Capítulo 18 Amorak y Dumah

1119 Words
Ethan Había encontrado mi refugio en el acantilado que quedaba detrás de la casa. A pesar de ello, aun Amorak y Dumah seguían bloqueados, una fuerza invisible los mantenía separados de mí para protegernos. Mi madre, en su preocupación llamo a un sabio brujo y conjuraron antiguos domos, había colocado una cúpula entre ellos y yo, tratando de evitar otra colisión interna como la que casi me manda al otro lado. La colisión de mi lobo y mi demonio había dejado secuelas profundas en mi interior. Sentía como si mis entrañas estuvieran hechas trizas, y cada intento de unirlos nuevamente provocaba una guerra dentro de mí, como si hubiera luchado con un ejército de lobos. Ambos aspectos de mi identidad luchaban por el control, y la barrera de mi madre era lo único que impedía que esa batalla me consumiera por completo. Amorak y Dumah no aceptaban ser uno solo. Cada uno quería tener el control absoluto, sin imaginar que su lucha interna podría matarme. Dentro de mi cabeza, siempre hubo batalla entre mi lobo y mi demonio, nunca fueron tan feroces como las que llevaban en este momento una sin tregua, una guerra desgarradora. Amorak, mi lobo, rugía con fuerza salvaje. Su instinto protector y su deseo de libertad chocaban contra las sombras oscuras de Dumah. Amorak quería dominar, llevarme a cazar, a correr bajo la luna llena y proteger a los que amaba con su fuerza indomable. Sus aullidos resonaban en mi mente, llenos de un poder primitivo y un deseo insaciable de controlar mi cuerpo. Podía sentir y escuchar cada embate de estos titanes internos, la guerra dentro de mí era estruendosa y caótica, cada rugido de Amorak parecía sacudir mi alma, mientras que los susurros oscuros de Dumah serpenteaban por mi conciencia como veneno, mi demonio, se manifestaba con una oscuridad sofocante. Susurros venenosos de poder absoluto llenaban mi conciencia. Dumah buscaba sumergirme en mis miedos más profundos, en mis deseos más oscuros, tentando con una fuerza destructiva que era difícil de resistir. Sentía el ardor de sus llamas infernales, su risa malévola retumbando en cada rincón de mi ser. Si me concentraba lo suficiente, lograba entrar en mi subconsciente y podía presenciar la batalla. Era como si un portal se abriera dentro de mi mente, llevándome a un vasto campo de combate donde Amorak y Dumah se enfrentaban sin tregua. El paisaje en mi subconsciente era un terreno desolado y lleno de sombras. A un lado, Amorak, mi lobo, se alzaba majestuoso y salvaje, su pelaje blanco resplandeciendo bajo una luz tenue. Sus ojos brillaban con una intensidad feroz mientras lanzaba rugidos que resonaban en todo el espacio, como truenos en una tormenta lejana. Al otro lado, Dumah, mi demonio, se erguía envuelto en oscuridad y llamas. Sus alas negras se extendían imponentes, creando vórtices de sombras a su alrededor. Sus ojos, brillantes como brasas encendidas, me miraban con una mezcla de desafío y poder. Cada batir de sus alas provocaba un viento helado que hacía eco en mi mente. Amorak atacaba con una agilidad y ferocidad inigualables, sus garras cortando el aire con precisión mortal. Dumah, en respuesta, desplegaba su oscuridad, creando barreras de sombras y lanzando llamaradas que intentaban consumir al lobo Podía sentir el impacto de cada golpe, la fuerza bruta de cada movimiento resonando dentro de mí. Era como si cada fibra de mi ser estuviera siendo puesta a prueba por esta batalla interminable. Los rugidos de Amorak y los susurros de Dumah se mezclaban, creando una cacofonía ensordecedora que llenaba mi subconsciente. A medida que observaba la batalla, me di cuenta de que no podía simplemente ser un espectador. Sabía que debía intervenir, encontrar una manera de reconciliar a estos dos titanes internos antes de que su guerra me destruyera Abrí mis ojos dejando aquellos dos en su lucha sin fin y me concentré en contemplar el horizonte desde el acantilado, pensaba en el olor de mi mate. Ese aroma dulce y reconfortante que, poseía el poder de calmarme, de hacerme sentir en control. Quería volver a sentir aquel aroma que endulzaba mi vida, pero más allá de eso, quería saber quién era ella. Esa conexión inexplicable que teníamos los lobos con nuestra alma gemela, tan profunda y poderosa, me llamaba constantemente, me pedía que fuera a buscarla. Pensaba que ella podría ser la clave para completar la unión de Amorak y Dumah, mi lobo y mi demonio. Sentía que, si pudiera encontrarla, entender su esencia y su vínculo conmigo, podría finalmente reconciliar estas dos partes de mí y lograr el equilibrio que tanto anhelaba. ­“—Verás, como un hibrido tienes dos aspectos distintos dentro de ti. — Había mencionado mi padre, después que desperté del coma inducido. — tu lobo y tu demonio. Normalmente, estos dos aspectos están separados y controlados, cada uno manifestándose en diferentes momentos según las circunstancias. Pero en casos raros, y generalmente bajo un estrés extremo o emociones intensas, estas dos entidades pueden fusionarse. —¿Y qué pasa cuando se fusionan? —Cuando se fusionan, ambos aspectos intentan coexistir en el mismo espacio dentro de ti —explicó mi padre—. Esta unión crea un conflicto interno tremendo, ya que el lobo representa tu naturaleza instintiva, salvaje y protectora, mientras que el demonio encarna tus aspectos oscuros, se alimenta de tus miedos y los usa a su favor. Esta combinación de fuerzas opuestas puede ser abrumadora para tu cuerpo, ya que aún es joven, especialmente si no estás preparado o no tienes la experiencia necesaria para manejarlo. Ahora que sabes lo que puede pasar, es crucial que aprendas a controlar ambos aspectos. Debes encontrar un equilibrio entre tu lobo y tu demonio, para que puedan coexistir sin causar daño. No será fácil, pero con práctica y apoyo, lo lograrás. Tu tatarabuelo también experimentó este conflicto. En su juventud, durante una de sus primeras transformaciones, el estrés y la intensidad de la situación hicieron que su lobo y su demonio se fusionaran. Esto causó una reacción similar, casi destruyéndolo desde adentro. Tu tatarabuelo tuvo que aprender a encontrar un equilibrio entre sus dos naturalezas. Descubrió que la clave era aceptar ambas partes como parte de sí mismo y no intentar suprimir ninguna de ellas. —Así que necesito aprender a equilibrar mi lobo y mi demonio. “ —Príncipe Ethan, ya es hora. —En un momento voy. — Sabía que no tenía permitido salir del área restringida, puesto que era peligroso con todo lo que estaba pasando. Sin embargo, mi padre me permitió alejarme un poco con la condición de que varios guardias me acompañaran para mi seguridad. Me levanté del lugar donde había estado meditando y seguí al guardia.
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