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3638 Words
cayendo  en su cuerpo. Por efecto indómito de la gravedad estaban boca a boca, en un cuerpo contra cuerpo, sintiendo el calor y la respiración agitada de ambos. Zack busco sus labios y desato unas ponzoñas de pasión liberando esporas que corrían como el agua, llegando al estancarse en los recuerdos…   * —Oye que haces aquí, sabes que nosotras las mujeres nos estamos bañando en el rio, porque el agua potable no llega a casa, ¿nos estas acosando? Mujeres aterradas, un chico de cabello pardo en el rio con un machete y una líder defendiendo a sus compañeras. —No nada de eso, solo estaba en los matorrales cazando algunas presas. Dijo el chico defendiéndose. —¿Entonces porque te escondiste cuando dije que salieras de tu escondrijo? La chica estaba medio desnuda, tapando sus pechos y con el ceño fruncido, detrás de ellas algunas compañeras que la acompañaban en las tareas matutinas de lavar asearse y limpiar platos. —No las estaba espiando, solo es que por aquí terminan las tierras de Don Héctor, mi patrón. Yo solo cazaba algo. El joven mostro unas aves a la chica. —No cazas por comer, solo lo hacer por diversión. —Algo así, la escopeta la deje por allá. Con los ojos apunto adentro de los matorrales. —No me das confianza. Dijo ella. —Tu tampoco. Entre el cruce de miradas fría y fulminantes de hielo a grados bajo cero, el silencio abrazo el pequeño rio —Me voy. Dijo el muchacho al ver a todas las chicas espantadas por su actitud. —Muy bien, espero que no molestes más a las chicas. La chica se echó para atrás caminando en reversa, lentamente sin perder la vista al susodicho. Ella se tranquilizó más cuando vio que el muchacho, guardo su machete en la vaina y se iba con sus grandes botas, por dentro de la maleza. > Repetía el joven en su cabeza, mientras buscaba la escopeta que había dejado en la maleza de su nicho de francotirador. Capítulo 37: Recuerdos   Antes de volver a casa, como cualquier día después de una cacería, dio las gracias a la naturaleza, poniendo la presa en el piso, y elevando sus manos al cielo termino de agradecer. Después metió la tira que sostenía la escopeta en su brazo derecho y en la izquierda tomo los pájaros. Dio dos pasos largos y escucho unos gritos de mujeres. El escucho que venia del rio. Rápidamente corrió por el sendero que marcaba un pequeño caminillo de piedras.   —¡Ayuda! Gritaba la chica, desconsolada,  amarrada de pies y manos, con dos hombres encima de ella. Las chicas estaban casi todas atrapadas por los acosadores. Pero la chica que confronto a Zack pudo escapar, corrió entre los matorrales —El mismo camino por el que se había ido Zack—  los hombres perseguían a la chica, casi estaban en sus talones. Las plantaciones no le dejaban avanzar, y se lastimaba con cada paso que daba, clavándose piedras en sus pies, pero no pudo avanzar más. Ella tropezó con una roca que estaba sobre metida en el piso. Algo detuvo a la chica, ella se sostuvo de un tronco, o algo parecido, no  abría los ojos por el pánico, pero pudo sentir algo suave moviéndose entre ella. —Oye puedes dejar de abrazarme. La chica al recordar esa voz, abrió los ojos. —Tu. Ella se desprendió de Zack inmediatamente.  Casi no podía decir palabra. Unos ruidos avanzaban por los matorrales. Zack miro el caminillo —¡Ahí esta! —Dijo uno de los rufianes La muchacha se escondió detrás de Zack. Él pensaba en que era lo que estaba pasando, pero para que una chica ruda, —o así lo imaginaba— como ella, estuviera aterrada. —¿Quiénes son ellos? Pregunto Zack. —¿Ayúdame por favor? Zack comprendió absolutamente todo, y cargo la escopeta. —Quédate detrás de mí. Dijo con voz ronca y dominante. La chica al verse en ese estado, lo menos que pudo hacer, fue quedarse detrás de la amplia espalda del muchacho. Zack vio al primer hombre. Este traía una navaja en la mano, y un sombrero. —¿Quién eres bandido? Pregunto Zack al susodicho. —No es tu problema, niño bonito, apártate del camino esa mujer es nuestra. El bandido apunto con el cuchillo a la chica —No, pasa por encima de mí. Zack cargo la escopeta,  haciendo un ruido incitador. Zack apunto al cuerpo del bandido. —No los mates… Dijo la chica al pie del oído de Zack. El solo asintió con la cabeza. El bandido estaba paralizado, no daba ni un paso.  Estaba estático mientras que el otro bandolero llegaba más atrás, para ver qué pasaba. El otro bandolero saco una pistola e intento disparar a Zack, pero el joven se adelantó y apunto a la mano del bandido, y acertó con exactitud. La pistola cayo a tres metros del bandido, mientras que el bandolero se tomaba las manos, por el dolor. El otro bandolero al ver que Zack disparo, se le fue encima con la navaja, intentándolo cortar. Zack vio el acto del bandolero y con la cacha de la escopeta, dio un golpe fuerte en la quijada del hombre, haciéndolo caer al piso, como un yunque, casi inconsciente, Zack destinando el tiempo, y pensando que los demás hombres iban a venir tomo la navaja y la pistola del sicario. Y los amarro a los dos, de las muñecas, con una cuerda que siempre llevaba en la mochila de caza. La chica quedo impresionada por la fuerza del joven, a pesar de ser algo bajo y endeble portaba una fuerza descomunal para dejar a un hombre fornido inconsciente. —¿Cuantos hombres eran? Dijo Zack. —Como cinco. No los vi bien. Ella se cruzó de brazos. —Quédate aquí. Cálmate y no dejes que estos dos —Señalo— Se vayan a escapar. Ella afirmo con la cabeza. Viendo como ese chico se perdía entre la maleza empuñando una escopeta. Zack avanzo con sigilo entre los matorrales, cuidando de que ninguno de los hombres restantes se dieran cuenta de que estaba detrás de ellos, pero tenía en cuenta que el disparo ya los había alarmado. Cargo la escopeta con otra capsula, después se agacho donde la maleza se iba reduciendo y convirtiendo en lecho del rio. Al final él se acostó en el piso apuntando en dirección del afluente. En posición de caza, apuntando a donde estaban las demás mujeres. Vio a la distancia, y uno de los hombres tenía una  inconfundible escopeta recortada. Mientras que el otro tenía un revolver, y el ultimo solo un machete. > Susurro Zack  levemente mientras cerraba los ojos. —Eso es— Dijo muy bajito, tan bajito que nadie lo escucho, con sigilo agarro una piedra, y saco una cauchera de un bolsillo de sus amplios pantalones. Enrollo la piedra en la gaza de tiro, y sin más la arrojo a una rama encima de él donde estaban algunas aves. Ellas volaron como locas al sentir el impacto. Los hombres se asustaron con el aleteo de las aves, una manada completa, las aves pasaron por los todos lados, creando una cortina ciega. Los hombres se taparon las caras con los brazos, para no ser picoteados por las aves.  Uno de ellos se agacho para que las aves pasaran por encima. Zack rápidamente salió del escondrijo, y cruzo el rio corriendo, nadie lo vio, porque tenían los ojos cerrados. Y golpeo al primero, el que tenía la escopeta. Con la cacha de  su arma. Haciéndolo caer. El otro bandolero abrió los ojos, y trato de empuñar su pistola, pero no pudo, Zack le lanzo la navaja hacia la mano, clavándola en su palma, y haciéndolo caer. El último hombre cuando se dio cuenta empuño el machete, y lanzo tres abanicadas a Zack, pero todas fallaron. Zack con su escopeta apunto al hombre, él se quedó quieto. —Baja el arma bandido El hombre hizo lo que Zack le indicaba, lentamente bajo el machete al piso, pero no lo soltó. Zack se acercó un poco. Y el hombre con todas sus fuerzas abanico hacia arriba. Zack esquivo el ataque, pero no del todo. La sangre corrió por el rostro de Zack. Y una gota se dejó caer al suelo por la barbilla del hombre. Zack con una patada en la mano del hombre desarmo al bandido. Y descargo toda su furia con la cacha de la escopeta, conectando el golpe en su cráneo, y dejándolo inconsciente. El resultado, Cinco mujeres aterrorizadas y traumadas, y cinco hombres capturados. Y una pequeña lesión  en el pómulo del joven. Zack con rapidez desato a las mujeres, y todas le dieron las gracias, mientras que amarro a los tres hombres, dejándolos en el rio. María, Jesica, Marina, Perona, Petra eran las chicas, ellas les dieron un agradecimiento a Zack. El joven se percató de que faltaba aquella chica con la que había discutido antes, agarro la escopeta del bandido y se la puso en el hombro. —Esperen aquí—Dijo con voz dominante Capítulo 38: Sálvame   Zack dejo a las mujeres en el riachuelo, mientras que cruzo el sendero para ir a por la última mujer faltante. Paso por el caminillo  y a paso lento fue abriéndose paso. —Oye soy yo no vayas a hacer nada. Grito antes de llegar al lugar, para que no lo fuera a confundir con algún malhechor y terminara tirándole una piedra, y dejarlo más herido de lo que ya estaba. —Pasa. La chica era muy seria en sus palabras. —Ya Todos los hombres han sido capturados. Puedes ir con tus amigas. Yo llevare a los hombres con las armas así no  harán nada imprudente. —Bien, voy a ir con las chicas deben estar aterrorizadas. La chica dio dos pasos y paso por un lado de Zack. Zack al final de la jornada tuvo que hacer todo el trabajo sucio. Mientras las chicas se ponían algo de ropa más decente, y llegaban las autoridades del pueblo. —Me llamo Rosa… Dijo la chica estrechando la mano para saludar a Zack. —Mucho gusto rosa —Estrecho su mano sin delicadeza— soy Zack. —¿Zack? Alzo la ceja izquierda —Bueno, me llamo Isaac pero me dicen Zack. Soy el capataz de la hacienda de Don Héctor. La chica se sorprendió un poco, ella se percató de la herida.  —Te cortaste, ven déjame  curarte. Rosa estiro las manos hacia el rostro de Zack. Zack se alejó. —No espera, estoy bien solo es un rasguño. Yo la limpiare cuando llegue a casa. Voy a esperar a los policías y me iré por la trocha. —No. La chica puso sus brazos en la cintura. Zack frunció el ceño. —Te tengo que ayudar, no me gusta deberle nada a nadie, te devolveré el favor, vas a ir a mi casa. —¿Porque tengo que ir a tu casa? Pregunto Zack algo cortante. —Para curar tu herida. —No me niego. —Deja lo terco ¡burro! —Como me dijiste deshonesta. La miro de arriba abajo tratando de decir que estaba desnuda. —Pues no es por ganas que estoy así —Rosa alzo los brazos mostrando su cuerpo— es porque casi nos violan. —Bueno, pero no voy a ir a tu casa, después me matas. —Ni que fuera una psicópata. Mariana estaba al borde de un colapso de la ira. No sabía porque ese chico le causaba tanto enojo en su interior. —No voy a ir a tu casa. Tengo trabajo que hacer. Zack cortó todo rasgo de amabilidad de su cara. Y con la cicatriz nueva lo hacía ver el malo de la película. —No te quiero deber nada. La chica también era rígida y no cesaba. —Está bien pero que sea rápido, además si me duele mucho me salgo de la casa. ¿Quedamos? La chica afirmo con la cabeza, y dándose un giro de talones regreso a donde estaban las chicas, a ponerse algo de ropa, dejando al cazador ocuparse de los hombres. La patrulla no tardó mucho en llegar y después de perder algo de tiempo, confesando lo que habían hecho para capturar a los bandidos, —Sin dejar que Zack saliera de la maleza, ocultándose de los policías, porque podrían presentar cargos, por lo que habia hecho— los policías se fueron a la comisaria a tramitar el informe. Rosa fue y busco al chico en el matorral. —Sal que nos vamos. Frito desde el rio —Voy. Repico Zack Zack Salió de la maleza y saco una ave con el y de dos fuertes zancadas se puso enfrente de ella. —¿Qué es eso que llevas en la mano? Pregunto Rosa. —La cena Mostro el pajarillo. —¿Te vas a comer un pájaro? —Si porque no, lo he hecho desde pequeño. De esto —Mostro el pájaro— sale un estofado muy agradable. —No voy a comer eso, además ¿pretendes llevarlo a mi casa, por todo el camino choreando sangre? La chica mostro su cara de desagrado —No tardaremos nada. Dijo en su tono más tranquilo —Vivo como a  cinco kilómetros. —Llegaremos en cinco minutos. —¿Me estas vacilando, ni que fueras flas? La chica pensaba que Zack se había golpeado la cabeza. —Espera aquí. Rápidamente Zack subió a la carretera. > Pensaba Rosa mientras contemplaba su espalda tan ancha. En un momento Zack regreso montando una moto, de color negra, de marca HARLIE DEAVIDSON entonces el motor de la moto rugió. Y las chicas quedaron impresionadas con sus ruedas plateadas, en especial rosa. —Súbete nos vamos. El hombre era dominante. La chica miro a sus compañeras, y ellas asintieron con la cabeza. Con muy poca confianza se fue acercando a la carretera. —Rápido no tengo todo el día. Zack estaba muy apurado y como buen cazador no le gustaba esperar mucho. —Por favor espérese señor—Dijo con sarcasmo— o no te sano ninguna herida. Las palaras de Zack habían dado en el clavo ahora la chica volvía a ponerse molesta. A Zack le estaba empezando a gustar como ella se ponía roja de la furia, le causaba placer. La chica llego a la carretera y después de un largo vistazo con frialdad, ella fruncio el ceño e hizo un puchero de enojo con los labios. El chico reia por dentro. —¿Lo estás disfrutando verdad? Preguntaba Rosa —¿De qué? Zack estaba ignorando a las rabietas de niña quinceañera. —De molestarme a cada rato Capítulo 39: Rosa…—No para nada, una presa fácil no me divierte en lo absoluto. La chica no podía creer lo que estaba diciendo el hombre. —¿Me dijiste Fácil? —No para nada, dije que no me diviertes en lo absoluto. Porque no eres reto para mi. Zack Sonrió con algo de malicia mientras miraba la carretera. —Señor Zack, con todo respeto, púdrete. Zack rio con muchas ganas, tanto que soltó el volante de la moto. —Ya déjate de juegos Súbete o te dejo. —Vale. La chica sin más dilaciones se subió a la parrilla de la moto, pero no encontraba de dónde agarrarse. —De donde me agarro. Zack miro por encima de su hombro. —Tienes dos opciones, una de la parrilla, y dos de… Mi estómago. —¡Ja! ni loca toco tu abdomen. Zack se sintió molesto con el comentario. —Bueno agárrate. Rosa con una actitud algo fluctuante se agarró a la parrilla de la moto. Zack acelero de golpe, y la chica casi sale despegada de la motocicleta, pero ella con fuerza se aferraba a la parrilla. Zack con algo de malicia bajaba la moto en las curvas, y Rosa creía que se iban a caer. En algunas ocasiones se ponía pálida. Mientras que Zack en su mente disfrutaba de tener a esa chica arisca como un toro, temblando de miedo. No se iba a negar que estaba dispuesto  a hacer mucho por tenerla en ese estado. En una curva algo más cerrada Zack tuvo que inclinar más la moto, Y Rosa no se podía sostener, así que los dedos delicados de  la mujer, se posaron en el abdomen marcado de Zack, haciéndolo sentir un mundo de emociones. Hasta el punto de frenar la moto de golpe. —¿Qué pasa? Pregunto Mariana algo enojada por el frenazo, El chico estaba paralizado. —Nada sujétate que vuelvo a poner en marcha la moto. La chica cumplió al pie de la letra con las indicaciones del callado Zack. Dos minutos más de viento en la cara y llegaron a la residencia de Mariana, en un barrio del pueblo de al lado, las calles eran reducidas y están echas de un empotrado lleno de piedras. Las casas estaban casi pegadas una a la otra, solo las separaba una pared de piedras. Los pilares de los muros también eran de rocas. Muchas que formaban un fuerte bastión. La llanura termino y empezó una colina —algo empinada— Zack frunció el ceño, y procrastino. —¿Dónde es tu casa? Ella apunto con el mentón  a la punta de la colina. —Vives  demasiado lejos ¿cómo haces para subir todos los días esas escaleras? —Costumbres Dijo ella con un tono cortante. Zack subió la moto y el final de la cuesta se volvía a convertir en una llanura. Zack contemplo un inmenso llano de flores a no más de dos kilómetros. Mientras Zack miraba las flores Mariana se bajó de la moto y abrió la puerta. —¿Te vas a quedar ahí todo el día? Mariana estaba furiosa, no bastaba con hacerla poner de mal humor el hombre también se ponía como un completo tonto.   —Espera igual no tengo nada más que hacer, mi trabajo ya lo hice muy temprano. Zack puso un cara de disgusto, pues no le gustaba que lo hicieran apurar por ninguna cosa, además volteo los ojos en señal de disgusto. —Bueno no es mi problema entre y ven para curar tu herida, eso es todo.  La chica señalo la puerta abierta de su casa. Mientras se ponía roja de furia. —Voy. —Zack sin contraponerse apago el motor de la moto y después se paró enfrente de Mariana— pero no me hagas perder la paciencia niña bonita. Mariana no podía procesar lo que estaba pasando, el chico que más odiaba en la faz de la tierra. Ahora le estaba coqueteando, no podía ser cierto, pero lo que fue correcto, era que el corazón de Mariana hizo una palpitación rara, cuando el chico dijo aquellas palabras. Algo que no había tenido antes en el cuerpo. —¿Me estas coqueteando? Sin pelos en la lengua ella fue directa. No vacilo y lanzo una ráfaga para su interlocutor. —No y si… Ella alzo la ceja derecha y cruzo los brazos. —¿Cómo así? —No te quiero coquetear ya te dije que eres alguien fácil. —Ella volteo los ojos hasta el punto de ver su cerebro— pero si eres linda, solo cuando duermes, porque con ese humor. La chica estaba casi al borde del colapso con su paciencia, no sabía que decir, si ayudarle a curar la herida, que ya se veía más seca, o echarlo a la calle como un perro. —Sigue así, y no te curo absolutamente nada. —No… espera —Zack quería sentir esos dedos otra vez en su cuerpo— perdona, solo fue un juego  para romper el hielo. —Pues no rompas nada, pasa y siéntate en el sillón. —No tienes que decirme que no rompa nada soy un santo. Zack estiro los brazos e hizo caer una jarrita de porcelana que estaba en un elevado. Mariana lo miro. —Siéntate y no rompas nada. Esta vez con más determinación que antes, ella se cruzó de brazos y puso más tono en sus palabras. Zack algo avergonzado con haber roto la pequeña jarrita, se encogió de hombros, y fue directo al sofá. Echo un pequeño vistazo alrededor, la casa era acogedora y pequeña algo que hacia recordar una palabra—Familia— Lo que nunca había tenido. Una chimenea en la esquina, sofás alrededor de una mesilla pequeña, libros en la estantería y un aroma a café y té, tardes soleadas de verana y calor infernal, y noches tormentosas acurrucado a un calor más profundo. La chimenea encendida con fuego rojo y una sábana abrigadora, tapando dos cuerpos desnudos palmados en su tez. —Hey que me hagas caso. Mariana chasqueo los dedos al frente de los ojos de Zack, este parecía algo ido de escena y no despertaba del sueño donde estaba. Zack sacudió la cabeza al escuchar a la chica —¿Qué pasa?— dijo desconcertado. —No pareces el mismo hombre de hace dos horas. —Perdón solo es que… —No digas nada, solo te digo que te va a doler un poco, traje el alcohol y las vendas. El asintió con la cabeza. —Bueno tampoco es que te quiero tratar como una princesita de cuento de hadas. Ahí estaba, no podía quedarse callada ni un segundo, siempre tenía que arruinar el momento. Por un momento no podía cerrar la boca y dejar fluir la belleza que mostraba en rostro, pero en palabras era nefasto. Así lo consideraba Zack. 
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