—¿Estás emocionada? —me preguntó Luis.
—¿Por qué debería estarlo?
—Este viaje será único.
—Eso dijiste del útimo y no resultó tan bien.
—Bueno, ese viaje lo había planeado tu padre, pero de este yo me encargué.
—Entonces no perdamos más tiempo. ¿Hay algo que tengo que saber primero?
—¿Trajiste todo lo que te pedí?
—Todo al pie de la letra, literal.
—Bueno, abróchate el cinturón, te diré en qué momento lanzarnos del avión.
—Luis...
Noté que no estábamos solos en el avión, un hombre encapuchado estaba junto a él. Grité para que se diera la vuelta, pero fue tarde, él le había cortado la mano con el cuchillo. Me desabroché el cinturón y me interpuse entre los dos. Comencé a forcejear con él, la maleta con el paracaídas me daba ventaja para usarla como defensa. Cuando Luis se recuperó de la herida, lo empujó fuera del avión, pero el extraño se agarró de nosotros y los tres comenzamos a caer. Se había engachado conmigo, Luis intentó más de una vez separarnos, pero fue en vano. El extraño logró quitarme el paracaidas y solo escuché el grito de Luis diciendo mi nombre.