Capítulo 38 parte 1

1229 Words
DAMIÁN – Ey, ey, ¿Qué pasa? ¿Por qué estas tan pálida? Mi corazón cayó por la preocupación. Como siempre estaba esperando a Perséfone en los límites de mi territorio para nuestro encuentro semanal, el que consistía básicamente en ella hablando y yo escuchándola embobado. Con cada encuentro ansiaba más de ella, ansiaba verla sonreír, verla bailar, verla saltar y hablar a mi lado y con cada encuentro me entristecía enormemente la despedida, mi egoísmo divino amenazaba con salir, ese deseo por poseer y guardar lo que yo ansiaba, tenerla para mí, a mi lado y no dejarla ir nunca. Si bien muchas veces el pensamiento de secuestrarla pasó por mi mente, pero luego pensaba en su sonrisa, en lo triste que se pondría y entonces ese sentido de posesión desaparecía. Ahora mismo ese sentimiento de posesión que había arraigado salía para hacer daño a cualquier ser que amenazara a mi pequeña diosa, porque sí, ella era mía. Y alguien había hecho que mi diosa venga a mí con lágrimas llenando su hermoso rostro, su mirada que antes era felicidad ahora estaba llena de desesperación y súplica. Su labio temblando en un intento por aguantar fallidamente las lágrimas la hacían ver adorable y si no estuviera tan enojado tratando de matar a alguien posiblemente la habría besado. – Ey, ninfa, dime ¿Qué pasa? Por favor dime qué puedo hacer, dime qué debería hacer para que no llores. – Por favor, ayúdame. – Claro, dime en qué te puedo ayudar, pero dame una señal, no quiero verte llorar, me estas matando. – Yo…mi madre quiere que me encomiende a las diosas vírgenes. – …¿Qué? – Mi madre quiere que me encomiende a Hestia declarándome una diosa virgen, me quiere obligar a permanecer encerrada en uno de los templos de Hestia y no puedo, yo no puedo, no puedo. Ya conseguí mi libertad, no quiero perderla ahora…Aides, por favor, escóndeme, no dejes que me lleve. Me congelé, ¿Deméter quería encerrar a su hija con las sacerdotisas de Hestia? Técnicamente no podía interferir porque sí, ella era una diosa independiente, ya fue declarada diosa de la primavera y no solo por Themis, sino que también estaba bajo la protección de la diosa de la justicia. No podía ser tocada ni por su propia madre. – ¿Hablaste con Themis? – Sí, ella, ella no puede hacer nada porque mi madre usó un vacío legal para poder ejercer su control nuevamente sobre mí, ningún otro dios me puede ayudar, por favor, ayúdame. No quiero estar encerrada, no quiero que otros manden en mi vida…no quiero dejar de verte. Me tensé visiblemente. ¿Estaba diciendo lo que creo que estaba diciendo? No, no albergues sentimientos tontos, no albergues esa tonta esperanza de la que tanto te burlabas, pero ¿Y si preguntaba? ¿Pasaría algo malo si preguntaba? No, solo que mi tonto corazón sangrara hasta el final. Llevé mi mano hacia su suave mejilla, acariciando el pulgar, así quería tocarla toda una visa ¿Me lo permitiría? – Core, ¿Qué intentas decirme? Mi boca se abrió sin siquiera pensarlo. La duda, en los ojos de Perséfone ¿Temía herir mis sentimientos? El remordimiento burbujeó en mi pecho, ¿Debía retractarme y decirle que solo era una broma? La verdad era que podría encerrar mis sentimientos por ella solo para no tener que hacerle pasar un mal momento. Justo cuando estaba por pedirle perdón, mi Core habló. – Yo…¡Tú me gustas! Desde el primer momento que te vi sentí un sentimiento de anhelo, no supe lo que era en un inicio porque nunca me había sentido así, pero ahora lo sé ¡Te amo! No dejes que me lleven de tu lado. Ella me ama, ella me ama, ella dijo que me amaba. Esa frase se repetía una y otra vez en mi cabeza, no entendía muy bien, mi cerebro, ese del que siempre he estado orgulloso, Ese del que siempre se ha hablado es el mejor entre todas las deidades, estaba congelado, no podía procesar bien esa declaración. La mirada derrotada de mi Core me hizo despertar y entrar en pánico. Rápidamente la tomé de los hombros solo para poder detenerla. – Core, lo que me dices ¿Es cierto? Yo…¿Puedo permitirme tener esa pequeña esperanza en mi corazón? Sus ojos parpadearon un par de veces y luego un atractivo color sonrojado ocupó la piel pálida de mi Core. Si antes creí que era atractiva, ahora me parecía mucho más atractiva, esas mejillas sonrojadas pedían ser mordidas y mimadas toda la eternidad. – Yo...es verdad todo lo que dije así que, escóndeme, por favor. – …Escucha, no tengo permitido meterme en estos asuntos, aún más cuando Deméter te reclamó como tuya, pero… – ¿Pero? Dime si hay una salida. – Es solo...mira. Elevé mi mano y una neblina negra la cubrió, cuando finalmente esa neblina desapareció, en mi mano antes vacía había una fruta. La misma fruta que una vez me condenó a estar atado a mi territorio por la eternidad. – ¿Es una granada? Pero, no puedes tocar nada con las manos o se corre el riesgo de que se pudra. ¿Cómo no pasa nada? – Esta es la granada del inframundo, nadie sabe cómo llegó a echar raíz en la tierra del inframundo o desde cuando existe, pero esta fruta es el símbolo de mi territorio, es la única planta que crece en las profundidades del inframundo, donde todo está muerto, donde no existe vida, esta planta crece sin importar nada. Cuando mis hermanos y yo pudimos escapar y triunfar contra los titanes, nos repartimos el mundo…o bueno, mis hermanos lo hicieron por mí. En ese tiempo no sabía qué era esta fruta, pero una vez terminé de comerlo lo sentí en mi interior, mi alma atando sus hilos al inframundo, jalándome, llamándome, exigiendo mi presencia por la eternidad. Es por esta fruta que no puedo vivir en otro lado fuera de mi territorio, esta fruta me ata, pero también me señala como su amo y señor. Y quien desee pertenecer a mi reino debe comer una parte de esta granada. – Si como esto ¿Podré estar protegida de mi madre y sus intentos de manipulación? – Técnicamente sí, o bueno en parte. Nunca he permitido que nadie coma toda la fruta a excepción mía que soy el dueño de este reino. Casi nadie lo sabe, pero el inframundo es un ser vivo, un ser sin forma, sin pensamientos, pero que se alimenta de la muerte y oscuridad que llega después de la vida, yo tuve que comer toda una granada para poder manejar su poder, para poder mantener mi dominio con toda esta existencia, pero es diferente con otras deidades. Solo es necesario comer unas cuantas semillas para que la oscuridad y la muerte te identifique como algo suyo y no te coma viva, con eso puedes vivir aquí y también puedes coexistir fuera de aquí si así lo deseas, pero siempre debes volver o corres el riesgo de que tu divinidad disminuya si pasas mucho tiempo fuera. Esta es la salida que te doy, Core, puedes convertirte en un m*****o de mi reino, al permanecer aquí yo te puedo proteger al menos un poco más, las leyes del inframundo son diferentes que en el Olimpo.
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