Capítulo 35 parte 1

1594 Words
RUBÍ Decir que estaba nerviosa era poco ¿Cómo en tan poco tiempo la señora Themis pudo reunir a todos los dioses? Mis manos se apretaron entre ellas, en un intento por tratar de manejar el hecho que todas las miradas me estaban mirando, analizando y juzgando. Los reyes estaban en su respectivo trono, Zeus se veía aburrido, bostezaba mostrando claramente que no quería estar ahí, por otro lado, Hera se veía nerviosa, aunque claramente quería fingir serenidad, pero su mirada la delataba. A la derecha de Zeus estaba Themis quien, al verme, me dedicó una suave sonrisa tranquilizadora que me llenó el pecho de calidez y no dudé en devolverle esa sonrisa. Mi madre se veía tensa, desde ayer la tensión no la dejaba, incluso podía asegurar que mi madre no durmió bien. Todos los dioses alrededor murmuraban y susurraban cosas que no hacía más que generar más tensión en nosotras. Luego de unos segundos, Themis bajó con gracia las gradas que llevaban al centro de la habitación real, justo donde estábamos mi madre y yo. Me sorprendí porque en cuanto la señora Themis se movió al centro todos los dioses guardaron silencio y miraron expectantes, no había dicho nada, ni una expresión diferente, solo había caminado y ya todos se pusieron atentos, incluso el rey que estuvo bostezando y aburrido se irguió y prestó atención a su mano derecha. – Parece que ya estamos todos los implicados aquí. Nemi, puedes venir. El suave susurro voló y casi de inmediato apareció una niña peinada con dos coletas rubias altas, llevaba un vestido n***o, iba descalza y su piel era de porcelana, era una niña muy linda, pero la espada guardada en su espalda y sus ojos rojos llenos de locura me decían que había que tener cuidado. – Némesis, querida. Siento tanto que hayas venido apenas llegas de tu misión, prometo que haremos esto rápido para que puedas descansar luego. Así que esa niña era nada menos que la diosa Némesis, la diosa de la justicia retributiva y la venganza, la mano derecha de la señora Themis, la que no se separaba de ella por nada del mundo. La locura en la mirada de aquella diosa cambió de inmediato en cuanto miró a la señora Themis, el cariño y admiración se notaba claramente. Némesis estaba flotando, pero de inmediato fue hacia la señora Themis y la abrazó por la cintura, su sonrisa la hizo ver más juvenil. – No te preocupes, hermana. Estoy aquí para lo que necesites. Luego podemos ir a jugar juntas como recompensa ¿Sí? – ¿Quieres una recompensa? De acuerdo, jugaremos juntas luego. – ¡Sí! Némesis no abrió la boca, parecía que podía hablar con la mente y eso me perturbó un poco, pero aún así no pude evitar sonreír por el cariño que ambas claramente se tenían. ¿Podría también ser cercana a la señora Themis? ¿Cómo sería tener una relación de cercanía con una deidad tan respetada? El carraspeo de la reina Hera cortó toda esa interacción, el ceño y los labios fruncidos daban a entender que no estaba feliz con esta situación, pero tampoco era que podía hacer algo. Yo no había sido criada en el Olimpo, me habían alejado de todo esto desde que nací, pero tenía noción clara de la jerarquía en nuestra r**a. Si bien Zeus y Hera eran los dioses reyes del Olimpo, eso no importaba si se trataba de Themis y Némesis. La primera era la reencarnación misma del orden divino y sus reglas y la segunda era la fuerza que se encargaba de hacer cumplir esas reglas y castigar a quienes no cumplían. Así técnicamente ellas dos tenían un nivel más alto en jerarquía y en esta situación, los reyes eran meros espectadores y solo podían hablar cuando les tocara su turno. – Señora Themis, ¿no deberíamos hacer que los otros dioses fuera de este asunto tan pequeño? – No, esto será tratado como un asunto serio al igual que todos los otros asuntos. El esconder la existencia de una deidad es un tema serio. Ahora, según las leyes divinas todo nacimiento debe ser reconocido y aceptado ante los dioses principales. Así que quisiera preguntar ¿Alguien de los presentes sabía que nuestra diosa Deméter tenía una hija? Todos guardaron silencio y se miraron entre sí sorprendidos por aquella pregunta. Decir que me sentí mal era poco, ¿nadie sabía de mi existencia? Entendía que mi madre solo quería protegerme y por esa razón no me permitía estar aquí, pero de eso a que mi madre no aceptara mi existencia ¿Había una razón para ello? ¿O solo