yo lo hice desde hace tiempo. – dijo y levante la mirada sin saber qué contestar. – La verdad, es que no sé desde cuándo, pero siento cosas por ti, cosas que no se sienten por un hermano y no lo puedo controlar. Siento que me quemo por dentro y duele tu lejanía. – dijo llorando, sentí un pinchazo en el pecho. — tu indiferencia me está matando Dante.
— Pero esto está mal, maledizione, yo no debí tocarte, no debí…
— ¿Darme el mejor orgasmo de mi vida?
— Si nuestros padres se enteran de esto, ¿qué crees que va a pasar?
— Lo sé, maldición – dijo tensa, metiendo las manos entre su cabello, para presionar su cabeza. – dime entonces, ¿cómo le hago para contener lo que siento por dentro he?, desde que te fuiste no hago otra cosa que pensar en ti día y noche, no hay un solo minuto en el que no piense en ti, te extraño todo el tiempo. Ese día que llevaste a tu amiga, quería matarte, me enferma, imaginarte con alguien más, siento que me vuelvo loca.
— ¿Piensas que eres la única?, o no Alison, no tienes una puta idea de cómo me siento — ella me observa seria — me siento un miserable pervertido por desear a mi hermana – dije con vergüenza.
— No soy tu hermana, Dante.
— Pero, aun así, compartimos la misma sangre Alison, somos primos y crecimos como hermanos. Maldición está prohibido sentir lo que sentimos. Entiende que me siento un depravado por imaginar escenas morbosas contigo todo el tiempo, por si fuera poco, me cuesta mucho controlar mis deseos hacia ti, cuando te tengo cerca.
— Pero aun así lo sentimos, Dante – dijo entre sollozos – te quiero y te deseo como hombre y no como hermano, explícame, ¿cómo es esto posible, si es prohibido?
— Alison, no lo hagamos más difícil, por favor.
¿Me amas?
— Claro que sí.
— ¿Cómo hermana o como mujer? – me quede mudo, no quería hacer esto.
— Alison, no creo que…
— Contéstame, maldita sea, por una jodida vez en ti vida se sinceró conmigo y contigo mismo – grito. – ¿me ves cómo hermana?
— No, no lo hago. – ella me miro a los ojos y se quedó pensando por un momento. — desde hace años te veo como mujer y por eso decidí venirme a Italia.
— Lo sabía — dijo con clara tristeza en su rostro — sabía que había algo y que por eso te había ido.
— Alison, esto no puede pasar… está prohibido.
— Dejemos que el tiempo decida eso.
— Alison.
— Vamos es darnos más tiempo para aclarar los que sentimos ok, vamos a comprobar si lo que sentimos es real y no es una simple fantasía, porque, aunque lo niegues, debes aceptar que me amas como yo a ti. – dijo con seriedad.
— ¿Y si resulta que no es verdadero?
— Es simple, solo lo olvidaremos, pero si en ese tiempo que nos alejemos, no logramos apagar esto que sentimos y si ninguno de los dos se enamora de alguien más, vas a dejar negarte y aceptar lo que venga… prométeme que vas a luchar por mí como yo estoy dispuesta a luchar por ti.
— Sabes que no es así de simple verdad. – intente razonar, ante sus palabras, pero ella se negaba a hacerlo.
— Se honestó contigo mismo por primera vez en tu vida Dante, ¿Estás dispuesto a luchar junto a mí, sin importar nada ni nadie?, si o no.
— ¿Ni la familia?
— Nadie. – contesto tajante. Me quedé reflexionando, no sabía si podría hacerlo. Entonces recordé las palabras de mi abuelo, “Dante, el amor no entiende de edades, parentesco, r**a, religión, de nada, el corazón solo siente. Debes ser paciente que todo llega en su debido momento”. — los amo y significan mucho para mí, pero el amor que siento por ti es más grande. – sentí una emoción muy grande al escucharla decirlo. Me quedé callado sin decir nada por un momento, tenía que analizar mi respuesta, porque solo una palabra decidiría todo.
— Ya lo has pensado demasiado. – hablo con tristeza – eso significa que lo que sientes por mí, no están fuerte como esperaba, no me amas como yo a ti. – dijo decepcionada, reí con ironía.
— Tú no tienes idea de lo mucho que te amo. – dije y ella me miro con los ojos llorosos – Amarte, es una maldita tortura Alison, es un maldito infierno que me quema por dentro. – dije sinceramente. – eres la dueña de mi alma, de mi corazón, de mis pensamientos tanto buenos como malos, lo eres todo para mí… no puedo evitar lo que me haces sentir y por eso me odio a mi mismo.
— Entonces, no lo pienses más y lucha a mi lado por este amor.
— Sabes que no podemos... alison entiéndelo por favor, tenemos que olvidarnos de esto.
