Capítulo 2

992 Words
  —Su majestad. —Un consejero se tiró al suelo en posición de reverencia, ante el trono del rey.   —¡Retráctate! —El intimidante rey gritó con furia.  —Mi señor, si mis palabras fuesen erradas, no dudaría en retractarme, pero... —El golpe de un guardia no lo dejó terminar.  —¿Osas llevarme la contraria? ¿A mí? —cuestionó el rey, con arrogancia.  —Solo hago mi trabajo. Como consejero real, es mi obligación decirle las cosas tal y como son. Fue un error expulsar a los guerreros del reino de Kan y reemplazarlos por conquistadores de otros mundos e hijos de Saprias. Debe saber que en vez de imponer la justicia y velar por el orden de Kan, ellos son maleantes que zaquean las aldeas más vulnerables, esclavizan a nuestras mujeres y hombres y traen el caos y la ruina a nuestra región. Otro golpe provocó que escupiera sangre.   —Los habitantes de Kan son todos mis esclavos, no tienen pertenencias porque esta región es mía y de mis hombres. Eres una insolente cucaracha al atreverte a cuestionar mi reinado y a mis guerreros. ¡Córtenle la cabeza y maten a su familia! —ordenó a gran voz.   —¡Su majestad! ¡Tenga piedad! Mi familia nada tiene que ver con mis principios... —Otro golpe lo dejó sin aliento.   —Eso debiste pensarlo antes de traicionarme.  —¡No lo he traicionado, señor! ¡Piedad! Por favor...  El rey reía a carcajadas mientras aquel hombre era llevado para ser decapitado.   ***   En la oscuridad de la noche, una figura se movía con rapidez entre los árboles de aquel bosque. La brisa fresca, el sonido de los animales nocturnos y la luz de una luna azul, era el escenario donde un joven practicaba sus técnicas de combate.   —¡Príncipe! —Un hombre de edad mediana y gran estatura corrió en dirección al joven.   —¿Qué sucede Afkar? —El joven se puso frente a él de un salto.  —¡Un estruendo en Kan!  —¿Me llamas para decirme eso? ¿Acaso no se han hecho comunes los estruendos allí? ¿Y cómo sabes?  —Se escuchó aquí, señor. El príncipe lo miró asombrado.  —¿Tan grande fue?  —Príncipe, no fue cualquier estruendo. Solo los especiales pudimos escucharlo. —El mutismo se adueñó de ambos por unos segundos.  —¿Crees...?  —Puede ser.  —Pero ¿cómo?  —Algo o alguien debió ocasionarlo. Tal vez ya fue encontrado.  —Entonces debemos ir a Kan. Si el Rey Micar llega a descubrir su existencia estaremos en problemas.  —Si alguien más lo encontró sería caótico también. De todas formas, no importa si el rey de Kan se entera, ya que sin las joyas no podrá hacer mucho; sin embargo, corremos el riesgo de que, quien lo encontró, tenga las piezas faltantes.  —Eso no lo permitiré. El Zafiro pertenece a mi familia, así como el poder sobre todo Fra.  —Señor, lucharé junto a usted para que logre someter a los demás reinos y que solo su familia tenga el dominio sobre este mundo.  —Estoy seguro de que así será, eres mi hombre más fiel y en ti tengo puesta mi confianza. Debemos apresurarnos, las Saprias e híbridos no tardarán en enterarse del estruendo... —El príncipe dejó de hablar por un rato.  —Ellos no están enterados, señor. Muy pocos conocen de la existencia de la piedra. De todas formas, debemos ir, pero tenemos que ser cuidadosos, estaremos en desventaja en el territorio del rey Micar.  —Lo sé. Por eso nuestro viaje debe ser secreto. Ambos saltaron por encima de los árboles y se alejaron con rapidez.   ***   Destello En una dimensión donde solo los maestros guías podían acceder por encima de las nubes de Destello, en un castillo blanco y de mármol, se reunieron varios maestros guías de diferentes mundos.  —¿Escucharon el estruendo? —Un viejito pequeño, con largas barbas y cabello blanco flotó por encima de ellos captando su atención.  —Maestro Chan, según las coordenadas, el estruendo sucedió en Fra.  —¿Sabes cuál pueda ser la causa? —El señor bostezó.  —Creo que está relacionado con el zafiro rojo. Murmullos llenaron el salón.  —Se supone que el último guardián lo ocultó para restablecer la paz en Fra, siglos atrás. —El viejito volvió a bostezar.  —Algo o alguien causó su liberación, sí es así, debemos estar alerta. El zafiro rojo es más poderoso que el azul y quién lo tenga en su poder tendrá la fuerza para controlar no solo Fra, también otros mundos —respondió el mestizo.  —Entonces irán Jing y tú por tiempo indefinido a Fra.  —¿Solo Jing? —Odiel preguntó frunciendo el ceño.  —No podemos dejar a Destello sin guardianes por tanto tiempo. —El maestro Chan le explicó.   —Pero John y sus hermanos pueden encargarse de eso, de todas formas, él será el próximo guardián. No me gusta que esos dos estén separados, sabe que las joyas funcionan mejor juntas y que Leela se pone ansiosa cuando se aleja de Jing.  —Pues tendrán que lidiar con esa situación hasta que sepamos que está sucediendo en Fra. Si las cosas se ponen difíciles, envío a Leela para que esté con su esposo, mientras tanto, solo irán Jing y tú.  —Como ordene, maestro. —Odiel asintió sin refutar más, sin embargo, separar a los guardianes de Destello por tanto tiempo, lo llenaba de preocupación.   ***   El mundo de las Saprias  —Irene, ¿escuchaste el estruendo? —Una mujer morena, de cabello en forma de afro y ojos amarillos se acercó a ella.  —Sí... —La pelirroja arrastró el monosílabo—. Anuel ha hecho bien su trabajo, pronto voy a recuperar lo que me pertenece —dicho esto, secó una lágrima que se había escapado de sus ojos. 
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD