Mi marido es un stripper.

2136 Words
¡Vamos!, ¡Vamos!, tú puedes hacerlo, ¡Vamos!, ¡Vamos! Me animaba una y otra vez sin estar completamente convencida. ¡Vamos!, ¡Vamos! ¡Tú puedes!, no puedes acobardarte ahora. Tenía más de quince minutos intentando convencerme de que esto no era una locura. Que entrara en ese lugar estaba bien y nada pasaría. A fin de cuentas ver no era pecar ¿O sí? No sé en qué demonios pensaba cuando le dije a la vecina Betty que yo la acompañaba, todo por andar de bocona. Lo peor de todo es que ella se lo tomo muy en serio y no me dejara en paz hasta que lo cumpla y heme aquí, tuve que venir y nos encontramos en la entrada del Bar Mrs +30 esperando nuestro turno para poder admirar la belleza masculina de esos chicos mientras bebemos chupitos y cubatas como cosacos. Listo tengo que hacerlo, si no quiero que doña Betty le diga de mis sospechas a mi marido. Es que desde hace un tiempo se comporta extraño, si bien su trabajo es nocturno llega demasiado tarde y eso no me está gustando y mientras no tenga pruebas no puedo hacerle frente con eso. En menos de cinco minutos llegamos al inicio de la fila, pagamos el cover requerido y nos adentramos al lugar. Lo primero que notaron mis ojos fue el largo pasillo iluminado por pequeñas luces estratégicamente colocadas en el suelo, que se encendían a cada paso que dábamos, hasta llegar a otra puerta y como no, resguardada por otro gorila tatuado. Se veía intimidante —Buenas noches señoritas. ¿Pedo ver sus manos por favor? —Pidió con su potente voz. Ambas le mostramos nuestro dorso, donde el portero nos había dejado marcado el sello distintivo del Bar. Una vez verificado nuestro pase abrió la puerta de acceso. Las luces me cegaron nada más entrar, que tuve que cerrar los ojos para mitigar el impacto. Apreté fuertemente el brazo de doña Betty y me deje arrastrar por ella, cuando sentí que la luz era lo suficientemente suave para mis ojos los abrí lentamente. Nos abrimos paso entre las presentes hasta dar con una mesa libre, para nuestra fortuna encontramos una bastante cerca de la pista de baile, al parecer no nos perderíamos de nada.  Una vez en nuestros lugares un camarero se acercó a nosotros tomando nuestros pedidos. En tanto esperábamos nuestras bebidas nos concentramos en observar el espectáculo que se estaba llevando a cabo en ese instante. En la pista se encontraba un hombre moreno, alto, rondando los 40 años según mis cálculos y a pesar de eso estaba bien conservado. Movía sus caderas al ritmo de la música, haciendo que su “paquete” se moviera de un lado a otro. A su alrededor un montón de mujeres le lanzaban billetes de diversas denominaciones, mientras le gritaban con descaro todo lo que le harían si lo tuvieran en sus camas. Un tanto obsceno a decir verdad. La canción termino para fortuna de sus admiradoras, y entraron dos chicos, de staff supongo y ayudaron al señor bailarín a recoger sus ganancias, en lo que el salía del escenario. Así transcurrió la noche, pasaron uno tras otro hasta que salió ÉL. Él que llamo mi atención, delgado, metro setenta aproximadamente, piel bronceada y unos impresionantes orbes negros iluminaban su rostro. Haciendo se llamar “Dr. X” se adueñó de la pista de baile. Empezó con movimientos lentos y sensuales. Su misteriosa mascara roja lo hacía ver aún más interesante. Tal vez fue eso lo que hizo que mis hormonas entraran en revolución, despertándolas de una. De repente bajo del escenario y se comenzó amover entre las mesas, recolectando todo lo que encontraba a su paso.  En ciertos momentos se detenía frente a alguna mujer y le dedicaba uno de sus pasos de baile, mientras estas se volvían locas e intentaban tocarlo. A lo que él, se alejaba y con un sexy movimiento de su dedo acompañado de sus caderas le decía que no. Que era una chica mala y eso estaba prohibido.  