Capítulo 40

1525 Words
RUBÍ – ¿Qué hiciste, Perséfone? Una Themis muy preocupada estaba arrodillada frente a mí, sus manos tomaban mi rostro lleno de lágrimas. Mi corazón dolía, mis manos temblaban, la desesperación me consumía. – Te juro Themis, te lo juro, yo no lo sabía. Yo no hice nada malo, yo amo a Hades con mi alma y nunca le haría daño. – Entonces ¿Por qué confabulaste contra tu esposo? Cariño, quiero creerte, pero todas las pruebas que se presentaron te señalan como cómplice. Déjame entenderte. – Lee mi mente, por favor. Lee mi mente y déjame demostrarte que soy inocente, por favor. La mirada compasiva de Themis me miró por unos segundos, trataba de evaluarme, yo lo sabía y estaba dispuesta a abrirme por completo si eso significaba que podía volver con mi esposo. La titánide puso sus manos sobre mis sienes y cerró los ojos. Yo respiré y cerré también los ojos dejando fluir todos los recuerdos que tenía, rezando para que esa pequeña laguna mental se aclarara para poder poner mi mente en orden porque si, yo también buscaba respuestas. No sé cuánto tiempo estuvimos así, pero luego el suspiro de Themis hizo que mis ojos se abrieran, su mirada me destrozó por completo, las lágrimas nuevamente volvieron a aparecer. Themis me abrazó como si abrazara a su propia hija, me acercó a su pecho y me acarició la espalda, eso solo provocó que todo me desbordara, todo era demasiado, todo era mucho. Y por primera vez me permití romperme, me permití dejar salir todo lo que tenía guardado. – Mi niña, qué te hicieron. – ¿Qué debo hacer? Mi vida está destrozada. Yo…yo solo quería ser feliz…vivir con Hades por la eternidad ¡Me siento sucia! ¡Sucia! – Shhh, ya cariño. Lo arreglaremos, arreglaremos todo. Te ayudaré en lo que pueda, lo prometo. Sus palabras fueron un soplo de vida, una leve cura a mi enorme herida, pero el daño ya estaba hecho, no sabía si podría recuperar mi reputación, no sabía si podría recuperar mis obligaciones como diosa y lo más importante, no sabía si podría recuperar a la persona que más amé en toda mi vida. La reputación hacia los demás no me importaba mucho, la única que me importaba era Hades, no soportaba ver su rostro en mi memoria, su rostro lleno de decepción, de dolor, de tristeza y lo peor de todo era la mirada diciéndome que ya se lo esperaba, que sabía que nadie lo podía querer, que nadie podía estar a su lado solo por el deseo de estar a su lado, que nadie lo podría querer por el simple hecho de quererlo. ¿Cómo podría demostrar mi inocencia y recuperar el amor y la confianza de Hades? ------------------------------------------------------------ Llegué tarde, a pesar de mis esfuerzos y de lograr reunir todas las pruebas que demostraba mi inocencia llegué tarde. Escuché tarde las noticias sobre el escape de Cronos, escuché tarde la noticia de los dioses y su esfuerzo por querer resarcir sus errores y ahora que vine al Olimpo solo encontré a las Moiras esperándome. – Llegas justo a tiempo, Perséfone. – ¿Qué? ¿Dónde-donde están todos? – Los doce dioses ya tomaron su decisión y sus almas divinas están aquí. Ahora que me daba cuenta, alrededor de las Moiras se encontraban pequeños círculos de colores, doce en total, ¿Esas eran las almas divinas de los dioses? ¿Quizá el alma de Hades estaba ahí? Me acerqué tentativamente a una bolita negra, no sabia por qué, pero me llamaba. – Tus dudas son correctas. Esa bola negra es el alma de Hades. Levanté mi mano queriendo tocarlo, pero luego me alejé, a pesar de ser solo una bola de luz lo sabía, su alma llamaba a la mía, a pesar de todo aun nuestras almas se llamaban, se anhelaban. Y ahora cuando al fin podía volver a su lado pasaba esto, las lágrimas bajaron por mi rostro, el dolor en mi corazón aún estaba ahí. – ¿Por qué está pasando esto? Yo solo quise demostrar mi inocencia, recorrí muchos lugares intentando buscar, intentando averiguar pruebas y cuando a fin lo conseguí, mi Hades nuevamente se me escapa. ¿Qué debo hacer ahora? – Lo sabemos, sabemos que eres inocente. Nosotras lo sabemos todo. – Entonces por qué, ¡Por qué solo yo estoy sufriendo! ¡Por qué aun con la ayuda de Themis nadie me creyó! ¡Por qué solo yo debo sufrir hasta el final! Mi voz desgarrada por el sufrimiento, el