-Aimé por Dios ¿Qué estás haciendo aquí?
-Solo quería disfrutar un poco de la lluvia y hablar con mama.
Suspiré profundo y me puse en cuclillas a su lado, sentía una gran pena por ella y a pesar de que habíamos pasado por lo mismo no tenía ni la más mínima idea de como animarla.
-Vamos adentro, te dará un resfriado.
La tome de las manos y logre levantarla y hacer que entrara, la lleve hasta su cuarto y fui a cambiarme de ropa mientras ella tomaba una ducha decidí volver a la cocina para llevarle otro café, cuando entre estaba recostada en la cama, se había quedado profundamente dormida así que solo le deje el café y me fui. Un rato después pase a ver a Alexander, me sentía aliviado ya que había logrado que al menos comiera algo.
Un par de días el volvió a los negocios ya que estaba teniendo algunos problemas con los socios, como siempre yo había estado a su lado y gracias a que estaba bien relacionado con eso todo salió perfecto, también Alexander había intentado acercarse a Aimé pero lamentablemente en eso no había progresado, ella siempre estaba a la defensiva y nunca quería convivir con nosotros pues incluso yo trate de acercarme, pasaron varios meses y parecía que ya todo estaba volviendo a la normalidad con mi padre, Aimé ya salía de la habitación pero solo lo necesario, de hecho tuvimos un par de discusiones, parecía que estaba intentando sacando un lado que ni ella conocía.
Una tarde me encontraba algo despejado de trabajo y como ya tenia mucho que no leía decidí ir a la biblioteca, cuando entre me encontré a Aimé, muy concentrada leyendo un libro, me acerque sigilosamente para no asustarla, pero no funciono ya que cuando me sintió cerca dio un brinco del susto.
-Perdóname, no era mi intención asustarte.
-Pues lograste todo lo contrario, casi haces que me infarte.
-Lo lamento, es que, te vi tan concentrada que no quería interrumpir.
- ¿Qué has venido a hacer, estas vigilándome?
-No claro que no, es solo que quería un libro, al igual que tu me gusta la lectura.
-Pues yo he venido toda la semana y no te había visto hasta ahora.
-Bueno es que con el trabajo no había podido.
-Ya veo, bueno, siendo así te dejo para que leas tranquilo.
-No, espera, ¿Por qué no te quedas? Podemos leer juntos yo no tengo ningún problema.
-No gracias, prefiero estar sola.
-Aimé no te vayas.
-Mira, agradezco que tu y ese señor que dicen que es mi padre me quiera ayudar, pero, no lo necesito, a ninguno de los dos.
-Nosotros queremos que estes bien.
-No necesito tu lastima.
-No tienes que verlo así.
-Pues así son las cosas y ya déjame tranquila.
-Mira niña ya estoy cansado de tus berrinches, he tratado de ser paciente, pero eres una testaruda.
- ¿Cómo te atreves? Si no te parece mi forma de ser déjame tranquila.
-No lo hago por ti, al principio si, pero sabes ya no ahora solo lo hago por ese hombre que es como un padre para mí.
- ¿Ah sí?, pues si así vas a dejar de molestarme entonces me acercare a el-
-Perfecto.
-Bien.
Sali furioso de la biblioteca, no podía creer que le había dicho todo eso a ella, pero creo que al menos de algo servirá, además en el fondo creo que si creía todo lo que le había dicho. Pero cumplió su palabra y a la mañana siguiente bajo a desayunar con nosotros, se veía hermosa realmente se había puesto un vestido color arena que le quedaba poco mas arriba de las rodillas y nos sonreía como si fuésemos sus personas favoritas.
-Buen día. -Alexander se levanto sorprendido y la recibió con un abrazo.
-Hija, muy buenos días, que sorpresa.
-Bueno, quería desayunar contigo, creo que ya es tiempo.
-Desde luego que si, no sabes cuanto me alegra, ¿tú no vas a decir nada Marco?
-Claro, me da gusto que al fin tu hija se haya dignado a convivir contigo.
-Marco, por favor, si yo lo que quisiera es que ustedes dos se lleven bien.
-Bueno, eso veremos.
El desayuno se me había hecho una eternidad, los siguientes días fueron algo difícil para mí, por un lado me alegraba que Alexander y Aimé ya tuvieran una mejor relación, pero entre ella y yo solo habían problemas no podíamos llevarnos bien, creo que era algo mas que una rivalidad entre hermanos, mi conclusión fue que ambos éramos muy parecidos y por eso siempre chocábamos, mi padre empezó a meterla en el negocio y al parecer ella estaba contenta, así que yo empecé a poner en práctica mis estudios y me abrí un pequeño consultorio, me estaba yendo muy bien, pero extrañaba a mi padre, así que ese diac erre temprano y me fui a casa, ahí lo encontré a pie de la alberca junto a Aimé.
-Hijo, volviste temprano,
-Hola, si hoy decidí cerrar antes.
- ¿Todo bien?
-Si, solo quería estar en casa.
-Que bueno porque veras Aimé quiere ir a montar, pero yo tengo unas cosas que atender ahorita, ¿crees que puedas llevarla?
- ¿Qué cosa, pero por qué yo?
-Por favor hijo.
-Yo no quiero ir con él.
-Pues ya somos dos porque yo tampoco quiero ir con una mocosa pretenciosa como tú.