Conforme se movía al ritmo de la música llego hasta nuestra mesa. Fue ahí que mis nervios se pusieron a flor de piel, se detuvo de espaldas a nosotros y comenzó a moverse un poco más rápido, subiendo y bajando las caderas, como si estuviera envistiendo. Giro lentamente y quedando cara a cara conmigo, conectando con sus ojos que empezaron a abrirse desmesuradamente. ¡Cabrón hijo de puta era mi marido! Me quede viéndolo fijamente, quería gritarle de todo, pero las palabras estaban atoradas en mi garganta, él se había quedado estático, sí. Como no hacerlo, lo acababa de descubrir y no había forma de negarlo si estaba frente a mí, aun con ese tanga diminuto y su máscara. Pero el muy perro no podía ocultarse de su mujer tras solo un pedazo de tela, menos teniéndolo a tan corta distancia. Antes de que dijera una palabra salí de ahí, siendo seguida por doña Betty. —Espera, deja que te explique— Salió tras nosotros, pero estaba lo suficientemente molesta como para ignorarlo. — Tere, que no hago nada malo, solo bailo. ¿Escúchame por favor?—Rogo, con esa voz que sabía siempre me desarmaba. —Estoy muy decepcionada y molesta en este momento, no tengo cabeza para oírte. Dr. X— Dije con un poco de repulsión al utilizar su apodo. —Te digo que es solo un baile Teresa, no puedes permitir que esto nos arruine—Replico. —Eso debiste pensarlo antes de mentirme, idiota de mí, creyendo que trabajabas en una fábrica. Y ve con que me encuentro. Mi marido es un Stripper—   Estaba a punto de hablar de nuevo cuando alguien más salió del lugar llamándolo, diciéndole que tenía que volver. Pues ya tocaba el acto grupal. —Te necesitan—. Exprese. —Hablamos en casa—. Tenía razón, por lo menos debía de darle la oportunidad de explicarme las cosas y ver cuál era su excusa. Sin esperar respuesta tome la mano de doña Betty y salimos de ahí como alma que lleva el diablo. Dos hora después llego el, con su maleta de trabajo. Ahora dudaba que llevara equipo de protección, me había tratado como a una tonta durante los últimos meses y como no yo le creí. —Tere por favor, es solo un trabajo. No hago nada malo, solo las dejo ver— en verdad había notado eso, pero el problema no era el trabajo. Lo que en realidad me enojaba era que me había mentido. —Fui a la fábrica, pero lo que me ofrecían no sería suficiente para mantenernos a todos. Un amigo me hablo de este lugar, solo es baile. Nada turbio o pervertido. Solo les damos un poco de diversión visual, no más. Al menos de mi parte—.   —Rubén, no me molesta a que te dediques, me enerva que me mientas. Se supone que una relación se basa en la confianza y el respeto y al parecer tú no me lo tienes— Tenía un nudo en la garganta del coraje y unas tremendas ganas de llorar. —Perdón Tere, me equivoque. Sé que debí habértelo dicho, pero tenía miedo de que te molestaras— conforme hablaba se iba acercando lentamente hasta donde estaba de pie. Despacio, como si de un animal herido se tratase. Cuando llego hasta mí, paso uno de sus brazos por mi cintura, mientras el otro iba a mi cara para sostener firmemente mi rostro y empezar a besarme desesperadamente. Intente resistirme los primero 10 segundos, pero me fue imposible al sentir su lengua intentando entra en mi boca. Abrí dándole acceso a su lengua para encontrarse con la mía de forma desenfrenada. Nuestras respiraciones empezaron a hacerse más superficiales, aun así no nos detuvimos. Sus manos fueron a mi trasero apretándolo, mientras las mías fueron a los botones de su camisa, dando un fuerte tirón a esta arranque todos lo botones. Mañana la tendría que coser o la tiraría a la basura, que más daba. Sus besos dejaron mi boca buscando el escote de mi blusa, dejando leves mordisco y lametones en el camino.  Con su ayuda me saque la falda y la blusa quedando solo en ropa interior. Sin dejar de besar ni un segmento de mi piel. Le saque el pantalón y con una patada lo arrojo al costado. Me sorprendió el hecho de que no llevara ropa interior, pues al instante su erección salió a la luz sin nada que la retuviera. Levante la cabeza y enarque una ceja en su dirección, pidiendo en silencio una explicación. —Estaba tan desesperado por llegar, que no me dio tiempo de buscar un bóxer— Respondió a mi pregunta no planteada. Dejando de lado los reclamos seguimos desnudándonos mutuamente hasta quedar piel contra piel, disfrutando del calor que el otro nos brindaba.  Por suerte los niños estaban con mamá. Sus manos fueron de nuevo a mi culo, alzándome un poco, instándome a enredar mis piernas en torno a su cintura. Y cargando nos guio hasta nuestra habitación. Me dejo suavemente en la cama mientras empezaba a repartir besos y caricias por todo mi cuerpo, me sentía en una vorágine de placer. Era como un nirvana.  Gemidos escapaban a diestra y siniestra de mi garganta sin temor a ser escuchado por todo el vecindario. Sus caricias llegaron hasta mi sexo, lamiendo desde el clítoris hasta el inicio de mi trasero, para volver a subir y entretenerse expresamente con mi él. Lo rodeo con su lengua mientras una de sus manos se encargaba de sobar mis senos, la otra fue a bordear mi entrada vaginal, calculando la humedad. Dejo un momento mi clítoris para lamer dos de sus dedos empapándolos con su saliva, apenas y termino la acción volvió al ataque. Más habido de lo que había estado.  Mis caderas empezaron a moverse por inercia, cuando sentí sus dos dedos abrirse paso en mi interior, sin dejar de lamer. Sus dedos emprendieron un vaivén, entrando y saliendo repetidas veces. Acercándome cada vez más al clímax.  Mis gemidos y gritos, eran cada vez más fuertes, y no hacía nada para detenerlos. No me importaba. Llevando mis manos hasta su cabello lo apreté más hacía a mí. Mientras un fuerte chorro de fluidos emergía de mi interior, dando a conocer el ya tan esperado orgasmo. Aún seguía en la cúspide de mi corrida, cuando sentí su pene abriéndose paso de nuevo en mi interior, mis paredes estaban tan sensibles que solo bastaron dos envestidas para que un nuevo orgasmo me alcanzara. Mientras Raúl empezaba a moverse lentamente, realizando algunos de los movimientos que hacia hace una hora en la pista de baile. Su nombre salía en pequeños susurros y suspiros de mi boca, acompañados de sus bufidos y múltiples expresiones de disculpa de su parte.  Me importaba un cuerno si era stripper o fontanero, siempre y cuando no dejara de moverse. Cosa que no dejaba de expresarle entre susurros. Sin previo aviso salió de mi interior y tomándome de los brazos de una forma que jamás había utilizado conmigo me hizo ponerme de rodillas en la cama, dándole la espalda e inclinándome un poco hacía adelante, mientras me sostenía de las caderas volvió a incrustarse en mi interior. Llevo sus manos a mis pechos y los apretó, sin dejar de envestir, en tanto besaba mi cuello. Deje caer mi cabeza a un lado para darle un mejor acceso mientras lo escuchaba susurrar. —Te gusta, eh, te gusta así—. Esta faceta suya me tenía gratamente sorprendida, nunca había sacado un lado dominante conmigo y debía admitir que me excitaba sobremanera. Mis gemidos lo demostraban y alentado por ellos no dejo de repetir palabras sucias en mi oído, acelerando sus envites. Su energía parecía no agotarse, entre más duraba más rápido iba, no sé cuánto tiempo pasamos en esa posición hasta que agotadas me deje ir hacia adelante, quedando en cuarto. Sentí como su brío cambio rápidamente aumentando la profundidad de nuestra unión, llevándome cada vez más cerca de terminar al igual que a mi acompañante. Me percate como su pene se endureció y empezó a temblar un poco preparándose para la liberación.  Unos segundos después sentí su simiente incrustarse en mi interior, tan tibio como siempre. Con unas envestidas más me ayudo a alcanzar mi tercer orgasmo de la noche, dejándome más que agotada. Ambos nos quedamos tumbados en la cama, el sobre mi aun sin salir de mi interior. — ¿Me perdonas Teresa?—. Pregunto. —Siempre y cuando sigas moviéndote así— susurre a punto de quedarme en brazos de Morfeo, escuchando como una ligera risa salía de él. En realidad no había nada que perdonar.         
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD