La guardiana de la historia Parte5

1962 Words
El rostro de Istia se transformó instantáneamente. La sorpresa dio paso a un fuego silencioso que se encendió en sus ojos. Sus labios temblaron antes de emitir una palabra – ¿qué has dicho? Vasto avanzó hacia ella, con un hilo de preocupación en la mirada, pero sin retroceder – si yo tomo tu lugar, nos separaremos, eso no es lo que quiero. Deseo quedarme a tu lado. Ambos podemos, no necesito ascender, puedo ser tu asistente, tú seguirás siendo la guardiana de la historia. Sé que no puedo ayudarte a convertirte en un espíritu maestro, pero al menos, no quiero separarme de tu lado. Istia dio un paso atrás, su pecho temblando con una mezcla de incredulidad, furia y dolor. Su voz, generalmente serena y medida, se quebró – tú…, estuviste en la zona prohibida. Vasto asintió e Istia le dio una cachetada. – No tenías derecho – habló Istia con la voz temblando entre el llanto y la rabia – todo lo que hemos pasado juntos. Y tomaste la decisión por tu cuenta. Dime, ¿qué tanto miraste? – Istia…, yo… – No digas mi nombre – lloró – fui yo quien te buscó, ningún espíritu rey me obligó, yo te elegí como mi sucesor para dejar este mundo porque así lo decidí, desde antes de conocerte. Y tú te atreviste a tomar decisiones en mi nombre. Vasto dio un paso atrás, comprendiendo finalmente la magnitud de su error. No había manera de revertirlo, Istia ya no confiaba en él – lo lamento. – Sal de mi vista – pidió Istia – a partir de ahora, ya no eres mi aprendiz. Yo buscaré a alguien más. Vasto sintió miedo e intentó acercarse a ella, pero Istia estaba furiosa, se convirtió en un ave y sopló aire caliente que se esparció por todo el interior de la cueva. Vasto salió volando. Su deseo de estar a su lado se había convertido en el veneno que los separó. Cuando él fue expulsado, Istia se dejó caer sobre el suelo y se recostó por un largo tiempo. No tenía deseos de cumplir con su deber, tampoco deseaba ir en busca de otro aprendiz. Solo quería llorar. Afuera, Vasto descubrió que ya no podía entrar a las cuevas y desesperado, buscó al espíritu rey de la vida. Sin embargo, no cualquiera podía tener una audiencia con un espíritu rey, y dado que Vasto era un espíritu menor, su petición tardó dos meses. En ese día, Vitalis lo miró – veo que has venido por tu cuenta, dime, ¿qué necesitas? – Mentí, fallé la prueba a propósito. – Lo sé. – No solo esta vez, fallé todas las pruebas adrede. – Lo sé – respondió Vitalis. Vasto lo miró, confundido – si usted sabía que lo hice a propósito, ¿por qué dejó que me saliera con la mía? – Me quedó claro que no deseabas ser el espíritu guardián de la historia y en ese caso, no tuve más que rechazarte, por lo que, realmente fallaste. Vasto bajó la mirada – dígame, ¿hay una forma en que Istia pueda ser un espíritu maestro?, aún puede ser guardiana de la historia, tiene la habilidad. Limitarla es injusto. Vitalis lo miró con ternura – coincido, sin embargo, hay un problema. No fui yo quien puso esa limitante. Vino del espíritu rey del fuego, él es quien limita a sus espíritus, si dejan sus dominios, no se les permite ascender. Vasto repasó lo que sabía y miró al espíritu rey de la vida – entonces, si convenzo al espíritu rey del fuego, él podría levantar esa limitante. Vitalis se sorprendió – sería una gran hazaña, especialmente para un espíritu mayor. Dime, ¿realmente crees que podrás hacerlo? Vasto frunció el ceño – no soy cualquier espíritu mayor – dijo y salió volando. En el cielo se anunció una tormenta. Las montañas del espíritu rey del fuego eran grandes volcanes a los que los humanos no se acercaban, los espíritus errantes trazaban líneas en su camino y en el cielo, había una gran tormenta. Siendo un espíritu mayor, le prohibieron el paso al interior del volcán y él bajó la cabeza – soy el espíritu aprendiz de la guardiana de la historia, necesito ver al espíritu rey del fuego. Los espíritus errantes transmitieron su mensaje, a diferencia del espíritu rey de la vida, donde Vasto tuvo que esperar dos meses, el rey del fuego no recibía muchas visitas y lo aceptó sin preámbulos. El calor de la lava era insoportable, aunque para el espíritu rey del fuego, era algo común. – ¿Qué es lo que buscas? – le preguntó. Vasto tragó saliva – soy el aprendiz de la guardiana de la historia y quiero pedirle un favor. – ¡A mí! – reclamó el espíritu rey del fuego. – Usted desea saber por qué ocurrieron las erupciones y yo tengo la respuesta – dijo Vasto y alzó la mirada. El gesto del espíritu rey del fuego se mantuvo en silencio y observó detenidamente a Vasto, al final dijo – explícate. – Todo está conectado – respondió Vasto – las decisiones que una persona toma lo afectan no solo a sí mismo, sino a todos los que están a su alrededor de una forma directa y al resto del mundo de una forma vaga – sus manos dibujaron en el aire mientras hablaba – las erupciones de volcanes, las tormentas, los terremotos. Todo está conectado a la penumbra y al alma que lucha contra la marea. El espíritu guardián del bosque sombrío. El espíritu rey del fuego se levantó de su trono para observar los dibujos y mirar los hilos que Vasto trazaba. – Un pequeño cambio en las llanuras de la penumbra provoca ondas que se esparcen por el reino espiritual. Mientras él siga atrapado, habrá más desastres. Pero, si logramos interrumpir el flujo y aislar la penumbra dentro de una capa de tiempo cíclico, dejará de afectar la