Sebastián avanzó un paso hacia ella, pero respetó la distancia suficiente para no agobiarla. — No tienes que creerme ahora, pero déjame probarlo. Investigaré esto, incluso si eso significa enfrentar a mi propia familia. No voy a permitir que te sigan lastimando. Camila asintió lentamente, su cuerpo aún tenso. Quería creerle, pero el peso de la traición y el miedo que Andrés había sembrado no la dejaban confiar completamente. Esa noche, Sebastián se enfrentó a su madre, Lucía Montenegro, cabeza de la familia y una mujer conocida por su ambición desmedida. Sebastián sabía que si alguien en la familia estaba detrás de las amenazas, era ella. — ¿Qué le hiciste a Camila? —espetó Sebastián al entrar en la oficina de su madre sin previo aviso. Lucía lo miró con una mezcla de sorpresa y d

