Alicia entreabrió los ojos.
Osvald estaba a su lado, sostenía su cuerpo y lo protegía del caos afuera del castillo.
Alicia intentó levantarse, pero el pecho le dolió – ¿qué ocurrió?
– Deseos – respondió Osvald – miles de ellos, los usaron para entrar al bosque.
Alicia sintió otra punzada y se acurrucó en los brazos de Osvald, más soldados ingresaban al bosque, quemaban los árboles, peleaban – me duele, ¿por qué me duele? – lloró.
Osvald la abrazó – estás conectada con el bosque. El espíritu maestro con forma de tortuga que carga el bosque sombrío y tú comparten sentimientos, si a ella le duele, a ti también – la sujetó con fuerza – no debí dejar que pasara.
Alicia sintió que su conciencia iba a desaparecer una segunda vez y movió los brazos, se sentían muy vacíos – Iker, trae a Iker – susurró.
El poder de Lumus era de color azul y no podía compararse con el de otro mago, Casian comenzó a sentir la presión de la energía que emanaba de su cuerpo, era similar a la suya – ¿de dónde obtuviste ese poder? – lo interrogó en medio de un ataque.
La energía negra de Casian rodeaba el lugar y quemaba la tierra mientras la magia de color azul creada por Lumus formaba un escudo impenetrable – no te interesa – le respondió – y te sugiero, no distraerte – extendió sus manos, la vara quedó en el medio, aun suministrando energía al escudo y mientras, Lumus creó una llamarada de fuego.
Casian soportó el golpe sin que su ropa se alterara, porque estaba hecha de magia y siguió con el ataque.
En la batalla aún no se veía un claro vencedor, era lo mismo para los soldados que se enfrentaban a los espíritus del bosque, sin embargo, esa realidad estaba por cambiar. Porque mientras los soldados eran heridos o morían, los espíritus corruptos regresaban a sus formas originales y seguían peleando.
Mientras todos peleaban, Vladimir logró abrirse paso al castillo, bajó de su caballo, le dio un golpe para que se alejara y subió los escalones.
El castillo tenía una forma muy inusual. Cada habitación tenía un techo bastante alto, de entre tres a seis metros, supuso que era la forma en que el rey demonio demostraba su arrogancia, pero en realidad, ese diseño estuvo a cargo de Alicia y ella, como toda ave que necesitaba extender sus alas y volar, quería espacio.
Vladimir siguió subiendo hasta llegar a la parte más alta y ahí, vio a Esmeralda.
– Hermano – le dijo y una lágrima bajó por su mejilla, porque el chico rebelde que recordaba se había convertido en un hombre mayor, con el cabello canoso y el rostro marcado por las arrugas.
El paso del tiempo era inevitable para todos, excepto para ella.
Vladimir también la miró y al tocar su rostro sintió que era imposible, ¡cómo podía ser!, su hermana que desapareció por treinta años, lucía exactamente igual – fue ese monstruo.
Esmeralda lo abrazó con más fuerza – papá y mamá – susurró.
Vladimir no tenía palabras para explicarle la forma en que se fueron, la enfermedad de su madre, o el hecho de que pasaron toda la vida peleando – ya no importa, ahora que estás con nosotros te llevaré a ver su tumba, podrás decirles lo mucho que los amas – lloró y se aferró a su hermana, a quien veía después de un largo tiempo.
Esmeralda levantó la mirada, secretamente, también deseaba ver la tumba de sus padres, pero Casian era muy inestable, y no quería pensar en lo que pasaría si ella se iba – diles de mi parte.
– No, lo harás tú, porque te llevaré de vuelta – agregó.
– Vlad – dijo Esmeralda con un tono dulce – no puedo marcharme.
La expresión de Vladimir cambió – ¿de qué hablas? – la miró – es un hechizo, te engañó o puso algo sobre tu cuerpo para que no dejes el bosque – pensó en voz alta y miró de reojo la pelea del rey demonio – lo arreglaré, encontré a un mago que es sumamente poderoso, él le pondrá fin al hechizo y podrás volver conmigo.
Esmeralda negó con la cabeza – no lo entiendes, no hay hechizo. Yo decidí quedarme.
Vladimir la soltó – ¿qué dijiste?
– Que no hay hechizo, yo decidí esto. Vlad, esta fue mi decisión, amo a Casian. Lo amaba desde antes de conocerlo, el héroe que estaba en nuestros libros, el que dijiste que jamás existió. Él es real.
Vladimir se apartó, desde su posición podía ver la batalla – te hechizó, te hizo creer que lo amabas. Lo mataré.
– No – dijo Esmeralda – Vlad, no lo entiendes, no hay hechizo – lo siguió.
Vladimir la empujó y ella cambió al suelo – pensarás diferente, después de que lo matemos el hechizo que puso sobre ti se romperá, verás las cosas mucho más claramente y vendrás conmigo, conocerás a tus sobrinos. Todo estará bien.
Una idea aterradora cruzó la mente de Esmeralda, que Casian asesinara a Vladimir porque su hermano no le dejaría otra opción – detente, por favor, detente – lo siguió usando magia y apareció delante de él, varios escalones abajo – él no es una mala persona, ayuda a las criaturas en el bosque sombrío, ellos…
Vladimir la apartó y siguió caminando.
La batalla entre Casian y Lumus alcanzó un punto culminante y una gran llamarada azul con la forma de un dragón se estrelló contra el bosque.
Las consecuencias de ese hechizo tuvieron un gran impacto en los soldados, en los árboles y en los espíritus puros. Pero el lugar más importante fue en la mente de Alicia y el dolor que invadió su cuerpo.
