CAP 2: LA LLEGADA DE DAVAT

1539 Words
El día de la llegada del Ballet Davat ha llegado. Las semanas se pasaron a vuelo de pájaro y debía tener todo listo para su arribo: primero el hotel, que era de los más lujosos ya que había sido una de sus exigencias. Segundo, la disposición de las habitaciones ya que no podían tener más de tres personas por acomodación en camas dobles lo que llevaba a preparar más en el hospedaje, a excepción del director y la primera bailarina quienes tendrían habitaciones individuales. Tercero, por el tipo de dieta que debían seguir los bailarines, debía revisar el menú de manera minuciosa como para tener a toda esa área del hotel en correndillas interminables, replanteando la elaboración de comidas, a pesar de ser tipo buffet. Así me gané el odio del chef en jefe que no hacía más que prenderme el dolor de cabeza cada vez que nos cruzabamos, el odio era mutuo y él lo sabía. Eran jóvenes así que imaginamos que querrían hacer mucho turismo, más estando en una ciudad como esta que le ofrecía todo tipo de opciones, para ello también hubo exigencias: horarios, tipo de recorridos, nada de licor (a pesar de ser todos mayores de edad) y por ende absolutamente nada que pudiese repercutir en su estado físico. No sé quién es el director pero vaya que es problemático. Teniendo todo listo y llegada la hora de que el avión aterrizaría, Xenia y yo nos encontrábamos frente a la salida del puente Internacional con un cartel que les indicaría quienes lo recibían, sin embargo, habían pasado más de 30 minutos que el tablero había anunciado el aterrizaje del vuelo y no se veía movimiento de salida de este grupo de personas, que no eran ni dos ni tres, por lo que sería imposible no dar con ellos. –¿Estás segura de la hora de llegada?– le pregunto a Xenia quien en el acto revisa en su teléfono buscando la información entregada. –No Mila, no hay error en la hora– me dice y los nervios me empiezan a dominar. –Mira, es la información oficial, no hay dudas de que ya deberían estar aquí. A la distancia veo a un guarda de seguridad, decido acercarme a él y preguntar un poco más por si ha habido algún inconveniente, como cosa rara a veces el equipaje puede ser un problema. –Buenos días señor… ¿Usted sabe si existe algún inconveniente con un grupo de personas que debieron haber llegado hace más de media hora? –¿Un grupo de personas?– me responde el guarda extrañado. –Si. Estamos esperando a un grupo de ballet, son como 30 jóvenes. –La verdad, no creo que haya tanta gente en sala pero si me permite puedo preguntar por la radio. Agradezco y dejo que se comunique con su compañero de dentro de la sala. El guarda le contesta que en la cinta transportadora no hay maletas y que la sala está prácticamente vacía. No puedo describir el vacío que siento en el estómago cuando escucho esas palabras. Doy vueltas como una persona perdida hasta que una mano firme, que desprende un calor extraño toma mi brazo y me voltea hacia él con tanta fuerza que me toma desprevenida y así termino enterrando mi cara en su pecho. Un aroma de notas de lavanda y limón combinadas con el olor a madera y vainilla, perfume que reconozco por ser tan único como costoso... guccci pour homme... ese característico aroma mezclado con un aliento mentolado me golpea invadiendo mis sentidos. Levanto mi mirada para encarar al atrevido desconocido que osa poner una mano encima mío y me encuentro con una mirada entre verde y café amielado, unos ojos heterocromaticos tan hipnóticos como seductores que se abren expresivamente mirando fijo a los míos pero sin pronunciar palabra y que extrañamente evitan que musite sílaba alguna y no pueda ordenar mis pensamientos cosa que nunca sucede, si por algo conocen a Mila Robinson es que nunca me quedo callada. Y es que hay un detalle en mi historia que creí haber enterrado. Solo una vez una persona logrado que mi corazón palpite de igual forma como lo hacía cuando bailaba: un muchacho altanero que llegó a mi escuela de danzas obligado por sus padres pero que tenía un talento tan natural que en poco tiempo llamó la atención de los maestros. Era tan bueno que ganó una beca en el extranjero para continuar con sus estudios tanto formales como artísticos. Recuerdo que llegaba más temprano que todos para interceptarme en los pasillos