**RICCARDO** Estaba meditando en las palabras de aquella anciana, que, al parecer, me conocía más de lo que yo podía imaginar. No tuve tiempo de indagar en el pasado de sus palabras, pero su mensaje me dejó inquieto. Me pidió que protegiera a su nieta, aunque no entendí de quién exactamente debía protegerla. No mencionó ningún nombre ni dio detalles, solo me hizo hincapié en que mi parecido con mi abuelo era impresionante. Un escalofrío recorrió mi espalda al pensar que quizás ella había conocido a mi abuelo en su juventud, pero lo cierto es que esa era una pregunta que probablemente nunca podría responder. El día había estado lleno de tensiones y preocupaciones. En mi despacho, repasaba los planes de expansión y cómo fortalecer nuestra posición en el mercado. Las decisiones que tomaba n