-Basta, caramba es el colmo que después de tanto tiempo aún no se lleven bien ya compórtense los dos, van a hacer lo que yo digo y van a convivir les guste o no, ¿entendieron?
-Si.
-Si.
-Bueno eso espero así que se van juntos y punto, yo me tengo que ir así que los veo en la noche, se van con cuidado.
Cuando se fue nos quedamos sin decir nada, solamente parados como dos extraños.
-No tienes porque llevarme, puedo esperar a que el me lleve.
-Pues claro que no quiero ir, pero lo hare, así que vamos solo déjame ir a cambiar. Unos minutos después baje y nos fuimos, a pesar de ser la primera vez para Aimé en montar, admito que lo estaba haciendo muy bien.
- ¿Segura que es la primera vez que lo haces?
- ¿Celoso? -No pude evitar reír.
-Claro que no, pero si me sorprendiste.
-Ya veo, sabes, hay algo que si debo agradecerte. Todo este tiempo que empecé a convivir con mi padre lo he disfrutado mucho y todo fue gracias a que tú me insististe, así que gracias.
-Vaya, no me esperaba eso, pero me alegra que haya funcionado.
-Si, creo que sí, pero bueno no creas que por eso seremos amigos.
-No esperaba mas de ti, se que te has vuelto una niña malcriada.
- ¿Disculpa, no será más bien que ahora me envidias?
- Por favor, como crees, pero veo que estaba en lo cierto y no sabes lo mal que me caen las niñas como tu.
-Eres un grosero, ¿Cómo puedes decirme eso?, pero para que sepas tu me caes peor.
- ¿Ah si, entonces por que aceptaste venir?
-Por papa, pero sabes una cosa mejor me regreso.
Al regresar a casa, solo compartimos una mirada y cada quien se fue a su habitación, ese fin de semana Alexander tenia una cena de negocios y nos pidió a Aimé y a mi estar presentes.
-Vaya Alexander tus hijos ya son todos unos adultos.
-Así es mi querido amigo, aunque si los vieras pelear te darías cuenta de que no son nada educados.
-Es una lástima, deberían llevarse bien, uno nunca sabe lo que pueda pasar después.
-Gracias, lo tomare en cuenta. -Conteste educadamente.
Con el paso de los meses me di cuenta que la relación entre ella y yo no había progresaba, al contrario, siempre buscábamos una excusa para pelear, pero me di cuenta de que cada vez que ella se enojaba algo dentro de mí la veía hermosa, cada vez era mas fuerte y eso me estaba preocupando. Alexander nos informó que se iría por un par de días, así que nos quedaríamos solos, trate de estar el mayor tiempo posible en el trabajo para no tener que verla, una noche volví muy tarde, tome una ducha y baje por un te para mi desgracia la encontré ahí.
- ¿Qué haces despierta a esta hora?
-Hum, no te importa, mas bien ¿tú que haces?
-Tampoco te importa mocosa.
-Eres un maleducado.
¿Y tú? Porque tu fuiste quien empezó.
-Creo que mejor me voy a mi habitación, no quiero verte.
-Adelante, lindos sueños mocosa.
Sin más salió de la cocina y yo me quede inmóvil unos segundos, creo que quería verla otra vez, no sabia por que, pero necesitaba verla, así que me dirigí a su habitación, pensé un poco antes de tocar, pero al final me decidí, unos segundos después apareció detrás de la puerta.
- ¿Qué haces aquí tonto?
-Creo que no te insulte lo suficiente
- ¿Qué dices, te volviste loco?
-Tal vez, pero….
En ese momento escuchamos que una de las empleadas se había levantado, Aimé tiro de mi brazo y me hizo entrar en su habitación, cerro la puerta y me susurro que guardara silencio, un par de minutos después dejamos de escucharla, entonces ella me empujo y me hizo retroceder dos pasos.
- ¿Eres idiota? Por poco y nos descubren.
-No le veo lo malo, ambos vivimos aquí.
-Estas completamente loco, no debiste venir.
-Lo se, pero tenía muchos días que no te veía y pensé que no te había hecho enojar.
-Pudiste esperar a mañana.
-No lo creo, tu si me dijiste cosas allá abajo y yo no.
-Pues eso es porque disfruto hacerte enojar.
¿Enserio? Pues estamos igual, no sabes cuanto disfruto hacerte enojar, porque eres una grosera, maleducada niña consentida.
-Si supieras cuanto te odio.
-Y tú eres una salvaje.
Entonces ella volvió a empujarme, pero ahora con mas fuerza, tal que me hizo caer en su cama.
-Y tu un animal, vete de mi habitación.
Me levante y la tome por la cintura y el cabello, ella puso sus manos contra mi pecho para intentar empujarme, sentí que el corazón iba a salir de mi pecho, estaba a solo unos centímetros de ella.
-No creo que me odies como dices. -Entonces sentí como bajo la guardia y me vio directo a los ojos.
- ¿Qué?
-Tal vez tu….
- ¿Tal vez yo que?, dime.
No podía pronunciar palabra alguna, pero cuando me di cuenta una de mis manos estaba sujetando su barbilla y viendo directo a sus labios, me acerque lentamente a ellos y empecé a rodearla con el brazo que sostenía su cintura, entonces ella sin pensarlo corto mi respiración al poner sus labios en los míos y sentí como sus manos empezaron a recorrer mi espalda, correspondí a su beso y la bese como nunca había besado a nadie.