En estos dos años desde la partida de mi madre, mi vida ha tomado un giro inesperado. Me veo atrapada en una realidad que nunca imaginé, trabajando en el oscuro mundo de la prostitución para sobrevivir. Cada noche, enfrento la cruda realidad de intercambiar mi dignidad por unas monedas, una elección difícil pero necesaria para asegurar la subsistencia de Diego, mi hermanito.
Hablando de Diego, observo cómo crece cada día más hermoso. Intento estar presente en su vida; sin embargo, no me es posible cuidarlo todo el tiempo y yo no sé cómo cuidar a un bebé.
Cada día, me esfuerzo incansablemente para garantizar que mi pequeño tenga una infancia feliz y bien cuidada, aunque la creciente dificultad económica pese sobre mis hombros. Mi trabajo en un burdel exclusivo, a diferencia de lo que muchos puedan pensar, no implica la obligación de vender mi cuerpo. Aquí, las mujeres no son forzadas, sino que tienen la libertad de decidir.
Nos visitan hombres refinados que valoran la elegancia y detestan la violencia. No buscan imponer, sino ser complacidos y atendidos con esmero. A pesar de las circunstancias, encuentro cierto alivio en la libertad que tengo para gestionar mi trabajo, aunque los ingresos no sean tan elevados como los de otras que si se acuestan con los clientes.
Me llaman "la prostituta virgen" en este lugar sombrío, porque el rumor corre de que no me involucro con ningún cliente. Mi decisión de mantenerme pura se ha vuelto como un tesoro codiciado, con ofertas tentadoras que prometen llenar mis bolsillos. Me siento ambiciosa, consciente de que mi pureza tiene un valor alto.
Aunque atiendo a clientes distinguidos en este lugar, hay algo oscuro rondando: todos parecen tener conexiones con el líder de la mafia italiana, el Señor Salvatierra. Ellos son los líderes de la mafia italiana. La mafia italiana está dividida en la zona sur y norte de Italia. Los Rinaldi lideran "La cosa nostra" y aquí los Salvatierra lideran "La camorra" sin embargo ellos pertenecen a la misma familia. Son todos los mismos.
Ahora mismo, comparto un momento tranquilo con Ángela, mi única amiga en este lugar. Nos encontramos en un rincón acogedor, donde la luz tenue destaca nuestra charla.
— ¡Paulina, no tienes idea del bombón que acaba de llegar! Preguntó por ti, ¿sabes?— Bromea ella
Rodeo los ojos mientras me termino de maquillar— Ah, ¿en serio? No me interesa, Ángela. Es solo otro empleado como todos, nada especial.
— ¡Pero es guapísimo y le encantas!— Me recuerda
— No me interesa atraer a alguien de su categoría. Quiero a alguien que me saque de aquí y me dé la vida de reina que merezco.
Ella sonríe— ¡Vaya, Paulina, siempre apuntando alto! ¿Estás buscando un príncipe azul que te saque de este lugar?
—No necesariamente un príncipe azul, Ángela. Pero definitivamente alguien que entienda mi valor y esté dispuesto a ofrecerme la vida que merezco.
— ¡Eso suena a un plan! Pero, ¿no crees que estás siendo un poco exigente?. Te recuerdo que somos putas y nadie nos tomará enserio.
— No lo creo.Merezco más de lo que este lugar puede ofrecer, y estoy decidida a encontrar a alguien que lo comprenda.
— ¡Entonces, que comience la búsqueda de tu futuro rey! Pero, ¿y si el bombón de Adriano resulta ser la clave para tu vida de reina?
— Bueno, si demuestra estar a la altura, no descarto la posibilidad. Aunque, por ahora, mi enfoque está en el ascenso y lograr mi propia grandeza.
Después de haberme preparado meticulosamente con el vestuario y el maquillaje, me encaminé hacia la zona donde se encontraban todos los clientes expectantes. Con cada paso, podía sentir la energía del lugar intensificarse. Al llegar al centro del escenario, dejé que la música envolviera mi cuerpo y, con movimientos sensuales, comencé a bailar.
Cada giro y cada movimiento estaba cuidadosamente ejecutado, mientras mi especialidad consistía en hechizar a los clientes con la gracia de mis movimientos y la seducción en cada gesto.
