hermoso leñador. Que ahora me cuidaba desde el cielo, todas aquellas historias se las repetía a Alejandra, y mi pequeña Sol. Mi hija. A quien estaba esperando. Llevaba ya ocho meses de embarazo. Deje vacilar a mi corazón y Felipe aprovecho para acercarse a mí, y darme el consuelo que tanto anhelaba en aquella entonces. Aun mis suspiros se los llevaba mi bello leñador. Pero que le iba a hacer, él estaba en difunto en carne, pero vivo en mi corazón. A veces lo maldecía, pensando en por que no cumplió la promesa. Y la providencia me traía los recuerdos de su última noche conmigo, donde una tormenta me separo del hermoso chico. Pero tenía ganas de él, como una tierra que nunca había probado agua. Mis pensamientos se convertían en un vórtice, en las que mis horas se consumían y se hundían en
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