Jing sonrió con malicia y se acercó a ella seductor. —Disculpa que haya irrumpido en tu habitación, es que quise esperarte aquí. Necesitaba privacidad para hablar contigo. Magda sintió un estremecimiento en todo el cuerpo como reacción a sus palabras. Una gran sonrisa se le dibujó en los labios y ella acortó la poca distancia que quedaba entre ellos y le acarició la mejilla. —Soy toda tuya..., es decir, soy toda oídos... —dijo con flirteo. —Si sigues sonriendo así haremos de todo menos hablar —sugirió él con su sonrisa de galán. Ella dejó salir un chillido coqueto. —Deja de decir esas cosas, muchacho. Ustedes los más jóvenes prefieren a las chiquillas de su edad. —Nah... Tú eres una mujer de experiencia y muy hermosa, ninguna chiquilla podría compararse contigo. —Deja de decir esas

