Paulina Corrí sin rumbo, lejos de esa mansión horrible, sin entender cómo había llegado tan lejos. Me subí al primer taxi que encontré, tan desesperada que ni siquiera llevaba dinero conmigo. Al llegar al burdel, le pagué al taxista con lo que una de las chicas me prestó, ya que el viaje había durado más de una hora era costoso. Me encontraba en estado de shock, incapaz de procesar lo que acababa de presenciar. El lider de la camorra estaba muerto, y yo había sido testigo. No entendía qué había sucedido; el hombre no tenía heridas de bala, pero sus hombres sí. Estaba completamente confundida. Al llegar a mi habitación, me di cuenta de que mi pequeño Diego no estaba allí. El caos me envolvía, y mi mente no lograba descifrar lo que ocurría a mi alrededor. Sin dudarlo me acerqué a buscar

