Llego a un cuarto para las diez. El lugar está lleno de personas. Noto que un par de policías llevan a un hombre de color, esposado. El hombre tiene la mirada inyectada de sangre y no logro disimular el miedo que me causa cuando intercambia miradas conmigo. La aparto enseguida, temerosa. Una mujerzuela pasa por mi lado, llevada por un policía corpulento, que tiene en su uniforme inscripto su apellido: Jones. Parece que se ha vestido con trozos de tela que apenas logran cubrirla. Su cabello está alborotado y tiene una sonrisa de suficiencia en el rostro, como si ha sido una aventura pasar la noche en la cárcel. —Llámame cuando quieras, guapo. —le guiña un ojo al oficial una vez este la ha soltado. —Ya vete y deja de meterte en problemas, Candace. El hombre se aleja furioso, cambia l