Tengo el cuerpo bello y me esfuerzo por mantenerme delgada y hermosa. Poseo senos grandes y siempre los resalto en mi vestuario. A pesar de tener solo diecisiete años, sé lo que tengo y cómo usarlo; he vivido demasiado para una vida.
Observé en silencio cómo algunos de los clientes se dirigían hacia las habitaciones privadas con las demás chicas.Mientras me sumía en esos pensamientos, mi abuela se acercó a mí.
— Paulina, necesitamos hablar. He notado que varios clientes han expresado su deseo de tenerte para ellos, y algunos consideran que es un agravio que no los aceptes.— Replica por milésima vez.
— Abuela, sé lo que están diciendo, pero no pienso entregarme a cualquiera que ofrezca una miserable cantidad. — Respondí rodeando los ojos
— Has obtenido mejores ofertas que cualquiera aquí.
—No pienso rebajarme a la desesperación de esos muertos de hambre. Yo aspiro a mucho más.
— Paulina, la vida puede ser complicada, y a veces hay que tomar decisiones difíciles.
— Estoy dispuesta a enfrentar las dificultades, pero no voy a sacrificar mi dignidad. No estoy aquí para satisfacer los caprichos de unos pocos, yo seré la mujer de un solo hombre y él me dará todo lo que necesito. No me entregaré a uno y otro como si solo fuera un pedazo de carne.— Espeté
— No siempre serás tan joven y bonita.
Decidí alejarme del tenso diálogo con mi abuela, buscando refugio en el tranquilo jardín. Mientras caminaba entre las sombras de las frondosas plantas, una presencia inesperada me tomó por sorpresa. Era Adriano, .
Antes de poder reaccionar, me giré hacia él, y en un instante, sus labios encontraron los míos en un beso inesperado.
— Paulina, tus besos son fascinantes, mi amor.— Expresa él
— No deberías acostumbrarte, Adriano. Recuerda que eres solo el menos repugnante de los clientes, pero no dejas de ser un muerto de hambre. Solo prefiero a alguien guapo para practicar los besos y caricias.
— Paulina, este muerto de hambre te encanta, ¿verdad?
— No te confundas, Adriano. No es encanto, es supervivencia en este juego. Tu atractivo está lejos de impresionarme.
—Paulina, un día tendré tanto dinero que podré darte todo lo que desees. Serás mi mujer, mi esposa, y tendrás una vida llena de lujos.— Afirma él
— Adriano, cuando ese día llegue, hablaremos. Pero mientras eso suceda, nunca me entregaré a ti, y mucho menos seré tu esposa. Necesito un hombre que pueda ofrecerme más, que me saque de este horrible mundo y compre mi libertad en este burdel.
—Lo entiendo, mi amor. Pero, ¿por qué no aceptar lo que puedo ofrecerte ahora?... Es cuestión de tiempo para que sea millonario.
—Yo no confío en los hombres y principalmente porque Diego merece más.
Cuando era un bebé, se enfermó gravemente, y no teníamos dinero.Sí, mi abuela nos ayudó, pero tengo una deuda con ella que debo saldar. Esa deuda ha sumado intereses y le debo mucho dinero a mi abuela
— Comprendo, Paulina. Pero sé que puedo ofrecerte una vida mejor.
— No se trata solo de dinero. Quiero un hombre que me dé más que riquezas materiales, alguien que pueda darme un futuro y una familia lejos de este lugar. Eso es lo que merecemos, y hasta que encuentre a alguien que pueda ofrecerme eso, no me entregaré a nadie.
— Paulina, escucha, tengo un plan para ser millonario, y cuando eso suceda, serás solo mía, de nadie más. Serás mi mujer y la madre de mis hijos.— Él deposita un beso en mis labios — Confía en mí, cariño.He trazado cada paso con cuidado. Cuando logre mi fortuna, te daré todo lo que mereces. Sin embargo, necesito tu ayuda.
—Mi vida no puede depender solo de tus promesas.
Yo debo pensar en Diego y su futuro, aunque Adriano me encante no puedo vivir de sueños. Él jamás dejará de ser un empleado muerto de hambre.