Me acurruqué en la cama, extrañando a Ulises a mi lado, pero a la vez disfrutando la noche a solas, porque quería perderme por un momento en los recuerdos con William, algo que evitaba hacer porque recordarlo era doloroso. Por muchos años mantuvimos esa complicidad entre nosotros y siendo mejores amigos, con nuestras familias siendo amigas, era sencillo conseguir muchos momentos a solas, con o sin porno. Mientras más entrabamos en la adolescencia, las hormonas necesitaban menos estímulos, a veces solo con estar en la misma habitación, solos, sabiendo que nadie nos interrumpiría, era más que suficiente. Nuestra complicidad ya no necesitaba palabras ni gestos, aunque muchas veces la entonación en “¿Qué harás hoy?” dejaba muy claro lo que queríamos que pasara. Despedirme de él fue de las c

