El viento soplaba fuerte en el pequeño pueblo de San Marcos, una localidad escondida entre montañas que parecían alejarse del tiempo. Camila recordaba cuando había llegado allí dos años atrás, cargando con el peso de un matrimonio fracasado y un corazón roto. Su vida en la ciudad había terminado abruptamente, y lo único que buscaba en ese rincón olvidado del mundo era paz. Algo que no encontró. Fue luego de su primer año cuando conoció a Andrés Torres. Lo encontró en el pequeño café del pueblo, donde trabajaba como barista por las tardes. Andrés tenía una sonrisa fácil y una voz grave que parecía envolvente. Cuando sus miradas se cruzaron, él no tardó en acercarse. — Eres nueva por aquí, ¿verdad? —preguntó mientras apoyaba una taza de café en la mesa frente a ella. Camila levantó la

