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2828 Words
Habían pasado ya tres días, desde que huimos del pueblecillo por culpa del tal zorro blanco, el pretendía matar a Zack, y a Sebas, para adueñarse de las haciendas correspondientes, yo no entendía como la desdicha había cundido en ese pueblo, pero solo sabía, que teníamos que escarpar por el momento, aunque siempre en mi mente se me cruzaba el pensamiento de poder echarme una escapaditas más a solas con Sebas a el rio que había a algunos kilómetros a la redonda. También pensaba en cómo estaban en mi casa, aunque si todo iba normal etaria las cosas así: pedro Follando con Alejandra, mientras que mi papa se lo hacía a mama. Nah… Ellos no pensaban en mí, estaban muy distraídos para eso, además tenía la fachada perfecta para hacer travesuras en este nuevo lugar, de la mano de Sebastián que me mimaba como a una niña de cinco años.                   El pueblo donde estábamos se Llamaba Esturiercer, que a la ves quedaba próximo del pueblecillo principal, este se caracterizaba por los ríos y lagunas que se encontraban allí, pero sin  nada que envidiar, pues tenían unos puentes bellos y unas amplias calles, por las cuales se podía caminar con toda la libertad del mundo. Nosotros nos separamos de Zack, él se quedaba en otra cabaña un poco más alejada, en  donde hacia sus labores diarias. Mientras que nosotros salíamos en la moto a dar paseos todas las tardes sin falta, pero aun algo me atormentaba, el verano se estaba acabando, y a no ser, de que Zack se moviera e hiciera algo con zorro blanco, yo me tendría que ir a la fuerza a la ciudad otra vez, dejando solo a sebas, y volviendo a tener una mala experiencia.                                                         Ya muchas veces le había lanzado indirectas de que el tiempo pasaba rápido, y que las cosas tenían sus inicios y finales, a duras palabras, pero el simplemente no las captaba o hacia caso omiso. No sabía qué hacer ante esta situación por eso yacía sentada en la habitación mirando a un punto definido, que me daba de galería una cucaracha muerta. Que tal vez iba a ser la mejor representación de mis sentimientos cuando se acabara el último día de mi jugoso verano.   Tal vez la frase perfecta para resumir todo mi verano era; “Me la pase bien, pero me tengo que ir” pero no quería dejar al pobre de Sebastián  todo destrozado, si y yo muy bien sabía que no me iba al otro mundo, pero ya no sería lo mismo.                                                                                                                                             Hablando del susodicho, el entro con una sesta, y yo me pare de un brinco de la cama.    —Hola amor, mira lo que traje —señalo a la canasta— Unas manzanas para que comas. Las encontré por ahí en unos sembradíos.                             —Gracias bebe. Dije con gran asombro, —No sabía que en esa zona se produjeran manzanas— pero sabía que debía comerlas antes de que Zack llegara de visita y acabara con todo lo que se podía comer, ya que ellos dos juntos comían más que un escuadrón del ejército.                                                                          —Oye no ha venido mi hermano por aquí. —Negué con la cabeza mientras le daba un mordisco a la manzana— oh mierda, debe estar con ella, esa chica que conoció hace una semana, espero no se vaya a enamorar.                                                           — ¿Cual chica? Pregunte con desconocimiento de esa persona.                             — ¡Ah! ella es Mariana, según lo que dice mi hermano, y antes de que nos escapáramos del pueblo. El en el centro del pueblo, vio como a una mujer, estaba siendo acosada por unos tipos que se habían pasado de copas, y el aprovecho el momento y la rescato. —Yo me le acerque— parece que nosotros somos así.                      —Si ustedes tienen un complejo, de salvar a damiselas en peligro.                         — ¡Ha! Si —El me cogió entre sus brazos y mi cabeza quedo debajo de la de él, yo alce mi mirada— A mí no me disgusta salvar a damiselas en peligro, más si son como tú Michelle. Yo le abrace —y después le di un pequeño beso en los labios— pero Zack llego de manera imprudente y abrió la puerta, de un golpe más escandaloso.                                                                                        —Hola familia, —vio aquella escena— ¿Interrumpo?                                                        —No pasa Zack estábamos hablando de que estas saliendo mucho con esa chica. Con una sonrisa, —y con estrechón de manos— Sebastián,  indico a Zack que se sentaran a conversar en la mesa. Mientras se comían las dichosas manzanas, pero yo Salí al patio de atrás, a leer un libro que tenía escondido. Porque si no sebas me contaba el final. Así deje a los chicos hablando de sus cosas de hombres.                                                                                                                         Un poco más tarde Zack se fue y se despidió mío con un beso en la mejilla, y después se subió a la moto, no sé adónde iba, pero pude escuchar que tal vez a ver a mariana, aunque yo lo había notado muy seco en aquella oportunidad en la hacienda, ahora estaba más que segura,  que había cambiado algo en él, y su sonrisa lo hacía ver muy atractivo. Seguro que esa chica también estaba algo ilusionada, en que un millonario atractivo y buena gente como el, estuviera detrás de ella.                                                                                                                                        —Mucho ¡Bla! ¡Bla! ¡Bla! —Dijo sebas mientras se acercaba a mí— vayamos a un lugar interesante, además lleva traje de baño. Estoy seguro que nos vamos a mojar. Siguiendo sus instrucciones al pie de la letra. Me puse lo que estaba encima de la cama, con algo de apuro, y Salí sin maquillaje, me subí a la moto casi que al instante después de que Sebastián la encendiera. Y a la velocidad del rayo ya nos habíamos alejado de la cabañita y nos encaminamos a la carretera. — ¿A dónde vamos? Pregunte por encima de su hombro, —A un lugar especial. Dijo él. Esta vez no podía decir con exactitud, de donde había sacado la idea sebas, de llevarme a un lugar que tendría alguna piscina, pero se, que la verdad me iba a entretener mucho. Pasamos unos árboles de gran tamaño y una carretera sola, que casi nadie frecuentaba, en el cielo, unos hermosos pájaros que deslumbraban colores, tantos como una arcoíris. Eran tantos que no podía distinguir cuantos iban, pero era una manada grande. —Te gustan, dijo sebas inclinando un poco la cabeza hacia atrás. Yo le afirme con la cabeza.                                                                   — ¡Llegamos! Señalo el, con los brazos el dichoso lugar.                                       — ¿Qué es esto? Le pregunte con delicadeza, —seguí preguntando que era ese lugar sin, dar momento al descanso—  El solo bajaba por la cuesta llevándome en su espalda, aunque ya podía caminar bien, la pierna se me había recuperado casi del todo.                                                                                                                               Mire hacia arriba, para contemplar, el cielo, pero lo único que vi eran las amplias ramas de los árboles, además el matiz del contraste de una pequeña fracción de sol, que escapaba por dentro de las hojas, y cubría el ambiente de un color rojizo. Algunas ardillas saltando por encima de nosotros, y las flores que adornaban al suelo un ambiente realmente asombroso. Como sacado de una película.           Al cabo de unos minutos sebas me dejo en el piso, y yo ya podía caminar. Pero con esfuerzo a la distancia sonaba, algo, era una corriente de agua, seguro un pequeño rio que pasaba por las cercanías, pero para eso me había pedido que me pusiera un traje de baño.                                                                                   —Más adelante esta el chiringuito. Yo solo incline la cabeza, no sabía que era lo que decía sebas. Caminamos un par de minutos, podía sentir el calor de sus manos, y el frio del ambiente, de repente una brisa pego de lleno contra mí. U escalofrío me recorrió por todo el cuerpo, mientras el ruido del arroyo solo se volvía más fuerte. Pero con el tiempo vi un rio frondoso y un estanque, más abajo una catarata. Donde desembocaba una gran rio. Por eso había atraído mi traje de baño, él lo tenía todo planeado.                                                                                                       Capítulo 32: No me olvides—Nos vamos a dar un baño. Con una sonrisa y una pequeña mueca en la cara él se quitó la camisa que llevaba puesta. Y el quedo en lo más mínimo de ropa.         