Amín salió al patio después de limpiar la choza unas tres veces. Estaba aburrida. No entendía por qué sus maestros se tardaban tanto en el dichoso viaje y le aterraba la idea de que estos no regresaran. Ellos eran lo único que tenía. Se sentó sobre una roca y observó una pequeña plantita; el olor que emanaba de esta le era atractivo y estaba sorprendida de poder olfatearlo a tal distancia. —Debería practicar —dijo para sí. Se adentró al bosque y llegó al claro donde solía encontrarse con Ken—. Solo debo concentrarme y dejar salir mi enojo. Amín cerró los ojos y trató de sumirse en sus pensamientos, pero el pensar que tenía que dejar de hacerlo le era un obstáculo, por lo que la frustración la hizo chillar de la rabia. —¡Solo es concentrarme! ¿Es eso tan difícil, Amín? ¿Acaso eres tan i

