RUBÍ
Nos tomamos dos días más para poder asimilar todo lo que nos estaba pasando y de paso pensar en lo que podríamos hacer con lo que apenas descubrimos. Intenté convencer a Catalina para mudarnos a un hotel más barato porque estaba segura que llevar comida a la habitación no era un servicio que tuviera un hotel accesible, al menos para mí. Pero ella como buena abogada del diablo refutó todas mis razones así que sí, seguíamos en este hotel como si fuera nuestro refugio, como si nadie más en el mundo pudiera entrar, como si solo fuéramos las dos contra el mundo.
Eventualmente teníamos que ver el elefante en la habitación y qué mejor que una Catalina profesional para poder ponernos en vereda porque seguramente si yo estaba a cargo, compraríamos dos boletos a la Antártida. La tercera noche mi amiga entró a nuestra habitación con unos papeles y se sentó frente a mí.
– Bien, he pensado en algo.
– Te escucho.
– Es obvio que no vamos a poder separarnos de tu chico lúgubre y los demás.
– ¡Ey! No es MI chico lúgubre.
– Como sea. Si nos separamos de ellos no duraremos ni un par de horas libres. Por lo que me cuentas ese Cronos está mal de la cabeza y ni tu ni yo tenemos poderes especiales, al menos que no que yo sepa.
– Yo soy lo más normal que hay en esta vida.
– Lo supuse, entonces nuestra única salida es mantenernos con el lado bueno si no queremos ser vacas reproductoras. Así que teniendo en cuenta que ellos son nuestra única opción, preparé un contrato.
– ¿Contrato?
– Si, nos cuidan y todo, pero ¿Qué hay de nuestras vidas? Literalmente quemaron tu trabajo, tu vida.
– Cata…ellos no quemaron mi local, no sé si siquiera fueron los del bando de Cronos. Pudo haber sido mi ex casero en venganza.
– Bueno, el caso es que prometieron cuidarte y no lo hicieron. Incluso te estuvieron prohibiendo tu salida. Y de mi parte, no pienso dejar de trabajar solo por eso, tengo mi vida, mi trabajo, sí, mi empresa es subsidiaria de ellos, pero eso no quiere decir que haré lo que ellos digan. No me rendiré sin luchar.
Solté un suspiro mientras miraba a Catalina. Ella al ver mi cara, se desinfló al igual que su entusiasmo y su seguridad.
– Bien, es que no sé qué hacer, son manotazos de ahogado, pero no quiero ser manejada por ellos.
– Mira, sé que tienes miedo, pero por los meses que pasé ahí puedo decir que no son tan malos. Podía ir a cualquier lado, con compañía, pero no me lo impedían. De hecho, esta es la primera vez que me prohíben algo.
– No lo sé…
Tomé las manos de mi amiga, sabía lo difícil que ella tomaba el que tomen decisiones por ella, no le gustaba sentirse presionada o acorralada.
– Mira, si quieres hablemos con ellos y deja en claro qué es lo que esperas y qué es lo que no aceptas.
Catalina soltó un suspiro, guardé silencio esperando pacientemente. Tenía que darle su tiempo para que pensara, ella no era el tipo de persona que tomaba decisiones a la ligera, cualquier cosa que pasaba en su vida, tenía que pensarlo y ver si le convenía arriesgarse o no. Luego de unos minutos apretó mis manos con cariño y entonces supe que había tomado una decisión.
------------------------------------------------------------
– Rubí, me alegra por fin tenerte aquí. Catalina, es un gusto poder conocerte al fin. Por favor, tomen asiento.
Ahora nos encontrábamos en la sala de reuniones donde comenzó todo. Contrario a la vez que los conocí por primera vez, no estaban todos los guerreros. Solo estaban Caesar, Adrián, Kaelus, Raelus y Basil. Todos estaban sentados a excepción de Adrián que fue el que nos trajo. Todos estaban mirándonos, unos con curiosidad, otros con diversión, Kaelus como siempre con indiferencia centrado en una Tablet que tenía en manos.
Al fin habíamos decidido venir y hablar con ellos, Catalina y yo nos sentamos, pero en ningún momento soltamos nuestras manos fuertemente agarradas. Ese era un pequeño tic que ambas teníamos cuando éramos niñas. Estaba un poco intimidada, era como si ellos fueran nuestros padres y nosotras, dos adolescentes que se escaparon de sus casas y que ahora volvían arrepentidas y esperando el castigo.
– Tengo entendido que tú eres el líder de todos aquí ¿Es cierto eso?
La sonrisa amable de Caesar se congeló, un atisbo de pánico apareció en su mirada sustituida rápidamente, me miró rápidamente como pidiendo alguna explicación que ahora mismo no podría dar porque estaba igual de sorprendida. Catalina era muy directa, pero esperaba que en este tema al menos fuera un poco más suave.
– No mires a Rubí cuando yo fui la que te hice la pregunta.
– Ehm, sí, no, perdón…es solo que…No lo tomes a mal, Catalina. Es solo que quería saber a qué te estas refiriendo porque no te estoy entendiendo mucho ahora mismo.
– Creo que sí sabes a qué me refiero por la mirada de pánico que le diste a Rubí.
Dios. Trágame tierra y escúpeme en otro continente. Catalina no había empezado muy bien, sabía que era porque ella también se sentía nerviosa y esa era su manera de sobrellevar la situación, pero si no intervenía no acabaríamos pronto.
– Ella ya lo sabe todo.
– ¿Qué… ¿De qué estás hablando, Rubí?
– Le conté todo a Catalina.
– ¿Todo sobre-
– Caesar, le conté todo a Catalina. Sobre ustedes, sobre su enemigo, sobre la razón de mi secuestro. Ella lo sabe todo…toda la verdad.
Y así es como se callaba a seis guerreros inmortales, incluso Kaelus quien seguía concentrado en su Tablet miró hacia nuestra dirección por unos segundos. Por un momento pensé que se quedarían más tiempo quietos, pero Raelus fue el que soltó un suspiro, no supe bien si era por tristeza o alivio, no pude preguntar porque su gemelo fue el que habló primero.
– Bien, no es algo que no tuvimos presente. Cabía la posibilidad que tú no pudieras guardar el secreto de manera adecuada. Entonces ¿Quién le borrará la memoria?
– ¿Qué? Espera, ¿Tuvieron presente que yo no podría guardar silencio? Y espera ¿Qué es eso de borrar la memoria? No van a tocar a mi amiga.