energía espiritual y su lucha ser independiente. El espíritu rey del fuego lo miró muy fijamente – ¿qué quieres a cambio? – Quiero que retire sus limitantes y permita que la guardiana de la historia se convierta en un espíritu maestro. Era bastante sorprendente que su petición beneficiara a otra persona y no a él, sin embargo – no lo haré – dictó el espíritu rey del fuego. – Pero esto lo afecta a usted, más que a nadie. – Lo sé, sin embargo, eso que dibujas en el aire, no puedo esperar treinta años a que uno de mis espíritus guardianes lo aprenda. Vasto comprendió el mensaje oculto en las palabras del espíritu rey del fuego y respondió – yo me haré cargo. Ya no soy más el aprendiz de la guardiana de la historia, me quedaré aquí y dirigiré la misión. El espíritu rey sonrió – me parece una sabia decisión. La noticia se esparció y numerosos espíritus descubrieron que el espíritu rey del fuego había robado al aprendiz de la guardiana de la historia. Sumia voló de prisa – maestra – dijo con una gran sonrisa que debía borrar para evitar confusión – maestra, lo siento tanto. Istia se levantó – ¿qué ocurre?, ¿por qué tanto escándalo? – Maestra, es Vasto…, se ha convertido en servidor del espíritu rey del fuego. Istia terminó de despertar, abrió los ojos, miró a Sumia y salió volando de prisa. Dejó las cuevas sin pensarlo y sin terminar su trabajo, al que había ignorado desde varios días atrás. Siguió entre las montañas y cuando llegó a los dominios del espíritu rey del fuego. Le prohibieron la entrada. Istia miró a los espíritus errantes sin comprender. – No puedes pasar. La orden ha sido dada: no se permitirá tu entrada bajo ninguna circunstancia. Istia frunció el ceño, sorprendida y furiosa al mismo tiempo. – ¿Quién dio la orden? El líder de los errantes alzó una mano y detuvo su avance – la orden proviene directamente del espíritu guardián Vasto – dijo, cada palabra resonó con autoridad – Él ha decidido que no se te permita el acceso a la montaña. El corazón de Istia se detuvo un instante, y un sentimiento de traición se mezcló con la confusión y la ira. Cada fibra de su ser deseaba avanzar, confrontar a Vasto, reclamar explicaciones, pero los espíritus custodiaban la entrada y si ella se atrevía a revelarse, los espíritus errantes serían castigados. Ellos no tenían la culpa. Con lágrimas en los ojos, dio marcha atrás. La montaña de fuego vio nacer una nueva posición, una que prometía separar la penumbra y aislar la batalla del guardián del bosque sombrío. En un inicio Vasto pensó que el espíritu rey del bosque sería su enemigo, pues, por los relatos, él sabía que fue él quien creó el bosque sombrío y quien eligió a su guardián. Sorpresivamente, y aun sabiendo que, con su trabajo, sería más difícil que el espíritu guardián del bosque volviera, el espíritu rey lo aceptó. Sin más objeciones, Vasto continuó con su misión a puertas cerradas. De vez en cuando recibía noticias de que Istia había ido a verlo, pero él se negaba a recibirla y continuaba concentrado en su tarea. Al mismo tiempo, Istia descuidaba el suyo. – Me han dicho – dijo el espíritu rey de la vida – que tu asistente se ha hecho cargo de la historia durante el último año. Istia no necesitó preguntar quién le había dicho eso. Claramente fue Sumia. – También, he escuchado que perdiste a tu aprendiz, que pasas los días recostada y que no has abierto los pergaminos que te hemos enviado. Uno de esos pergaminos debe decir que el espíritu del fuego ha quitado las limitantes a tu poder, eres libre de buscar la ascensión a espíritu maestro. Mi querida guardiana – dijo, después de una breve pausa – ¿qué has decidido? Una lágrima bajó por la mejilla de Istia, no había ignorado toda la historia, había pequeños relatos que aún revisaba, como los espíritus errantes que visitaban a Vasto, lo importante que se había vuelto en la montaña de fuego y la teoría detrás de su misión de alejar a la penumbra. Y sí, ya había tomado una decisión. Después de ochenta años de duro trabajo, Vasto descansó. Su apariencia era la de un joven adulto, su cabello era más largo y su energía más fuerte. Los espíritus errantes pasaban por su lado y bajaban la cabeza con solemnidad. Los espíritus menores se desplazaban alrededor mostrando respeto, y así había sido desde hacía mucho tiempo. Sin embargo, aún le faltaba algo. El espíritu rey del fuego lo miró – veo que has terminado. Vasto asintió – la penumbra fue encapsulada, no tendremos más problemas derivados de esta falla de energía en el futuro. – Buen trabajo – anunció el espíritu rey del fuego – ahora, informarás este hallazgo en la junta con los otros espíritus reyes. Felicidades, mereces el crédito – sonrió con orgullo – mi aprendiz. Vasto sintió una punzada en el pecho, porque quien le enseñó todo lo que sabía no fue el rey del fuego, sino Istia. Pero ese era el destino que había elegido, a cambio de que ella pudiera ascender. Al pensar en ella lo supo – la guardiana de la historia, ¿estará en la reunión? – Desde luego. Tras una larga pausa, volverían a verse. En el camino Vasto dejó volar su imaginación y su corazón latió con fuerza, no podía esperar para verla y se preguntaba si ochenta años habían sido suficientes para que ella pudiera ascender. De ser así, ansiaba verla. La reunión comenzó y al buscarla con la mirada Vasto vio a la guardiana de la historia, también conocida como Sumia.
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