A los veinticinco minutos llega otra mesera con los platos de comida; redondo de ternera, mojado con uvas, y como había dicho Fernando con una botella de vino blanco. Me quedo mirando a la chica, extrañada, por qué si ella había venido en lugar de la anterior mesera solo significaba una cosa. —¿Y la otra mesera? —le pregunto a la muchacha que enseguida dejó todo en la mesa con rapidez. —Está atendiendo otra mesa —explica antes de irse. Miro a Fernando que está sirviendo el vino con tranquilidad, no hay un abismo de nerviosismo en su rostro, y contrario a eso pareciera que hoy más que nunca la serenidad reina en su cuerpo. La chica de servicio se va y yo comienzo a comer en silencio, pero los trozos mojados de carne no me pasan, la incomodidad del momento me ha quitado el apetito, por

