En la región Kuf varios espías se infiltraron, tanto del rey Micar, como de Anuel. Por otro lado, el rey Damian estaba nervioso por el peligro que representaba los planes de su hijo; una rebelión de parte de los especiales sería caótico, tanto para ellos como para los comunes. Leyó la carta varias veces y se debatía en si cooperar con su hijo o no. Entendía que había sido un cobarde toda su vida, pero después de presenciar la muerte de sus padres por parte de Saprias, lo único que deseaba era proteger a su hijo y a su gente, y la única manera de hacerlo era mantenerlos al margen. No obstante, sabía que hacerse de la vista gorda y estar ocultos no era la mejor manera de vivir y que llegaría el día en que debían salir a la luz. —Keniel, espero que puedas hacer lo que yo no me atreví —dijo

