Los días que siguieron al control marcaron un cambio significativo en la dinámica entre ellos. Sebastián, fiel a su palabra, comenzó a involucrarse activamente. Se encargó de investigar sobre el embarazo, enviándole artículos y videos que encontraba útiles, aunque Camila a menudo los ignoraba. También insistió en llevarla a las citas médicas y se aseguró de que tuviera todo lo que necesitaba. Un día, Camila despertó sintiéndose particularmente agotada. Las náuseas habían sido más intensas esa mañana, y apenas pudo comer algo. Cuando Sebastián llegó para visitarla, la encontró envuelta en una manta en el sofá, con una expresión de pura exasperación. — Esto es horrible —dijo, sin siquiera saludarlo —. ¿Cómo se supone que voy a sobrevivir nueve meses de esto? Sebastián dejó una bolsa con

