—Señor, ¿por qué mintió acerca de la chica esa? —reclamó Afkar cuando Ken entró a su habitación. —¿Me esperaste solo para eso? —Ken rodó los ojos. —Es que no lo entiendo. ¿Por qué la protege? Ella puede ser la hija de nuestro enemigo, del responsable de las desgracias en su familia, el ladrón del zafiro rojo. Ken suspiró del hastío y se tiró en la cama de golpe. —A mí no me importa de quién sea hija Amín, ella es inocente. —¡No lo puedo creer! —Afkar negó con desaprobación—. Se ha enamorado de la chica. Al final, resultó ser igual a su madre. —¿Perdón? —Ken se incorporó y lo miró ofendido. —Prefiere traicionar a su gente por una mujer. Usted antes era fuerte y no se dejaba dominar por los sentimientos, ahora se ha ablandado y actúa de esta manera tan irracional. —No estoy enamorado