Acto seguido, yo me quite la camisa, —el me agarro— mientras que cubrió mis ojos, con la misma camisa. Y me empezó a besar. — ¿Qué haces? —Nada solo un besito— yo estaba atenta de cualquier movimiento, pero mis ojos no veían nada, solo sentía los labios de Sebas chocando contra los míos, y su respiración no monótona. Al final me quito la camisa, y después puso sus manos en mi estómago desnudo.                                                                                                                       —Oye te tengo que confesar algo.                                                               —Dime bebe. Sabía que sería algo romántico para la ocasión.                                —Si llego a morir no me olvides.      Eso me hizo saltar del miedo.                        — ¿Que locuras dices? ¿Por qué vas a morir? No digas esas cosas. —Yo me cruce de brazos— pero conservaba una mirada seria que me hacía ver más imponente.                                                      —Las cosas, no están tan bien como dicen. Los líos con zorro blanco nos van a perseguir, hasta el final de los tiempos, a Zack le informaron que vienen matones de él, para darnos caza.                       —Vámonos en la moto y escapemos a otro lugar, juntos. Lo interrumpí proponiéndole esa extraña hazaña                                                                                     —No es tan fácil, además Zack tiene que recuperar la hacienda, y no puedo dejar solo a Mr. Vicente     sabes que es como un padre, para mí. —Sonreí— pero te prometo que buscare, la solución mañana. Con un empujón —no esperado— el me lanzo al agua, cayendo desconcertada. Cuando Salí del agua solo lo mire con decepción mientras me separaba el pelo mojado de mis ojos. Pero después de mirar su cara, solté una carcajada descomunal que hasta asusto a los pájaros.               —Niega que te gusta —Sebastián salto al agua—¡ HA¡ ¡HA¡ ¡HA! —También se acomodó el pelo— Niega que te gusta ponerme al mil. Pequeña ladrona.                     —No soy ninguna ladrona. —Interrumpió posando los dedos en mis labios cosa que ya se había vuelto una costumbre— Fruncí el ceño.                                     —Si eres una ladrona, porque me has robado el corazón. —Me reí— pero que mala eres, yo te digo lo que siente mi corazón y tú solo te ríes.                            —Sabes que te quiero. Es más sabes que… —Me mordí el labio— Te amo.          — ¿De verdad? Con la cabeza afirme, la pregunta que Sebastián me hacía, el solo hecho una sonrisa. Y después me planto un beso francés muy apasionado.           —Yo también te amo. y nunca lo voy a dejar de sentir.       Con una sonrisa volví a besarlo, pero no solo era yo quien llevaba la iniciativa. El me agarro de los mulos mientras que me cargaba  por encima de su pecho. Dejando los míos al nivel de su cabeza.                                                                    —No te atrevas a comerlos. El con una sonrisa respondió                           —Solo para molestarte lo hare. En tono sarcástico pero algo en lo cierto él se pegó a mis pechos y empezó a lamerlos con su lengua. Mientras que profanaba mis pechos de manera que ni podía moverme, por los espasmos de placer, yo me aferre a su espalda rígida, mientras que mordí su cuello.       Me acerque al su oído para decirle: —Te quiero, pero trátame con cariño. Sabía que ya estaba más que excitado y  por como respiraba y sus aletargados sentidos, lentos y pesados, como queriendo decir que no quería estar en otro lado más que este. Empezó a sacarme el traje de baño. Y yo cerré mis ojos preparada para lo que iba a pasar, mas antes de cerrar mis parpados, pude ver que con mi pantis, jugo un rato, mientras que la lanzaba a la tierra en señal de victoria. Cosa que me dio mucha risa.                                   Estaba pegada a él, pude sentir el frio del agua pero el calor de su cuerpo que me abrazaba y esas rebeldes manos que me recorrían de pies a cabeza, cosa que no me pareció incomoda mientras, que con sus manos desataba sensaciones más complejas que más de una vez hicieron que me diera un respingo. Pero ahí estaba el chico, de grandes hombros y ojos café, pegado a mí, haciendo el amor, subiendo y bajando, su pelvis contra la mía, besos que se convertirían en momentos sempiternos de ahí hasta el resto de nuestras vidas. Conectados por las piernas sus muslos y los míos, su cuerpo y el mío, sus labios recorriendo mi boca, y sus manos haciéndome sentir la verdadera magia, y hasta pude ver, las nubes, aunque no nos despegamos del suelo ni un momento, en fin un acto del mas puro amor, entre la más bella naturaleza.   Una sensación inefable, inmensurable diría yo, un motivo más para decirle que le amaba.                                                                     * Zack fue con mirada decida a ver a su amiga mariana, que ya estaba muy en su cabeza después de que habían llegado al pueblo. No sabía si era cosa del destino, cosa en la que él no creía mucho, pero si sabía que era una chica hermosa, piel clara, ojos grises, pestañas bien arregladas, una sonrisa encantadora, más un labial que le quedaba perfecto, figura esbelta, una, y con sentimientos transparentes. Cabello de color claro, un marrón que casi se mesclaba con amarillo y puntas muy claras, que parecían algo blancas. Una mujer que no había visto en su pueblo. Ni más ni menos una diosa ante los ojos del hacendado.                                                                                     Tenía claro que sentía algún que otro chisporroteo en el estómago cuando estaba cerca de ella, que no se la sacaba de la cabeza ni un momento y que entre bambalinas se enamoraban con cada mirada que cruzaban una realidad que él no quería aceptar a flor de piel. Desde que tenía memoria se había centrado en las  tareas de la hacienda, y en trabajo pesado. Nunca había dado lugar para sentir emociones que le correspondieran al amor. Pero aun así él se encaminaba casi todos los días, a pasar ratos que para el eran inigualables, con la chica que le había robado la vista y el corazón.                                                                                     En su moto se dirigía a ver la Mariana, pero antes paso, por algunas tiendas de la ciudad, a comprar algunas cosas. Pan unas golosinas, y un detalle que él sabía que a ella, le iba a gustar. Poso sus manos sobre este objeto, mientras lo miraba con variado interés,  —Le gusta señor —Dijo el hombre que atendía aquella tienda. — ¿Pues dígame estaría bien para regalarlo? —Zack asomo el obsequio al hombre. —Bueno eso lo decide usted, dependiendo para quien lo vaya a regalar, sea una mujer, su madre, o su hermana. Pero ese modelo se usa mas que todo para enamorados. Zack con parsimonia miro el objeto muchas veces, y después de unos largos minutos. Sonrió. — ¡Sí! me lo llevo, y envuélvelo en una cajita de regalos. El hombre salió casi que corriendo a su mesilla a buscar una cajita de regalos y entre ellas coloco el objeto.                                                                                   —Gracias viejo. Dijo Zack mientras salía de la tienda. Acto seguido se fue a la moto, mientras que pensaba que tal vez era muy temprano para volver a casa, así que se fue de lleno a la panadería donde trabajaba Mariana.                                               Llegando a toda velocidad, rompió el silencio que había en la calle donde estaba el pequeño chiringuito. La gente volteo a ver al chico malo de la película vestido de cuero n***o, y con cara de matón. Mariana le vio entrar pero solo echo una sonrisa, mientras que el, atravesando los lentes de sol oscuros que llevaba buscaba a Mariana entre la multitud de gente. Dio dos pasos con seguridad estremeciendo el suelo de madera. —Todos le miraban—    Sostenía el casco con orgullo en el brazo derecho. Una de las camareras de la panadería salió corriendo a buscar a Mariana.                      —Amiga afuera está el —Señalo el salón. Mariana vio por una pequeña ventanilla que estaba en la cocina, y quitándose el mantel de panadera salió a recibir a su amigo.                                                                      —Hola BAD BOY —Dijo con sarcasmo, mientras movía los hombros en sincronía.  Zack sonrió al ver a la poca arreglada Mariana, llena de harina en la nariz y sudorosa por el calor del horno echo de barro.                                            —Tienes harina en la nariz tontita —Zack levanto su mano, y quito de la nariz de Mariana la pequeña mancha de harina— Ves así te ves mejor.                  
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