Su teléfono vibró en la mesa, y al ver el nombre de su terapeuta en la pantalla, sintió un pequeño alivio. Necesitaba hablar con alguien que pudiera ayudarla a procesar todo el dolor y la rabia que llevaba dentro. — Hola, Camila —dijo la voz calmada de su terapeuta al otro lado de la línea—. ¿Cómo estás hoy? — No muy bien —respondió ella, su voz quebrada—. Ha sido un día muy difícil. Siento que estoy perdiendo el control. — Es normal sentirse así después de todo lo que has pasado. ¿Quieres hablar sobre lo que ha sucedido hoy? Camila le contó todo, desde la amenaza de Lucía hasta la visita de Nicolás. Su terapeuta escuchó atentamente, ofreciéndole palabras de consuelo y estrategias para lidiar con sus emociones. — Camila, es importante que te des tiempo para sanar. Has pasado p