— Me niego. — respondió con la voz quebrada.
— Debemos hacerlo pequeña o al menos intentarlo. — las lágrimas comenzaron a brotar y me sentí un miserable — No llores por favor, me parte el alma verte así — dije limpiando su rostro, ella cerro los ajos ante mi tacto.
— Y si no logramos — abrió los ojos, me miró fijo, su mirada había suplica, pero no podría ser débil. — Puedes prometerme que dejarás de luchar contra esto que sentimos el uno por el otro… Dante, quiero que te entregues a mí en cuerpo y alma, sin importar nada, ni nadie. – inhalé profundo, sabiendo que me iba a arrepentir de lo que estaba a punto de hacer.
— Está bien, lo haré, pero tú también debes prometerme algo.
— ¿Qué?
— Que al menos intentaras enamorarte de alguien más, no quiero que me esperes, quiero que intentes ser feliz con alguien más. – sabía que era imposible que yo pueda olvidarla, ella está muy metida en mi corazón, pero no puedo darle falsas esperanzas de una vida juntos que jamás habrá y conociéndola jamás lo intentaría.
— Eso déjaselo a mi corazón Dante, él es el único que decide a quién amar. – respondió amargamente.
— Ok, debemos volver, mamá, está preocupada por ti. – hizo una cara de desagrado.
— Como desearía que no la llamaras mamá – dijo con tristeza.
— No puedo hacer eso de la noche a la mañana y lo sabes.
— Lo sé, pero lo odio. – contesto y luego se adelantó a caminar, camine detrás de ella y la detuve, ella me miro a los ojos y me besó, no pude resistirme, así que le correspondí.
Salimos del café y subimos al auto en silencio, Alison bajo el cristal de la ventana y luego recostó su cabeza en la puerta. Su cabello se alborotaba con el viento dándole una vista hermosa, su rostro lucía triste, pero no podíamos hacer nada, ella era más joven que yo. Tal vez, solo estaba en esa etapa en las que las adolescentes traen las hormonas alborotadas y tiempo después de le pase este enamoramiento que siente por mí. En mi caso, no sé si pueda superarla, lo he intentado por cuatro años y no he tenido éxito, no me siento satisfecho con ninguna mujer a causa de mi deseo por ella. Todo con Alison es diferente, solo me basto probar el sabor de su cuerpo para volverme completamente loco, ni siquiera estuve con ella plenamente y aun así me sentí completo.
Cuando llegamos al hospital bajo aún en silencio, entramos y luego subimos al ascensor, el cual estaba vacío, entonces ella se me acerco y me sorprendió con otro beso, pero esta vez fue suave, dulce y delicado, al cual no me pude resistir. Al llegar al piso, me tomo del brazo y caminamos juntos hasta reunirnos con la familia, como si fuéramos los hermanos más cariñosos del mundo. Pero cuando llegamos nos recibieron con la noticia más triste, el abuelo había fallecido, Alison se derrumbó en mis brazos a llorar, la abrace con fuerza, al abrazo se unió Raíza, ya que mi madre estaba consolando a mi padre. Cuando las chicas estuvieron más tranquilas me separe de ellas para ir en busca de mi abuela Irina, la pobre estaba devastada, había perdido a su compañero de vida y sin él se sentirá sola. La abracé y ella se soltó a llorar, sobe su espalda y luego le di un beso en la cabeza.
— Tranquila abuela, él ya está descansado.
— Lo voy a extrañar mucho hijo.
— Todos, abuela, mi abuelo nos hará mucha falta a todos.
André Marchetti era un hombre muy sabio, siempre sabia dar buenos consejos, solía decir que los errores de la vida le enseñaron a ver las cosas desde diferentes perspectivas. Le gustaba ir los martes a tomar café en el local de su viejo amigo, aun después de que este ya había muerto y el lugar lo heredo su hijo, yo solía acompañarlo y cuando mi padre venía, también lo hacía.
Después de acordar la hora para la entrega del cuerpo de mi abuelo, el cual iba a ser incinerado después del ritual fúnebre, nos fuimos a casa a prepararnos para ir al funeral, entre a mi habitación, me di un baño y luego me puede un traje n***o. Tal perece que el clima sabio de nuestra perdida, porque comenzó a llover de manera inesperada, al salir de mi habitación, me encontré con Alison, llevaba un vestido n***o ajustado al cuerpo, sin ningún escote, pero aun así se veía divina, me reprendí por mis pensamientos impuros en esta situación, pero no los podía evitar. Ella me miro, me regalo una tierna sonrisa y luego se adelantó. Realizamos el ritual fúnebre tradicional en Roma que duro dos días y al siguiente día enterramos al abuelo a lado de su primera esposa, la abuela Alice.