antes de las clases y se quedaba mucho después de ellas para escuchar todas mis historias sobre qué obra me gustaba más o qué quería ser cuando fuera mayor. Mi respuesta siempre fue que sería bailarina profesional hasta el último día de mis días, eso no lo pude cumplir y aunque ha pasado ya tanto tiempo recuerdo bien sus ojos: Es difícil olvidar a alguien con una mirada tan peculiar, porque no eran de un solo color ya que tenía esa condición "mutante" de la heterocromía. Puedo escuchar mi corazón latir en mis oídos y mi respiración se entrecorta en estos pocos segundos en que nuestras miradas se conectan. Antes de irse, mirábamos juntos el atardecer y me prometía que regresaría y haríamos danza juntos, mientras me besaba y probaba por primera vez lo que era amar a una persona. Cuando nos separamos él no me buscó, ni me escribió, solo me olvidó, así que con él también experimenté que significaba que te rompieran el corazón... la segunda vez me lo rompí yo misma al abandonar lo que más amé, después de él. Y ¡oh sorpresa! Era ese joven de actitud altiva que hace 20 años me provocaba sonreír y que también rompió mi corazón hecho un hombre, uno que a pesar de los años sigue siendo muy atractivo. Mil años después desde la última vez que lo vi estaba frente mío, con el mismo aroma de hace 20 años, uno inconfundible. Sin embargo su expresión me hacía pensar, o por lo menos eso quería yo creer, que él no sabía quién era yo. Genial, no me recordaba. Mi cerebro parece desconectarse de mi voz en esos instantes hasta que un grito de mi jefa, quien al parecer llevaba varios segundos llamándome me despierta del ensimismamiento que tengo, me separo bruscamente de la persona que tomó mi brazo no sin mostrarle mi peor gesto y me dirijo dónde ella quién viene corriendo hacia a mi con una enorme sonrisa. –Mila, ¿Qué haces? –Me dice con los dientes apretados y manteniendo su sonrisa forzada. –¿A qué te refieres? –Le respondo – En estos momentos no estoy para adivinanzas – le digo tajante y era verdad, no estoy segura si a quién vi era producto de mi imaginación y realmente no quería comprobarlo. –¡Es él!– dice entre dientes sacando los ojos de sus órbita. –¿El quién Xenia?– mi tono sale más frio de lo que realmente quería –El director. Me hace señas con sus ojos de que me voltee y saludé a nada más y nada menos que el gran Alonso Solokov, el director más joven que ha tenido la compañía en los últimos 50 años y quién hace su debut como coreógrafo por esta gira. ¡Mierda y más mierda! Quizá había cambiado mucho esa figura de pie frente a mí pero me era inconfundible, alto, cabello n***o, hacia a un lado, delgado pero con los músculos bien marcados por su profesión, exudando una elegancia natural sin dejar de ser masculino, su boca delgada y bien perfilada, una piel blanca pero bronceada y que cualquier mujer envidiaría. –¿Можно узнать, можем ли мы уйти сейчас или мы наняли самое некомпетентное агентство в штате? (¿Se puede saber si podemos irnos ya o es que contratamos a la agencia más incompetente del estado?) Su aire de superioridad me regresa a mi estado de enojo, en especial cuando le escucho tratarnos de incompetentes. –Ждем вас на таможне более получаса. (tenemos más de media hora esperando por ustedes en la salida de aduanas.) – Remata cruzando sus brazos sobre su pecho que marca sus músculos. ¡Claro! ¡La aduana! Me metí una cachetada mental al no recordar que posiblemente estaban del otro lado del aeropuerto haciendo los respectivos papeleos de todo lo que debían ingresar. No pude evitar sentirme estúpida al no recordar ese detalle. –Мои искренние извинения, сэр Solokov, не повторится. (Mis más sinceras disculpas señor Solokov, no se volverá a repetir) Fuerzo una sonrisa para no tomar a ese hombre por el cuello quién me mira con desaprobación absoluta con sus ojos que se han tornado más oscuros, eso sí, sin bajar mi mirada y demostrarle que puede tratarme como le dé la gana, aunque me haya equivocado… Miles de sensaciones se encuentran atrapadas entre pecho y espalda, siento vergüenza por haber fallado en mi trabajo, una extraña emoción por tenerlo en frente y enojo, mucho enojo por la forma en que nos ha tratado, pero la mayor ira la sentía porque él ya no me recordaba.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD