La princesa que nunca volvió Parte1

1826 Words
Había una vez, en un castillo oculto por árboles mágicos y tan antiguos que se decía que fueron sembrados por el mismo espíritu rey del bosque. Vivía una princesa. Su origen se perdía en el paradigma del tiempo y sus ojos se abrían cada mañana en una bruma escondida. Su nombre era Esmeralda. Todo en el bosque Sombrío parecía eterno, aunque el escenario cambiaba a medida que la gran tortuga avanzaba, el ir y venir del tiempo se torcía, parecía avanzar y retroceder sin lógica. La ventana alargada se abrió de golpe respondiendo a la entrada de Alicia, la antigua bruja del bosque sombrío, la joven de cabello plateado y alas negras que se transformaban en brazos una vez que sus pies tocaban el piso. En su cola traía un libro de cubierta gruesa. Esmeralda lo tomó y revisó la portada – ¿de dónde lo sacaste? Alicia soltó un largo resoplido – se dice, “gracias” Esmeralda bajó la mirada – gracias. Ella era la princesa, también era la esposa del rey demonio, pero entendía que Alicia era una existencia inexplicable, una bruja que murió muchos años atrás, estática gracias a la magia del bosque sombrío. No quería hacerla enfadar. Pero ella seguía sin responder su pregunta – Alicia, el libro, ¿de dónde lo sacaste? Sobre la mesa estaba un conejo blanco y a su lado había una canasta, cada tanto el conejo saltaba fuera del castillo, tomaba una manzana y la ponía en la canasta, repetía el proceso una y otra vez hasta que Alicia llegaba y le acariciaba la barbilla. – Gracias – susurró Alicia y tomó una de las manzanas después de limpiarla con la tela de su vestido. Después se giró – lo traje de la biblioteca de una escuela muy grande. Antes dijiste que cualquier libro estaba bien. Esmeralda dijo eso porque no quería hacer enfadar a Alicia, pero viéndolo más de cerca, tuvo ciertas dudas. La portada de cuero, el grabado, la nitidez de las letras y el contenido. Un tratado sobre plantas espirituales creadas a partir de las lágrimas de los espíritus. Era muy confuso. Con una mirada Esmeralda recorrió los libros que tenía y todos lucían muy viejos – debe ser por la magia – susurró – los trajiste hace tres años y se han deteriorado mucho – dijo al pasar los dedos por la superficie. Alicia, que estaba mordiendo una manzana, se detuvo y miró a la princesa – yo, iré a dar un paseo, vamos Iker – llamó a su conejo, lo cargó y extendió sus alas para dar una vuelta por el bosque sombrío. En esos últimos años ganó un poco de libertad, ya no estaba totalmente atada al bosque sombrío, sin embargo, cada vez que salía lo que el resto de los humanos veían era un cuervo. No a una persona, y ganó esa libertad gracias a que notó un hechizo del rey demonio y decidió guardar silencio. La princesa Esmeralda no llevaba tres años atrapada en el palacio. Ella había estado ahí por treinta años. Su piel no mostraba huellas de fatiga, y sus cabellos seguían resplandeciendo con el mismo brillo dorado que tenía en la primera noche, pero su mente había perdido la capacidad de percibir el paso del tiempo, por eso, aunque tenía treinta años de recuerdos, no podía comprender esa cantidad de tiempo. Durante el paseo de Alicia, Esmeralda salió al jardín y pensó en Vladimir. Él debía tener diecinueve años y probablemente esté pensando en casarse. Sería lindo tener noticias suyas, también de sus padres y de las personas que conoció en la corte, como Casandra, la maga del palacio y Beatriz. Por la noche fue la hora de la cena. Esmeralda llegó al comedor y vio a Casian – llegaste – sonrió. Casian la abrazó – lamento la tardanza, últimamente hay muchas barreras creadas por magos. Antes de que el bosque Sombrío pueda avanzar, debemos analizar el trayecto y evitar los peligros. Esmeralda suspiró – podrías quedarte por más tiempo, siento que acabábamos de llegar a este valle y ya debemos irnos – volvió a suspirar. El bosque sombrío había estado en ese valle por cinco años. Casian lo sabía, pero eligió no decirlo y acomodó la silla de Esmeralda para que ella pudiera sentarse a comer. – Encontré un espíritu nuevo, estaba perdido después de que un espíritu corrupto asesinara a su espíritu guardián y decidí permitir que se quede en el bosque. Ante esa noticia, Esmeralda sonrió. No importaba que el mundo lo hubiera llamado “rey demonio”, la hacía feliz recordar que Casian no era un monstruo, sino un hombre noble. Un caballero que aguardaba debajo de esa apariencia y de la magia oscura que lo cubría. – Pensé que podría gustarte. Esmeralda dejó de comer para prestarle más atención – ¿por qué?, ¿qué tipo de espíritu es? Lo curioso del recién llegado no era su naturaleza, sino sus habilidades. Este nuevo espíritu llamado Mogin, con la forma de un lagarto, sabía tocar el piano. Esmeralda escuchó las notas y observó la forma del espíritu. No tenía palabras para describirlo y jamás había visto algo igual, pero apreció cada nota y abrazó a Casian – ¡bailemos! Casian la miró un poco asustado – yo jamás. – Te enseñaré – dijo Esmeralda y tomó su mano. Habían pasado más de quinientos