—¿Qué están haciendo aquí? —preguntó un hombre con la voz firme, mirando a Blade y al grupo.
Antes de que Blade pudiera responder, Ambrosía se adelantó con una sonrisa nerviosa. —Solo estábamos explorando. No queríamos causar problemas. — La pequeña Vampiresa estaba a punto de llorar. Su amiga había sido atacada y se encontraba herida.
Me preguntaba si alguno de ellos se había dado cuenta de lo que me había pasado, ver a esa loba lanzarse sobre la chica me había excitado. El olor de aquella loba se había quedado conmigo, solo una loba poseía ese olor, uno que me llenaba de calma y tranquilizaba mi sed de venganza.
No tenía duda de que era aquella niña, pero ¿cómo? Si solo era una niña, una pequeña de 8 a 10 años.
La chica que se sostenía de mi mano era trasladada al hospital, junto a otra que había intentado ayudarla, si no hubiera sido por aquel brujo que la trasporto quien sabe dónde, la chica ahora estaría muerta.
—Tú, si tu ve con los demás. —Hablo el guardia mostrándome el camino. — ¿Cuál es tu nombre?
—Soy Marcus. No queremos causar problemas. Solo estábamos conociendo el sitio.
El hombre frente a mi suspiró y se cruzó los brazos. —Este bosque no es seguro para extraños, especialmente ahora. Deben tener más cuidado. En el campo hay mucho lugar para conocer y explorar.
Ambrosía, observando la situación, dio un paso hacia atrás y me tomo de la camisa. —Nos aseguraremos de no regresar al bosque. No queríamos molestar.
El hombre asintió, su expresión se suavizo un poco. —Está bien, no vuelvan a adentrarse más en el bosque. Hay peligros que no pueden imaginar.
Blade trago grueso por las palabras de aquel guardia, pero agradeció la advertencia del hombre. —Lo prometemos. Gracias por el aviso.
Con una última mirada al grupo, el hombre se volvió y desapareció entre los árboles. Lo observe irse, sintiendo una extraña mezcla de curiosidad.
Por qué no había mencionado nada sobre aquella loba pequeña, ni siquiera lo intento ocultar. La mayoría conocíamos que los lobos logran su transformación a los 18 años y estaba seguro de que esa loba era muy pequeña.
—Eso fue... intenso —murmuró Blade.
—Sí, lo fue —admitió Ambrosía, todavía pensando en el encuentro. —¿Como estará Vespera? Dios viste como la dejo. —Al final la vampiresa soltó sus lágrimas, Blade la rodeo con sus brazos mientras salíamos del bosque.
El grupo regresó a los dormitorios en silencio, cada uno perdido en sus pensamientos. Blade sabía que teníamos que ser más cuidadoso y mantener nuestro enfoque. Así que decidimos mantenernos al margen de lo que había sucedido.
Ambrosía no quería estar sola, pero no podía viajar al hospital por órdenes del Beta. Había dejado claro que los guardias nos vigilaran, dos de ellos se encontraban fuera de los dormitorios como si fuéramos unos picaros.
Mi padre estaría decepcionado si se enterara que en primer día ya había metido la pata. La conexión inexplicable que sentía con aquella loba me confundía, si esa pequeña era mi tua cantante arruinaría mi estadía en este sitio.
No solo arruinaría mis planes para destruir esta manada y las otras, mi padre jamás aceptaría que me emparejara con una licántropo, pero también me daba una razón más para seguir adelante.
Tenía que proteger a mi pareja, sacarla de aquí antes que la guerra empezara, cumplir con mi misión y, de alguna manera, descubrir el paradero del escondite y derribar los muros que protegían a la familia del Rey Alfa.
Al llegar a mi dormitorio, me senté en la cama, mirando fijamente al techo. El desafío que tenía delante era enorme, pero no podía permitirme fallar. La misión no solo determinaría el futuro de mi especie, sino también el mío propio.
—¿Qué es lo que te pasa? Te noto demasiado distraído. — Pregunto Blade entrando a mi habitación.
—Recuerdas a Atina, la niña de la que te hable.
—Por supuesto, esa pequeña ha logrado dejarte embobado. — Se lanzó a la cama, haciendo que todo se sacudiera. Una pequeña risa resonaba en la habitación, llenando el aire con su habitual despreocupación. Pero yo no podía compartir su ligereza, no cuando mi mente estaba tan intranquila.
Cuando una loba podía ser mi tua cantante, y algo me decía que no era cualquier loba.
—No es solo eso, Blade. Es mucho más complicado. Mi conexión con ella es... distinta. Me preocupa lo que pueda significar para nuestros planes.
Blade se incorporó un poco, su expresión cambiando a una más seria. —¿De qué hablas? ¿La has vuelto a ver? Entonces, ¿qué piensas hacer? No podemos permitir que esto interfiera con la misión.
Blade ni siquiera se detuvo para tomar aire al cuestionarme. Suspiré, sintiendo el peso de la situación.
—La vi de nuevo, Blade. Y la conexión es innegable. Si esa pequeña es mi tua cantante, estamos en serios problemas. No solo arruinaría mis planes para destruir esta manada y las otras, sino que mi padre jamás aceptaría que me emparejara con una licántropa.
Blade se quedó en silencio por un momento, procesando lo que había dicho. Luego, su expresión se endureció.
—Tienes razón, Marcus, tu padre jamás la aceptaría. Esto complica las cosas.
Asentí, frustrado por lo que estaba pasando. —Necesitamos un plan. Algo que nos permita seguir adelante sin comprometer a mi pareja.
Blade me miró con una chispa en sus ojos. — Y ¿si la secuestras y la escondes por un tiempo?
Suspiré, llevándome una mano a la frente. — Es una locura Blade, como voy a secuestrarla.
—Tienes razón, Marcus, —dijo Blade, volviéndose más comprensivo—. Solo quiero ayudarte.
—Blade, creo que Atina es la pequeña loba que ataco a Vespera.
Mi amigo soltó una carcajada para luego mirarme con incredulidad. —¡oh! ¿hablas enserio?
Asentí, sintiendo la gravedad de mis propias palabras. —Sí, lo digo en serio. Todo encaja, su loba debió de sentir celos por eso la atacó, ella lo debe de saber por eso no me tuvo miedo cuando la conocí y, sobre todo, la sensación que tuve al verla, su aroma me calma, me excita y me llena de un deseo que nunca había experimentado.
Blade dejó de reír, su expresión se volvió pensativa. —Si es así, tenemos un problema mayor del que pensábamos.
—Lo sé —respondí, mi voz llena de frustración—, pero no veo ninguna solución. Ella es especial, ¿puedes ver que no es una loba cualquiera? ¿Por qué estarían los guardias cuidándonos si no fuera así? Si esa niña es realmente tan especial, debemos averiguar por qué.
Blade se levantó de la cama y comenzó a caminar por la habitación, sus pasos resonando en el suelo de madera.
—Debemos ser inteligentes en esto, amigo mio. No podemos secuestrarla sin desencadenar una guerra. Si realmente es mi tua cantante, estamos jugando con fuego. — Suspiré, llevándome ambas manos a la cara, mientras me ponía de pie. —Es una locura. ¿Cómo voy a secuestrarla sin que todo se desmorone?