RUBÍ – ¿Qué hiciste, Perséfone? Una Themis muy preocupada estaba arrodillada frente a mí, sus manos tomaban mi rostro lleno de lágrimas. Mi corazón dolía, mis manos temblaban, la desesperación me consumía. – Te juro Themis, te lo juro, yo no lo sabía. Yo no hice nada malo, yo amo a Hades con mi alma y nunca le haría daño. – Entonces ¿Por qué confabulaste contra tu esposo? Cariño, quiero creerte, pero todas las pruebas que se presentaron te señalan como cómplice. Déjame entenderte. – Lee mi mente, por favor. Lee mi mente y déjame demostrarte que soy inocente, por favor. La mirada compasiva de Themis me miró por unos segundos, trataba de evaluarme, yo lo sabía y estaba dispuesta a abrirme por completo si eso significaba que podía volver con mi esposo. La titánide puso sus manos sobre

