No podía dormir y apenas quedaban cinco horas para poder levantarme. Nuestro vuelo salía a las 7 de la mañana, lo que significaba que el taxi llegaría al as cinco de la mañana para llevarnos al aeropuerto, y sin embargo no logro conciliar el sueño. Mientras más pasaban los minutos más me angustiaba no poder dormir, por lo que estaba en un círculo vicioso de insomnio. Pero la verdad era que no lograba dejar de llorar. Rámses me abrazaba mientras dormía, las distintas respiraciones de mi familia es lo único que se escuchaba en la habitación y eso era porque yo intentaba con todas mis fuerzas que no se escuchara mi llanto. Hasta que se abrió la puerta de la habitación y la figura de mi abuela apareció en la puerta. —¿Te desperté o ya estabas despierta?—susurró. —Ya estaba despierta—res

