La guardiana de la historia Parte4

1920 Words
La zona prohibida consistía en un sendero curvo que conducía a un espacio circular. Gracias a su forma la luz de las llamas de Istia no llegaba a ese punto y era fácil perderse y golpearse contra las paredes. Sumia encendió pequeñas llamas para seguir en el camino. Al llegar, Vasto tuvo un mal presentimiento, no le gustaba ese lugar – ¿en dónde estamos? Antes de responder Sumia iluminó la cámara y apareció un gran pilar justo en el centro – aquí es donde Istia guarda la historia de su vida – dijo Sumia – ella personalmente extrajo sus relatos del resto de la historia de los espíritus y trajo todos aquí para tenerlos reservados. Nadie lo toca sin autorización. – ¿Por qué me trajiste? – Para advertirte que no lo toques – anunció Sumia – eres muy curioso y no quiero que un día te pierdas, llegues aquí y toques el pilar. Sería muy molesto. Por eso te traje y ahora, seguiré con mi tarea. Soy la responsable en ausencia de Istia, nos vemos. Se fue y lo dejó en ese lugar. Vasto tragó saliva, como dijo Sumia, ese lugar estaba prohibido y el hecho de que Istia, personalmente hubiera traído sus relatos a ese pilar y lo hubiera mantenido en la oscuridad, era bastante evidente. Él no debería estar ahí. Durante un largo tiempo su curiosidad empujó detrás de su cabeza y, como si la piedra lo llamara…, presionó sus manos con fuerza. “Deseo ser un espíritu maestro. Lo he pensado por un largo tiempo y tendré la forma de un dragón” Los relatos comenzaban con Istia siendo un espíritu menor en las montañas del espíritu rey del fuego. Su tamaño era muy pequeño y no era muy diferente de otros espíritus que volaban y alimentaban el volcán, pero ella tenía un sueño, el de convertirse en un gran dragón rojo. Sus ideales brillaban y llenaban la parte baja del pilar, pero al ir bajando, Vasto se topó con cierta melancolía. “Cuando comprendes que lo que haces no importa, pierdes la voluntad de hacerlo. Cada día es igual al anterior, la historia trasciende, ya sea que yo esté aquí o no” Los conflictos avanzaron y pronto, Vasto se encontró con un relato sumamente importante que puso su piel fría. “Llamaron a una asistente porque me negué a hacer mi trabajo, como si importara realmente. Lo que haga aquí, lo que haga por el resto de mi vida no tiene significado. Al final, mi sueño de ser un espíritu maestro es imposible. Los guardianes de la historia necesitan su forma humana, yo viviré eternamente siendo una guardiana” Vasto apartó su mano y voló para buscar a Sumia. – ¿Por qué ella no me lo dijo? – reclamó. Sumia se escandalizó – tocaste el pilar, después de que dijera que no podías hacerlo, ¡cómo pudiste! – Cállate y responde. El tono altanero hizo enojar a Sumia, no importaba que Vasto fuera el heredero, ella seguía teniendo más poder, pero no se sintió cómoda quedándose callada y cruzó los brazos – tendrás que ser más específico, ¿qué es lo que ella no te dijo? – Los guardianes de la historia no pueden ascender a espíritus maestros. Sumia asintió – siendo honestos, ser un espíritu maestro es algo que muy pocos logran, tal vez uno o dos espíritus cada siglo, de los millones que hay – suspiró – aunque rechaces la posición es posible que nunca lo logres. – No hablo de mí, es ella, Istia quiere ser un espíritu maestro, ella lo desea desde que era niña, pero no puede porque es la guardiana de la historia – hizo una pausa – si yo tomo su lugar y ella abandona esta cueva, por fin podrá ser un espíritu maestro – sonrió. – No – declaró Sumia y suspiró – después de que tú seas ascendido, Istia será lanzada a la penumbra, si logra sobrevivir, renacerá, si no lo hace…, se convertirá en viento, energía, calor y será parte del inmenso espíritu incorpóreo de la tierra. Vasto agrandó los ojos – ¿por qué?, ¿por qué le harán eso? – Nadie se lo está haciendo, ella lo decidió. La reunión terminó e Istia estaba cansada, pero también, muy impresionada. Los susurros revelaron que Osvald, el espíritu guardián del bosque sombrío seguía con vida después de huir hacia la penumbra y de seguir así, podría convertirse en el primer espíritu en lograr atravesarla. Era bastante impresionante. – Hay algo que me intriga – dijo Vitalis – Sumia, tu asistente. Ella es un espíritu con experiencia; no necesita ser entrenada. ¿Por qué, entonces, traer a un espíritu ajeno y tardarte años entrenándolo? Istia detuvo su andar y se giró para mirar a Vitalis. Se tomó un instante antes de responder – Sumia y yo éramos amigas desde nuestros tiempos como espíritus errantes. Ascendimos juntas a espíritus menores, compartimos responsabilidades y promesas. En aquel tiempo, confiábamos la una en la otra – un día el espíritu rey del fuego lanzó dos convocatorias, una era para guardar la historia, otra era para consolidar el volcán. Vitalis asintió – recuerdo esa época, un volcán hizo erupción debido a un terremoto y se tomaron medidas para evitar que volviera a suceder. Istia asintió – Sumia recibió la convocatoria y me dio las instrucciones para ir al volcán, se suponía que nos veríamos más tarde, pero ella tenía una tarea, así que yo salí primero. La fila era corta, preparé mis llamas y juré que amaría cumplir con la tarea, pero me hizo sentir un poco triste el ver que Sumia no llegaba. Cuando la convocatoria terminó usted me eligió como guardiana de la historia. Fue cuando entendí que Sumia me dio mal las instrucciones, para