quería alejarme de todo eso? ¿de verdad nadie sabía de mi existencia? Miré a mi madre con el dolor evidente en mi rostro. Mi madre solo me miró y rápidamente giró el rostro para evitarme, sabía que estaba avergonzada. – Bien, tomaré eso como un no. Pero curiosamente Hera si la conocía, según sus palabras el día de ayer, dijiste que habías visto a su hija a lo lejos cuando visitaste a tu hermana para avisarle sobre la boda y pedirle consejos de decoración. Hera ¿Avisaste a Zeus o a alguna otra deidad sobre la existencia de una diosa menor que aun no ha sido reconocida? – Todos pasó muy rápido y estaba tan emocionada que- – ¿Hablaste sobre eso con alguien? Sí o no. – …No, no lo hice. – ¿Puedo saber la razón? – Como dije, no lo creí necesario- – Si tu y Zeus tuvieran un hijo y no fuera reconocido por nosotros ¿Podríamos no reconocerlo como tal? – ¡Es diferente! Mi hijo será un príncipe. – ¿Entonces los hijos que no son príncipes son insignificantes para ti? ¿Está bien para ti decir eso ahora que eres la reina del Olimpo? Hera se mordió la lengua, pero la mirada que le dio a Themis dio mucho de qué hablar, si las miradas mataran estaba segura que ahora la titánide ya se habría ido. – Rey Zeus, sugiero que reconozcamos a la hija de Deméter ahora mismo y le demos un espacio en el Olimpo para que viva como se supone que debe vivir una diosa que es descendencia directa de los seis olímpicos. – ¡Por favor! No puedo, no puedo decir quién es padre de mi hija. Ella no puede estar aquí, tengo conciencia que lo que hice al esconder su existencia de todos, pero solo quería mantenerla alejada de todo. Mi madre se arrodilló, me sorprendió verla temblando de miedo, con la mirada fija en el suelo ¿Por qué mi madre temía que estuviera en contacto con todos los dioses? La señora Themis se acercó y miró a mi madre con notoria preocupación, notaba que quería acercarse más y levantarla, pero tenía consciencia que como jueza no podía mostrar sentimientos. Eso sería muy imparcial para alguien que estaba en un juicio. – Deméter, querida. Ponte de pie, por favor. Lo que se quiere aquí es que tu hija tenga igualdad de condiciones que todos los dioses presentes. Entiendo que seas madre y que quieras proteger a tu hija, eso dice lo buena madre que eres, pero no puedes permitir que tu sobreprotección limite a tu hija de experiencias. ¿Le has preguntado qué es lo que quiere alguna vez? ¿Si desea seguir donde está o quiere abrir sus alas y experimentar la vida? Deméter levantó la vista, no pude ver el rostro de mi madre, pero noté cómo negaba con la cabeza lentamente. Themis solo sonrió y miró a mi dirección. – Perséfone, cariño. ¿Qué es lo que quieres? Mi mirada bajó hacia mi madre, ella se veía desesperada, luego miré a los reyes. Zeus miraba todo con interés, aunque su mirada en su mayoría del tiempo iba a Themis, pero cuando miré hacia Hera, mi temperatura se congeló. La reina Hera miraba con odio a Themis, un odio crudo, luego con advertencia a Deméter y cuando me miró esa advertencia vino con una sonrisa que me heló la sangre. Di un paso atrás del miedo, pero una mano cálida me detuvo. ¿Cuándo se había acercado? Themis tomó mi muñeca con mucho cariño y me miraba con tanta ternura que quería llorar. – Oh, reina Hera, ¿Podrías dejar de mirar con ese odio a todos aquí? ¿Sabes? Por el miedo podría desenvainar mi espada y por equivocación esta podría salir volando hacia algún cuello divino. Némesis flotó colocando su cuerpo entre Hera y yo. No pude ver bien qué reacción tuvo la reina, pero la presencia de Themis y de Némesis protegiéndome hizo que me sintiera más segura. – Perséfone, no temas. Nada te pasará así que dinos, ¿Qué deseas realmente? ¿Quieres vivir aquí? ¿O tal vez seguir viviendo con tu madre? ¿Qué deseaba realmente? Nunca me habían preguntado eso, toda mi vida había vivido por y para mi madre, lo correcto era lo que decía mi madre, no comía algo que mi madre no quería, no iba a donde mi madre no deseaba que fuera, saludaba a quien mi madre deseaba que saludara y me alejaba de personas que ella decía eran malas para mí, pero realmente ¿Eso era algo que yo quería? ¿De verdad deseaba vivir toda mi vida así? No, yo quería, yo deseaba vivir libremente, experimentar por mí misma todo y estaba segura que al lado de mi madre, aunque la amara mucho, no lo iba a lograr.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD