Ya era de mañana y me fui al baño con mis fieles amigas las muletas, a bañarme porque a las diez iba a llegar una camioneta que me iba a llegar a la hacienda de Zack, no me gustaba esa idea, pero después iba a ver al papasote de Sebastián. Por el cual mi rostro sonreía solo. Estaba emocionada tenía como dos días sin verlo, cuanto habrá cambiado. Un chisporroteo mi invadía cada vez que pensaba en ir a verlo.
Deje escapar una pequeña sonrisa en el pasillo, me parecía raro que ninguno de los dos inoportunos amigos estaba fastidiándome la vida como era de costumbre. Aunque aquel silencio en la casa era pacifico. No podía recordar la última vez que había visto tanta paz junta en mi familia. Que todos tuvieran alguien con quien follar, me ahorraba problemas.
La verdad es que esto debía resolver los problemas del mundo. Con mi autoproclamada teoría de la Paz mundial conseguida por mucamas, me fui a dar un baño. El agua estaba fría pero muy agradable, aunque me daba lata ir a la casa de ese hombre que apenas había conocido ayer, pero como era mi obligación no podía negarme, aunque un par de horas no iba a ser la gran cosa, no me podía hacer nada en ese corto tiempo. Además después me fugaría al lugar donde había quedado con Sebastián, que aún no me había respondido. Seguí lavando mi cuerpo desnudo mientras que tarareaba aquella canción de verano que se había vuelto un hit.
“Sol… playa… y arena…”
Hasta le había cogido gusto a aquella canción que días antes me parecía ridícula. Pero una brisa enfrió el ambiente, mire para atrás para ver si había dejado la puerta abierta. Pero la silueta de Pedro entrando Al baño hizo que me cubriera el cuerpo y quedara viendo que podía hacer. Su mirada estaba clava en mí, como cazador a su presa, estático en el marco de la puerta, parpadeo un par de veces, pero no hacía nada, yo me sonroje a mi mayor extremo, nada más quedaba ver que estaba pasando por su mente, rezándole a dios para que el hormonal Pedro no hiciera una locura. Pedro avanzo dos pasos, y yo retrocedí dos también pero me detuvo la pared, quedando arrinconada cual presa. Pedro cerró la puerta de forma silenciosa, y se miró en el espejo.
—Sabes esta es la mejor, situación para explicarte lo que siento.
—Pedro no vayas a hacer alguna locura, puedo gritar. Yo asustada por la situación emocional de pedro decidí aferrarme a lo único que tenía para defenderme, una vasija que se usaba para almacenar jabón líquido.
—No grites solo quiero hablar contigo, y que mejor momento que este. —Cruzo los brazos— Lo que yo siento por ti, lo he sentido desde que te conocí en la universidad, pero nunca te habías dado cuenta que te he amado en secreto. Me duele que no lo veas, mientras te enamoras de Felipe o del Intrépido de Sebastián. —Extendió los brazos— ahora que tengo oportunidad puedo hacerte mía, —Tomo una hojilla— Puedo tenerte en cuerpo y alma.
—Pedro no vayas a hacer alguna locura, soy tu amiga, deja eso en el piso. El hormonal pedro se acercaba a mí con pasos decididos, y mi corazón latía peligro. Apreté la vasija con más fuerza. Mientras que el frio de se propagaba más por mi cuerpo.
—No sabes, lo duro que es, sentir algo por esa persona, y que ella solo te vea como a un amigo. Que no te vea como alguien atractivo para ella, que nunca le des ni una oportunidad. —Pedro se acercó a mi cuello—
—Pedro no vayas a hacer nada. Apreté mas la vasija mientras que pedro puso su pierna izquierda entre las mías y me acorralaba con sus enormes brazos.
—Hoy me vas a satisfacer, en todo querida amiga. Apretando mis senos y besando mi cuello, casi acalambrada y con espasmos indeseados, con toda la fuerza de mi brazo derecho le estrelle al vasija en la cabeza, y pedro cayó al piso húmedo de agua y sangre. Me cubrí con la toalla, y después de eso fui con toda mi velocidad a mi cuarto, sin las muletas me era difícil caminar, y solo me caía cada vez que daba un paso. Pero con esfuerzo sin nadie que se diera cuenta, llegue a mi habitación y me tire a la cama a llorar.
Ya me había vestido y había pasado un rato después de la tragedia que sucedió en el baño, pero nada que no pudiera superar, sabía que Pedro solo estaba confundido él no era así. Cruzada de piernas y brazos y sintiéndome profanada, solo pensaba que no iba a poder dormir tranquila con alguien que dormía al lado mío queriéndome violar. Pero debía estar más centrada, porque iba a ver a Sebastián, él no me podía ver cabizbaja. Tan siquiera a él, no le iba a dejar ver mis problemas para que no se preocupara.
Mi padre subió al cuarto. Y con voz seria decía que La camioneta que Zack había mandado ya estaba abajo. Yo me levante y lo abrace con una sonrisa casi que llorosa.
—¿Estas bien hija?
—Si padre, solo quiero que sepan que los quiero mucho.
—Y nosotros a ti hija, ahora ve cuídate.
—Está bien nos vemos más tarde papa.
Baje a toda prisa para montarme en la camioneta, Salí al patio y una lujosa camioneta de color n***o y cristales oscuros esperaba con paciencia, yo me quede indecisa si entrar o no, pero me acerque más con valentía mientras que el conductor, bajo la ventanilla y después de un momento un hombre de algunos treinta años me hablo con voz áspera:
—¿Tu eres la señorita Michelle?, yo soy chofer de Zack. Súbete.
—Si gracias. Abrí la puerta y me acomode en los cómodos asientos de cuero que tenía la lujosa camioneta, el chofer me ayudo a subir, y estuvo atento de mi pierna mala, del patán de Zack. El hombre llevaba el cabello amarillo y un traje de gala, muy elegante y con carisma. Él era fornido y alto. Tanto que la cabina del piloto quedaba pequeña para su tamaño. —¿Dime niña te trata bien el jefe?
—Pues sí. Titubee un par de veces, y mis ojos vacilaban mientras que clavaba mi mirada por es espejillo del vidrio.
—Te pasa algo verdad. Yo lo mire y casi se me sale todos los secretos que guardaba, pero me contuve. Si mi jefe te trata mal, solo escápatele y llama a este número, es mi número, así te voy a buscar y escapas del lugar, mi jefe ha sido conocido por ser muy brusco con las personas, y si tienes algún problemas solo llámame. Me dio una tarjetilla en la que ponía su nombre el cual era: Alexis. Y su número.
—Gracias, tal vez hoy mismo te llame para que me saques de esa hacienda. De repente, un mensaje llego a mi telefonillo de emergencia. Y era Sebastián, mis ojos se iluminaron como a ninguno, pero note que Alexis también sonrió y miraba atento a mi actitud. Mientras se rascaba la barbilla.
—Ahí nos vemos entonces, bebe. Solté una pequeña ricilla. Mientras que Alexis encendía la camioneta para ir rumbo a la hacienda.
— ¿Tiene algún lugar que tenga que ir antes, de llevarla a la hacienda? Pregunto Alexis esperando la orden para arrancar.
—No eso es después, pero primero vamos a la hacienda, aunque dime ¿porque tu jefe es tan malo?
—No lo sé, solo se algo y es que; él es así desde que tengo memoria, pero hay rumores, de que su actitud fría es porque perdió a sus padres, en la infancia. No me creas mucho solo son rumores de los obreros de la hacienda.
—Gracias, Alexis tú vas a ser un buen amigo.
—No gracias a ti, por confiar en mí. Alexis piso el acelerador y sin más la camioneta se fue a su rumbo. Mientras ponía música en el radio, y para mi suerte, era el hit del verano.
—Que gran canción, voy a cantarla ¿no te incomoda chica?
—Para nada yo te acompaño a cantarla. Con nuestras voces sincronizadas cantamos aquella infame canción del verano. Y con locuras en esa camioneta aplaudiendo y gritando como locos entonamos sus letras que decía.
“Tito el bambino yeah…
Debajo del sol encima de la arena…
Con Jadiel, imparable…
Debajo del sol encima de la arena...
Duro…
En el mes de junio sale el sol… hace calor…
va saliendo el sol…
y hace calor…
y hace calor…
Sol playa y en la arena vamo´ allá.
Y hace calor… Y hace calor…
Quítate el pantalón…
Sol playa y en la arena vamo´ allá
y hace calor… quítate el pantalón... el tsunami
Baila morena… Baila morena...
Debajo del sol, encima de la arena…
Baila morena… Baila morena...
Debajo del sol, encima de la arena… “
Capítulo 13: El paseo
No le encontraba sentido a la canción, pero sin embargo me hacía sentir libre y feliz, me termino encantando, como todo en ese pueblo que al principio me parecía repugnante, ahora me parecía inefable. Mientras que Alexis seguía con su: Baila morena… Baila morena…
La verdad me estaba gustando más estar aquí, por su contra parte problemas no faltaban pero más momentos felices que tristes. Además Sebastián me daba esperanzas. Y ahora tenía un nuevo aliado aunque un poco más intrépido. La camioneta freno de golpe mientras yo me iba para adelante, y llegue a golpearme con el asiento delantero.
—Llegamos chica. Cuídate. Alexis me ayudo a bajar del vehículo, y se montó en la camioneta y sin motivos se fue a toda velocidad, yo guarde su número en mi teléfono de emergencia y la tarjetita en mi bolso. Nervios invadían mi cuerpo como si me estuviera acercando a algo macabro. La hacienda era grande, en su frente un portón muy alto que ponía el apellido de la familia.
Sabía que era una mala idea ir sola a esas instancias, pero ya estaba ahí, y para poder ver a Sebastián tenía que encontrarme con Zack. Trague saliva y avance hasta la pequeña puertecilla, como estaba cerrada toque dos veces, y un hombre de altura vio por una pequeña hendidura.
—¿Quién es? Con la seriedad a la punta de la lengua.
—Soy una conocida de Zack, él me dijo que viniera.
—Ah la invitada pase, pase. El hombre con amabilidad me ayudo a pasar el portón, y después me dejo en la entrada de la casa, pero su jardín era hermoso, más cuando veníamos por el camino, había pájaros de todos los colores, y razas arboles de cerezos. Un estanque donde había patos. Caballos en las lejanías de las cercas, corrales de ganado, perros y e incluso algunos flamencos. Era como una comarca encerrada en una casa, la vista era preciosa. Las flores eran miles, do todos los colores y olores, que perfumaban el caminillo de piedras, hasta la casa de la familia.
Mis ojos estaban dilatados por tanta belleza, no me podía contener por tantos seres vivos que había allí. Pero para que esto fuera mantenido debían hacer un trabajo arduo y exhausto. El empleado de la hacienda. Me dejo en la entrada de la casa, y después se fue, el me indico que esperara a que Zack llegara porque había salido por ahí a negociar unos vacunos.
Adentro de la casa no había nadie, y sin más me senté en la escalerilla de la puerta, pero nada que daban señales de vida, así que decidí mirar a lo lejos a ver en que me podía pasar. Esperaba matar el aburrimiento por el que estaba pasando, esperando que llegara Zack para que fuera rápido lo que me quería decir. Y después me iba a ir con Sebastián a esa caita donde me había mandado la dirección. No esperaba que la gente de la hacienda estuviera tan alejada de la casa, más se escuchaban ruidos de picos y martillos a la distancia. El trabajo duro de la vida del campo es agotador.
Latente el silencio que había en la finca, pero nadie se me acercaba siquiera para preguntar, quien era. La hacienda estaba en total silencio, excepto por la parte del estanque que siempre hacia ruidos, diferentes sonidos que se perdían entre las amplias planicies de patio y jardín de la casa central, divague por los alrededores caminando un par de veces por las amplias flores, que olían a orquídeas, rosas, jazmines, girasoles, y muchas otros olores que desconocían.
Sin defectos era la palabra perfecta para definir a ese jardín de Flores. Pero sin más solo me senté en el suelo, y recosté la cabeza en un banco de musgo. Solo cerré los ojos y…
*
—Gracias hermano, por ayudarme en todo, hasta Mr. Vicente se va a contentar cuando se entere.
—No le digas nada al viejo, o no todavía hay que esperar, aunque debemos de darle la noticias después de que salvemos la hacienda. Oye te tengo que presentar a los muchachos. —señalo a los hombres que venían detrás de él— el primero es Marcos, —señalo a un hombre con sombrero de vaquero jeans ajustados y fornido.— el segundo es Mauricio —se acercó un chico como de mi edad, con una gorra y camisa elegante— y el tercero es Ismael —Señalo al último de la hilera, hombre con barba y piel quemada por el sol— ellos conforman un grupo. Yo soy su líder, nosotros nos dedicamos a ayudar a los que despiden de las plantaciones y en nuestros depósitos le damos comida y alojamiento. Y ¿sabes de donde proviene el mayor número de personas?… pues te lo voy a decir. De la hacienda de Zack. Así que es un problema para mi negocio también, tenemos que detenerlo rápido.
—Tengo un plan, pero no es muy bueno. Dijo Sebastián con la complicidad de reo escapando de prisión. Mirando fijo a los ojos oscuros de su hermano.
—Te escucho hermanito. Cruzo los brazos y abrió sus oídos para lo que el chico le iba a decir…
*
—Señorita despierte. Dos golpecillos en mis mejillas me despertaron del sueño donde me encontraba. En el jardín de flores había dos hombres con trajes muy elegantes, uno con sombrero y otro fornido con lentes. Ninguno tenía barba, estaban perfectamente afeitados y llevaban maletines.
—Gracias, es que me quede dormida por error. Me sonroje un poco, por la vergüenza de decir que me quedaba dormida en cualquier parte, pero aun así, sabía que eran hombres de Zack, así que ya tenía alguien con quien hablar. Menos mal esos hombres habían llegado. —Venga señorita mi jefe la está esperando.
—vaya, que mal, espérenme que ya voy para allá, —trate de tomar las muletas— solo déjame agarrar…
—No hay necesidad —el hombre me cargo en sus hombros— Yo la llevare así es más rápido. Mi compañero se encargara de sus muletas.
Después de que los fortachones me dejaran en el portal de la puerta de Zack, el joven hacendado me invito a pasar para tomar Un Té. En los amplios corredores de su casa, que aunque había llegado aún estaban vacíos. Me senté en la mesilla que tenía más luz solar. Y me senté con parsimonia. El me vio con los ojos casi fuera de sus cuencas, y por eso incline el cuello, ¿tal vez me veía linda? No era otra cosa, que le podía causar al chico. Pero sabía en el fondo de mi corazón, que no era nada simple como siempre lo tenían los hombres.
—Ya sabes que te mande a llamar, por que tus padres, Pretenden casarme contigo. Escupí el Té que la cocinera había traído. Cof cof
—¿Qué demonios me estás diciendo?
—Tampoco pienso hacerlo, no me quiero casar contigo. —Carrasqueo— no es porque no seas linda. —junto las yemas de los dedos un par de veces— Sino es que… No siento eso que se le llama amor.
—Diablos mis padres, siempre ven por el dinero. —Me lleve las manos a la cabeza— no me extrañaría que me vendieran para comprar vino, y follar a gusto todo el día. Pero ya esto es demasiado. —puse mi cabeza entre mis manos— esos… no saben cuánto… —deje escapar algunas lágrimas—
—Tranquila estoy aquí. Zack se levantó de la silla con la velocidad del rayo y me abrazo con sutileza. El calor de su pecho era agradable, y su cuello encima de mi cabeza también se sentía bien, era como esa sensación de seguridad que te daban los padres, cuando eres pequeño y haces algo mal. Puse mi mano en su pecho derecho, era duro estaba en buena forma.