que yo no fuera su competencia. Mi habilidad de fuego siempre ha excedido la suya. Istia bajó la mirada y el silencio se sintió pesado. Vitalis, que no conocía esa parte de la historia, lamentó haberlo escuchado, pues fue él quien eligió a Sumia como su asistente, creyendo que ambas eran amigas, lo que le daba otra interrogante – dime, ¿por qué Sumia no se convirtió en la guardiana del volcán? Istia sonrió – ella fracasó, me quitó del camino, pero había otros espíritus mejor preparados a los que no pudo engañar. – Te alegra su fracaso. – Mucho, ella traicionó mi confianza, por eso sé que le dejaría la historia a cualquiera, menos a ella. – ¿Vasto es cualquiera? – De ninguna manera, él es inteligente, curioso, intuitivo. Hará mi trabajo mejor que yo – anunció con una sonrisa. Ambos volvieron a las cuevas. Vasto y Sumia los esperaban en la entrada, ambos tenían expresiones complicadas, pero serias. Vitalis miró al aprendiz y declaró – tu maestra ha hablado maravillas de ti y es mi trabajo decidir si estás listo o no para enfrentarte a este desafío – lo miró – dime, ¿estás listo? – Eso espero – respondió Vasto. Istia supuso que su aprendiz estaba siendo humilde y lo animó. – Bien, la prueba comenzará ahora. Istia lo abrazó – confío en ti – dijo – dejaré la historia en tus manos. – Aún debe pasar la prueba – advirtió Vitalis. Vasto fue reacio a soltarla. Lo hizo tras una breve pausa y siguió a Vitalis para inspeccionar los pilares. Era el momento de demostrar que todo el aprendizaje, la paciencia y las lecciones de Istia no habían sido en vano y el resplandor de los pilares se volvió más brillante. Istia levantó los brazos – será pronto, me iré de este lugar – lo dijo con esperanza, aunque sintió melancolía. Al inicio, todo parecía ir bien. Vasto movía los fragmentos con precisión, acomodaba voces, equilibraba conflictos entre historias contradictorias y preservaba cada detalle con el cuidado que Istia le había enseñado. La luz de los pilares brillaba en respuesta a sus decisiones, y el río de voces resonaba en una armonía que le infundía confianza. Pero pronto, algo pasó, la historia se tergiversó y los relatos cambiaron de lugar causando un curso diferente, el pilar que estaba siendo ordenado tembló, al sentir que la historia no fluía como debía y Vitalis fue quien ordenó los relatos para evitar el colapso. El decreto fue – no está listo. Istia levantó la mirada, consciente de que Vasto se había puesto nervioso y había cometido un error tonto, un error que nunca antes habría cometido. Vitalis suspiró y miró al chico con tristeza – lo lamento. Istia corrió a abrazarlo – está bien, hiciste lo que pudiste. – Su habilidad es notable, pero la paciencia, la claridad y la conexión con la totalidad de la historia aún requieren tiempo y experiencia. Istia lo abrazó con más fuerza, sintiendo que no hacía falta criticarlo, él se había esforzado mucho, era lo más importante. Vitalis se fue e Istia permaneció junto a Vasto. – Habrá otras oportunidades, esto fue un pequeño tropiezo – le acarició la cabeza – dime, ¿hay algo que te gustaría? Vasto alzó la mirada – quiero bailar. – ¿Eh? – Lo hacíamos constantemente, pero desde que ascendí a espíritu mayor, no has tocado el pilar de la música. – Bueno…, eso es… Vasto se levantó, voló entre los pilares y presionó con las manos diferentes notas dentro del pilar de música, agregando autores y compositores de la última década y trayendo instrumentos que se sabían olvidados. Istia suspiró – y tú reprobaste el examen. Vasto atrapó la cintura de Istia y la invitó a bailar. Ella sonrió y dejó aparte el shock que sintió al comprender que su pequeño aprendiz era más alto que ella y podía sostenerla. Ambos bailaron en celebración por una oportunidad que se perdió, pero que se repetiría más adelante. Istia tenía fe en su aprendiz. Sin embargo, diez años después Vitalis repitió la prueba y Vasto volvió a fracasar. La tercera vez ocurrió cinco años más tarde y tuvo el mismo resultado. En esa ocasión Istia no se sintió con deseos de consolarlo ni de decir palabras amables. La timidez, el nerviosismo y la mala suerte ya no funcionaba como excusa. La realidad era muy evidente y clara. Vasto era un profesional y quien sabe todas las respuestas correctas, puede elegir fácilmente las incorrectas. – ¿Por qué? Vasto ya había encendido el pilar de música y al voltear la mirada se encontró con el ceño fruncido de Istia. – Dime, ¿por qué lo estás haciendo? La tensión aumentó y las llamas brillaron con más fuerza. Istia no estaba tranquila, después de décadas juntos no había espacio para el engaño, Istia quería creer que no lo había. Una lágrima bajó por la mejilla de Istia, la primera vez lo consoló, la segunda vez lo animó, le dijo que no había otra cosa más que aprender, crecer y seguir juntos en ese camino. Pero decirlo en esa ocasión era igual a tapar el sol con un dedo. – Por años me has demostrado que tienes un completo dominio sobre este lugar, tienes paciencia, tu juicio y comprensión han alcanzado la perfección, pronto ascenderás a espíritu guardián y… ¿esperas que crea, que has reprobado esa ridícula prueba? Vasto bajó la mirada. – Responde ahora y dime, ¿cuáles son las consecuencias del engaño?, históricamente, ¿qué súbdito ha vivido después de engañar a su rey? – No quiero perderte – soltó Vasto – no quiero separarme de ti.
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