Aprieto el gatillo doy justo en el blanco, veo por la mira como se desploma en el suelo la sangre se me hiela cuando sus ojos miran justo en mi dirección su blanca piel se tiñe de rojo por la sangre. El caos se desata en el salón, gritos, gente llorando corriendo de aquí para allá. Los padres llaman a la ambulancia, las sirenas de la policía se escuchan cerca. Tapo mi boca con mi mano temblorosa no quiero que Federico me escuche llorar, lo hago en silencio siento mi pecho apretado, un nudo en mi estomago que me impide respirar. Fabricio me habla desde lejos trayéndome de nuevo a la tierra, desarmo el arma la guardo donde las traía, seco las lagrimas bajo del lugar, me toma de la mano salimos a toda prisa. Camino al hotel, miro por la ventana del auto que alquilamos suena mi celular respiro