reproche y la decepción. Sí, no era justo, mi único delito era el deseo de ser libre para poder amar a mi esposo y ni eso podía hacer. Caí de rodillas dejando salir todas mis lágrimas, desahogándome de toda esa injusticia. – Persi, querida. Laquesis se arrodilló, su mirada preocupada me recordó a Themis lo que hizo que mi corazón doliera más. la única diosa que me apoyó activamente. Una pizca de esperanza volvió a mi corazón, tal vez ella podría ayudarme. – ¿Y Themis? Dónde…¿Dónde está Themis? Laquesis solo sonrió con pesar y dolor. Su rostro giró hacia atrás y toda esa pizca de esperanza se esfumó completamente. En el suelo, tendida como si estuviera en un sueño profundo se encontraba Themis. No, no, no, no, no podía ser. Me arrastré desesperada por llegar a ella, al tocar su mano aun había calidez. El rostro de Themis no tomaba ninguna señal de dolor, solo estaba su sonrisa cálida y tranquila, como si solo fuera un pequeño sueño y pronto despertara como si nada hubiera pasado. – Themis…no, tu no… Las lágrimas cubrieron mi vista, el dolor en mi corazón era igual al que experimenté cuando fui incriminada y expulsada del lado de Aides, el dolor que sentí al ver su decepción y dolor era el mismo que experimentaba ahora. los gritos de dolor que salían de mi eran desgarradores. Ya todo estaba perdido, ¿Qué me quedaba ahora? esa pizca de esperanza se terminó de esfumar. – No llores, Perséfone, diosa de la primavera- – ¡Soy la reina del inframundo! ¡la diosa del inframundo! – Bien, reina del inframundo. ¿Quieres limpiar tu nombre por el mal que te hicieron? Miré a Átropos quien me miraba desde arriba sin emoción alguna. Aun me sorprendía cómo las tres Moiras de las que se suponía debían ser iguales desde el vientre de Themis, nacieron completamente diferentes en todos sentidos. Desde poderes, personalidad y su físico. Todos temían a estas tres deidades que anunciaban tanto el nacimiento como la muerte de todo y todos, incluso los mismos dioses lo hacían, no había nadie que sostuviera la mirada por más de un minuto, esa esclerótica negra con iris color dorado eran igual de raros e igual de intimidantes porque parecía que esa mirada podía atravesar el alma. En especial Átropos, la hermana mayor, la más temida por traer el anuncio de muerte. – Eso ya no es posible, mi Aides ya no está en este punto, Themis no está aquí más…ya no queda nada para mí, ya no queda nada qué hacer, nada por lo cual luchar. – Claro que hay una razón para luchar. Puedes hacerlo…en otro tiempo, con otro cuerpo. – Qué…¿Qué quieres decir con eso? – Tú, alma pura y sin maldad, fuiste inculpada, desterrada y repudiada ¿No quieres tener la oportunidad de vengarte por todos aquellos que te hicieron eso? – ¡De qué me sirve la venganza cuando no puedo tener al amor de mi vida! – ¿No quieres tener una venganza? – No…solo quiero estar al lado de Aides… – Bien, también puedes hacerlo. – ¿Podré hacer eso? ¿De verdad podré estar al lado de mi Aides? Nuevamente la esperanza, esa que tanto había sido golpeada y apagada tantas veces volvía a encenderse. ¿Es que a mi tonto corazón no le importaba volver a ser golpeado otra vez por la decepción? Las Moiras me miraron, Cloto, parpadeaba una y otra vez intentando contener las lágrimas, en Laquesis la preocupación era evidente y Átropos aun tenía la mirada desprovista de vida, pero con un brillo de algo que no pude comprender del todo. – Veo tus dudas, pequeña diosa, podemos darte una última oportunidad. Tómalo como un pequeño premio por todo lo sufrido. – ¿Qué puedo hacer? ¿Cómo puedo volver a ver a Aides? – Lo que tu hagas depende de ti, nosotras solo podremos darte una oportunidad para el reencuentro con el dios de la muerte. Si lo haces bien, puede que incluso puedas limpiar tu nombre. Entonces ¿Qué dices? ¿Aceptas o no? Aceptar o vivir una vida sin el único dios que más he amado en mi vida, mi único amado, la respuesta era solo una, la única posible, la única que quería. Entre estar en una vida esperando a que lo último de mi divinidad se esfumara y vagando en la nada, prefería ir a lo desconocido para tal vez poder probar mi inocencia y estar al lado de mi amado. ¿Podría hacerlo de verdad?
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