años desde que Casian vivió entre humanos y tenía pocos recuerdos de bailes, pero Esmeralda estaba muy feliz y últimamente todos sus días eran brillantes. Desde el momento en que despertaba en la habitación abrazada por Casian, los horarios de comida, sus pasatiempos y los objetos que Alicia traía para ella en base a sus descripciones. Hasta el momento en que regresaba a la cama y Casian la abrazaba. En ocasiones todo comenzaba con un beso, una caricia y un gesto de silencio, pero otras noches Esmeralda veía a Casian volver con una expresión de enfado, sus besos esas noches se volvían más apasionados y agresivos. Su tiempo juntos se deslizaba como la balada de Mogin, lenta, suave y dulce por varios momentos, justo antes de volverse acelerada, errática y golpeada. Pero al final, siempre terminaba con una nota suave y prolongada que la hacía volver a sus brazos. Amaba vivir en el bosque sombrío, pero había una sombra que no podía evitar mirar. Sus libros se deterioraban, sus plantas se convertían en árboles y la tela de sus vestidos se desgastaba, pidiéndole nuevas telas, nuevos bordados y entonces, la duda la carcomía. – ¿De dónde sacaste esto? – preguntó Esmeralda. Y Alicia respondía – se dice, ‘gracias’. Lo saqué del mercado. Pagué con dinero, no lo robé – se encogió de hombros. Esmeralda bajó la mirada hacia el bordado y tomó una lupa para observar los remaches, los tonos y el acabado. La duda fue creciendo, temblorosa, como la flama de una lámpara de aceite y un día no pudo negarlo más. Esperó a la hora de la cena, vio llegar a Casian, se levantó y lo miró muy fijamente – ¿cuánto tiempo he estado viviendo en este castillo? Casian la abrazó – el tiempo es como un río. – No fue lo que pregunté – reclamó Esmeralda – ¿cuánto tiempo?, días, años, meses – hizo una pausa y se humedeció los labios – décadas. Dime la verdad. Casian la soltó – el tiempo no importa. – Sí importa – alzó la voz – al principio pensé en escribirles a mis padres y a mi hermano. Aún pienso en ellos. Vladimir todavía es muy joven – hizo una pausa, porque nuevamente, sintió que el tiempo la estaba traicionando y una idea aterradora cruzó su mente – tal vez…, siglos. Mi familia, ¿siguen vivos? Casian suspiró – no han sido siglos. Fueron treinta años. Esmeralda se cubrió la boca con las manos y lloró. Después giró para no ver el rostro de Casian. Treinta años… El silencio se volvió espeso. Treinta años. Sus lágrimas no sabían si caer por el presente o por el pasado. Sus padres eran bastante mayores, treinta años era mucho tiempo – tenemos que regresar. – No. Esmeralda lo miró – quiero ver a mi familia. – Dijiste que te quedarías – dijo Casian y la energía que cubría su cuerpo vibró ante la tensión. Esmeralda negó con la cabeza – no lo estás entendiendo. Querer irme y visitar a mi familia son cosas diferentes. Merezco verlos, saber qué ha sido de ellos, ¡no lo entiendes!, mis padres podrían estar muertos. – Lo están – dijo Casian sin una gota de empatía por el dolor de Esmeralda – están muertos, no necesitas regresar ni preocuparte por ellos – intentó tocarla, pero ella retrocedió. Esmeralda no podía dejar de llorar – ¿por qué lo hiciste? La explicación era muy obvia, pero también muy egoísta – no quería que te fueras, sabía que si ibas a visitarlos ellos no te dejarían ir. No podía arriesgarme. – Te dije que me quedaría. Debiste confiar en mí – reclamó Esmeralda con lágrimas en los ojos. Todo a su alrededor se sintió como un engaño. No era posible que hubieran pasado treinta años, pero al mismo tiempo, esa verdad era la única que tenía sentido. Porque en el fondo de su corazón, lo sabía. Los libros, el detalle en los grabados, las técnicas de costura. El mundo evolucionaba y ella lo veía en los objetos que Alicia traía consigo. Su corazón se hundió. – Debo tener cuarenta y seis años, pero no tengo arrugas, tampoco canas. Mi rostro es el mismo – miró a Casian con una expresión desafiante – dime la verdad, ¿estoy muerta? – No lo estás – respondió Casian muy de prisa y sin dejar lugar a dudas. Esmeralda sintió un poco de alivio – mi apariencia, ¿es una ilusión? – No. Es magia. – ¿De qué depende ese poder?, ¿algún día envejeceré? – Mientras yo viva, tú vivirás. Esmeralda se talló los ojos – mi hermano, ¿él sigue vivo? Casian asintió – se casó con una mujer llamada Beatriz y tuvo dos hijos. El engaño tocó una fibra muy sensible – lo sabías, has estado al pendiente de mi familia y en treinta malditos años, jamás pensaste que yo querría saber de ellos – gritó. Y soltó un alarido. Casian aún temía que Esmeralda quisiera irse – debía hacerlo. Para evitar que te fueras. – Yo decidí quedarme – dijo Esmeralda y presionó su pecho con fuerza – te elegí a ti y no fue fácil. No tienes idea de lo difícil que fue para mí tomar esa decisión, pero lo hice. Todo lo que quería a cambio era un poco de sinceridad. Pudiste dejarme saber de ellos. Aún son mi familia – lo miró con cierta ternura, pero también con dolor – igual que tú. O eso fue lo que pensé.
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