Caminé por las oscuras calles, aún aturdida y sin comprender del todo cómo había llegado al burdel. Tomé un autobús, acepté el aventón de un desconocido. Sin embargo , a percatarme de sus malas intenciones propiné un puntapié y me escape, decidida a encontrar a Clara. Eran las tres de la mañana cuando llegué al burdel, y mi única meta era llegar a la habitación de Clara. Encontré a mi pequeño Diego allí, débil por la fiebre. Lo cargué en mis brazos. Decidí llevarlo de inmediato al hospital. Sin embargo al collar de diamantes no podía cambiarlo debido a la hora . Por lo cual Clara me prestó sus ahorros. En la clínica privada, la realidad del mundo golpeó con fuerza, no tenía un peso. Aceptaron atender a Diego cuando les enseñe los billetes. Aunque solo pude pagar la consulta de ingreso

