Pov Fernando Jamás en mi vida había sentido una calentura como la que estoy sintiendo en este momento, ni siquiera con Astrid llegué a sentir que mi cuerpo hervía de pie a cabeza, cómo si estuviera prendido en fuego, cómo si me estuviera quemando en llamas del infierno. Y es que Samantha Mercier había despertado en mí el deseo más profundo, y no digo que no he deseado a mis mujeres, o incluso a esas causales que cogía en una noche de copas o un cena de negocios, sería hipócrita de mi parte si dijera eso, pero ella, Samantha, hay algo en ella que me transporta a un mundo extremo, dónde quiero verla de todas las facetas sexuales que existen, romperla en millones de pedazos, y demostrarle que los hombres con los que ha estado no son nada placentero con lo que yo puedo darle, con lo que yo pu

