– Madre…estoy bien.
– Te ha podido pasar algo, no todos los dioses son tan buenos como tú y yo.
– Solo fue un tiempo, madre. No me pasó nada.
– Pero ¿Y si te pasaba algo? Solo me preocupo por ti.
– Pero madre, ya soy adulta.
– Eres muy joven aún.
– ¿Quién es muy joven?
Mi madre se tensó notablemente y mi mirada fue a la voz detrás de ella. Mis ojos se abrieron al encontrarme con la diosa que minutos antes estaba espiando. Fruncí el ceño al ver lo tensa que mi madre se encontraba y con la misma tensión se inclinó, cosa que hice con mucha más fluidez.
– Themis.
– Señora Themis.
– Deméter, querida, no tuve la oportunidad de saludarte adecuadamente en la ceremonia. Cuando supe que asistirías acompañada, no pensé que sería con esta hermosa ninfa. ¿No me la presentas?
– Eh, sí…ella es Perséfone…mi hija.
Un brillo de reconocimiento mezclado de sorpresa apareció en su mirada, aunque no dejó la sonrisa amable.
– No sabía que tenías una hija, lamento haberte confundido con una ninfa, querida, es un gusto conocerte. Pero me pregunto, entonces ¿Por qué no vive en el Olimpo si es una diosa?
Mi madre se tensó aún más, abrió la boca y la volvió a cerrar sin decir nada y eso me confundía. Mi madre me había dicho que no era seguro estar en el Olimpo, pero la señora Themis le preguntaba la razón por la que no vivía ahí, entonces ¿Mi madre me había mentido? Justo cuando quería preguntar otra voz interrumpió nuestra conversación.
– ¿Qué hacen escondidas aquí?
La reina Hera nos miraba con confusión, primero miró a mi madre quien se vio visiblemente aliviada, luego a mí y cuando se dirigió a la señora Themis su mirada pasó por emociones claras, entendimiento, envidia, celos, malicia. La señora Themis se inclinó y volvió a erguirse, su sonrisa ahora era cordial, completamente diferente de la sonrisa amable y pura que me dio. Por los rumores que hubo tras la boda pensé que la señora Themis se iría, pero contrario a mis pensamientos, encaró sin miedo a la reina.
– Reina Hera, creo que hay una confusión. No estamos escondidas, simplemente estamos socializando tranquilamente. Justo aquí Deméter me estaba presentando a su adorable hija ¿Tú la conocías?
La reina se tensó, pero no dejó ir esa sonrisa forzada, aunque yo lo noté con claridad. En su mente estaba pensando cómo responder y mi curiosidad generó automáticamente una pregunta con rapidez, ¿Por qué tendría que pensar tanto para responder una pregunta fácil? Ella y mi madre se veían ocasionalmente en secreto ¿Cómo lo sabía? Pues era curiosa y usualmente cuando escapaba de la vigilancia de mi madre usaba lugares secretos para desaparecer. Vi un par de veces que vi a las dos conversando como si tuvieran mucho que decirse. La reina nunca me vio, pero yo sí y por eso mismo me preguntaba ¿Por qué tener que ocultar los encuentros con mi madre?
– …Sí, la vi a lo lejos cuando fui a ver a Deméter para avisarle sobre la boda y la ceremonia. Ya sabes, mi hermana como la diosa de la cosecha tiene un gusto especial para los arreglos florares así que necesitaba su ayuda.
– Qué curioso, yo ayudé con los preparativos y no la vi en ningún momento. Espero que no quieran ocultar la existencia de esta niña y su derecho por permanecer en el Olimpo, así como reconocerla como diosa ¿Cierto?
La señora Themis aun tenía esa sonrisa amable, pero su mirada era afilada, miró a la reina y a mi madre como si las estuviera juzgando, después de todo, era la divinidad de la justicia misma. Lo supe, la señora Themis se veía muy amable, muy sencilla y de buen corazón, pero su carácter cambiaba completamente cuando algo sospechoso pasaba. En mi interior animaba a la titánide a que siguiera averiguando porque yo también necesitaba respuestas.
La señora Themis era como una leona cazadora acorralando a sus presas, con una sola oración dejó a la reina y a mi madre tensas, esperando por saber cual de las dos iba a romper el silencio. Finalmente, la reina Hera fue la que lo hizo, pero no como se esperaba. Su rostro enojado y nervioso ahora se veía claramente.
– No sé qué estás pensando, Themis, pero conoce tu lugar.
– No entiendo a qué se refiere, reina Hera. Solo he hecho un comentario ¿Me podría decir en qué parte le falté el respeto?
– No es de tu incumbencia indagar la vida de los demás.
– Sí, tiene razón, no es de mi incumbencia la vida de los demás.
– Entonces, discúlpate y-
– Pero eso cambia cuando las acciones de los demás repercute en la vida de otros y eso no sería justo ¿Cierto? y justamente ese es mi trabajo principal.
– ¿Qué?
– Hera y Deméter, las espero mañana para averiguar este caso, justamente Némesis llegará y podremos hacer un juicio justo. Deméter, no olvides de traer a tu hija, por favor.
– ¿Qué? No puedes hacer eso, soy la reina y te digo que olvides este pequeño asunto. Es una orden.
El aire se encapsuló, la reina y mi madre temblaron visiblemente cuando sintieron el aura enojada de la señora Themis. Agradecí que esa aura no me pegaba a mí porque muy probablemente temblaría más que las dos diosas.
– Hera, tengo presente que eres la reina y estoy dispuesta a ofrecer mis dones para los reyes por el bien del Olimpo y los humanos, pero recuerda que soy la consejera del rey, mi lealtad está con el rey Zeus y aún más, soy la titánide de la justicia, las reglas de los reyes no tienen nada que ver conmigo. Que no se te olvide que soy el propio orden divino, no confundas mi amabilidad por sumisión. Así que te espero mañana ¿Queda claro?
– S-sí, señora Themis.
– Lo mismo va para ti, Deméter. Mañana trae a tu hija ¿está bien?
– Sí, mi señora.
Ambas deidades se inclinaron, era gracioso de alguna manera ver a las dos diosas que vencieron a Cronos inclinarse por la hermana mayor de este, y no solo eso, era gracioso ver a una diosa tan pequeña hacer que dos diosas más grandes que ella inclinarse. La mirada de la titánide volteó a verme y tuve miedo por la mirada que ella podría darme, pero contrario a todo pronóstico, sus ojos fueron llenos de amor y cariño, su sonrisa amable brilló y tomó mis manos con delicadeza.
– Querida, fue un gusto conocerte. Mañana te veré y espero poder verte más seguido en el Olimpo.
Asentí lentamente y me soltó, su mirada nuevamente giró su mirada a la reina y a mi madre. Todo el cariño se fue dejando solo frialdad.
– Hera, Deméter, no quiero juegos sucios porque lo sabré. Nos vemos.
Y tras decir eso, giró y se fue de ahí. Mientras miraba la espalda de la señora Themis, me puse a pensar en los cambios que vendría ahora.