Osvald se levantó, en su ojo derecho se condensó una lágrima y esta cayó sobre el suelo, después él miró las grandes puertas del palacio y caminó despacio. Los espíritus puros tenían la consigna de proteger y jamás lastimar, aquellos que rompían esa regla, cedían a la corrupción y quedaban fuera de la jerarquía. Lo que pensaba hacer era una transgresión muy grave, porque él era un espíritu guardián y eso significaba que jamás podría ascender a un espíritu maestro.
Pero, ciertamente, no le importaba.
Su cuerpo se cubrió de una luz blanca que creó grandes olas y empujó a los soldados. Todas las batallas se pusieron en pausa, caballeros y magos intentaron resistirse, pero el poder de Osvald era más grande y estaba ligado a la gran tortuga, por lo que rápidamente creó ondas de resonancia entre los árboles y la fuerza aumentó.
Vladimir estaba saliendo del castillo en ese momento y también fue empujado, su cuerpo quedó atrapado contra la pared, no podía retroceder más y conforme la presión avanzaba, sentía que sus huesos se romperían.
Esmeralda lo protegió.
Beatriz alcanzó a ver a Vladimir, pero él arrastró a sus hijos a ese campo de batalla y ahora estaban en peligro. Tomó una decisión difícil, alzó la voz y dijo – retirada.
Sus hijos, Esmeralda y Jeffrey eran más importantes.
De entre todos los magos, Lumus fue el único que no fue afectado por el poder de Osvald, permaneció de pie en el campo de batalla, sin embargo, notó que algo no estaba bien, siguió la mirada del rey demonio y vio al rey Vladimir junto a una mujer, cerca del palacio.
Casian desapareció, su magia le permitió llegar al otro lado y alcanzar a Esmeralda, Lumus lo siguió y también se trasladó al palacio. La magia de Osvald se apagó, todos podían ponerse de pie sin sentir el oleaje de la magia.
Esmeralda giró la mirada – Casian…
En un segundo, Vladimir sacó una daga corta y presionó con ella el cuello de Esmeralda – no te acerques – le dijo a Casian, después miró a Lumus – hay un hechizo en su cuerpo, libérala, hazlo, ¿qué esperas? – le ordenó.
Casian dio un paso al frente, pero Esmeralda negó con la cabeza y movió los labios para decirle – estaré bien.
Después de escucharla, Casian apretó los puños, como le dijo antes, confiaba en ella, pero no confiaba en el resto de los humanos.
– ¡Date prisa! – ordenó Vladimir.
Lumus miró de reojo al rey demonio, que aceptó la amenaza del rey Vladimir y permaneció en su lugar. Otros habrían hecho caso omiso y atacado, sin importarles la seguridad de la princesa.
– Maldita sea, te digo que quites el hechizo.
Lumus resopló, agitó su vara y escaneó el cuerpo de la princesa Esmeralda. Encontró grandes signos de magia, consistentes con los de un espíritu corrupto o un mago, aunque, según sus reportes la princesa jamás practicó la magia. Lo que no encontró, fue señales de un hechizo.
Al ver que Lumus bajaba su vara, Vladimir sintió esperanza, apartó su daga y giró los hombros de Esmeralda.
La mirada en su rostro no había cambiado, tampoco el gesto dulce – te extrañé mucho, quería verte desde hace tiempo y temí que jamás tendría la oportunidad. Pero te equivocaste al creer que me hechizaron, quedarme fue mi decisión.
– Entiendo – dijo Vladimir y miró a Lumus – no hiciste tu trabajo. Tenías que quitar el hechizo, pero te pusiste de su lado.
Lumus rodó los ojos – piensa lo que quieras.
Vladimir intentó atacar a Lumus, pero fue un ejercicio inútil, la fuerza de su espada, aunque tuviera una gema creada a partir de las lágrimas de un espíritu puro, no era rival para la magia.
Lumus rechazó su intento de ataque y lo miró de forma despectiva. Un rey que inició una guerra para proteger a su hermana y luego colocó una daga sobre el cuello de esa supuesta hermana, no merecía su tiempo.
Esmeralda se sintió culpable por la locura de Vladimir y Casian la detuvo.
Al otro lado del castillo estaba Osvald, sus ojos se habían vuelto rojos y la forma de conejo le fue arrebatada, lo que quedó en su lugar fue un tatuaje en el brazo con tinta negra, eterno recuerdo de la forma que solía tener. No importaba, porque había logrado su propósito.
O eso pensó.
De regreso en la habitación de Alicia vio una planta colosal que crecía en el centro de la habitación, había nacido de la lágrima que él derramó y se estaba convirtiendo en un segundo árbol de la vida. El problema era que absorbió el cuerpo de Alicia.
– No – soltó una vez y corrió – no, no – intentó buscarla, podía ver trazos de la tela de su vestido. Por eso sabía que ella estaba ahí – no, devuélvela – gritó.
La tortuga sintió su dolor.
La tierra tembló y Vladimir cayó al suelo, lo había entendido, no era rival para Lumus y él no le mentía, su hermana no fue hechizada. Aún no.
– Lanza un hechizo – susurró – me la llevaré mientras tú peleas con el rey demonio, lanza un hechizo sobre mi hermana y duérmela – susurró.
Lumus miró a Esmeralda en los brazos del rey demonio, él tocaba su cuello muy suavemente, buscando cualquier tipo de herida y ella sonreía. Lumus comprendió que estaba en el lado equivocado de esa batalla.